Goteras en las salas de terapia, baños rotos y la falta de aparatos reflejan el desinterés por este centro médico público.
Goteras en los techos de las habitaciones y una sala de Fisioterapia aún repleta de escombros tras el incendio que sufrió hace casi dos años y que se llevó los historiales clínicos de los pacientes con HIV. Las instalaciones eléctricas dan lástima y la sala de Dermatología fue evacuada por temor a que el techo se derrumbe.
“El desinterés por esta institución es histórico. Hemos tenido gente del hospital en cargos ministeriales o segundo o terceros en la línea de mando y no han hecho nada por este hospital. Mucho menos debemos esperar de quienes no lo pisaron nunca”, explicó a El Tribuno el jefe de Infectología del hospital del Milagro, Mario Koss. “Este es el hospital de los pobres, por eso a nadie le interesa. Los médicos tienen un desgaste muy grande por el esfuerzo que hacen para atender a toda la gente que llega”, añadió este médico que lleva más de 20 años en la institución y quien consideró además, que no se puede culpar a la gerencia porque los obstáculos no están ahí sino en los niveles superiores.
“Hemos reclamado infinidad de veces sobre las condiciones en las que se encuentra el hospital. Desde que entré a trabajar acá hasta hoy, nunca vi cambios profundo en la infraestructura. Se parchan algunas cosas pero al ser todo muy antiguo vuelven a florecer rápidamente”, contó el médico Sergio Echabarri.
Así lo expresó el personal médico semanas atrás cuando en asamblea resolvieron, entre otras cuestiones reclamar insistentemente por las pésimas condiciones del hospital: “Para quienes trabajamos con dedicación y orgullo en este hospital Señor del Milagro, vemos con indignación cómo se deterioran las instalaciones, sin que lleguen las soluciones”, reza el comunicado de los médicos.
Según se detalla en el presupuesto para el ejercicio 2014, la provincia le destinará a este hospital un total de $78.589.189.
La insuficiencia de los fondos que se giran es clara; por el momento, el hospital no cuenta con gastroscopio, ni broncofibroscopio y tampoco con un electrocefalografo, detalló el jefe de una de las áreas más importante del nosocomio.
Si bien el Gobierno anunció que remodelaría parte del hospital, las expectativas son bajas porque no es la primera promesa. “Se pondrá en marcha un plan director que contempla la ejecución por etapas de nuevos edificios que ordenarán funcionalmente el conjunto del hospital”, anunció el Ejecutivo.
La guardia
Por año, informaron los médicos de guardia con planillas en mano, que alrededor de 14.000 personas por año pasan por allí. La escasez de médicos es lo que los enfrentó hace un mes con la gerencia del nosocomio. “Somos dos médicos por turno de guardia. La gente se abarrota acá y no damos abasto. Además, tenemos que atender cualquier urgencia que se suscite dentro de las otras áreas del hospital”, explicó una de las médicas. Hace pocas semanas, y tras un pedido que lleva años, se incorporó un tercer médico para los turnos de guardia aunque solo por 12 horas, informaron.
Lo cierto es que se trata de un hospital, creado en 1895 y que fue el centro de referencia en Salta en Infectología y Tuberculosis. Hoy, los médicos son quienes intentan sostener el prestigio pese a las condiciones desfavorables y a los obstáculo que con orgullo enfrentan día a día.
“Las leucemias no las trato
porque no hay aislamiento”
Ivana Navarrete es hematóloga en el hospital Señor del Milagro y por las condiciones edilicias y la carencia de instrumentos de trabajo es que hoy no puede atender a personas con leucemias, solo linfomas. La profesional, también habilitada a tratar personas con hemofilia, tampoco puede hacerlo. La razón, la desconoce.
Llegó hace un poco más de un año al hospital y la realidad que afronta día a día son solo limitaciones: “Ejerzo la hematología y dentro de mi área no puedo hacer todo lo que quisiera, como las leucemias, porque no tengo un lugar específico”, explicó Ivana a El Tribuno.
Su trabajo se vincula con el servicio de Oncología del hospital, pero las camas disponibles para tratar a los pacientes y realizarles las quimioterapias están ubicadas en un sala común en la que están los pacientes de Reumatología, los de Oncología y se suman los de Hematología. “Para mi sector necesito camas y habitaciones separadas, porque donde trabajan los oncólogos son boxes y todo está abierto; no hay techo y los pacientes que están ahí tienen las defensas bajas”, contó Navarrete.
Para el tratamiento de linfomas, la especialista tiene destinadas cuatro camas en la sala que se comparte con otras especialidades, pero uno de los problemas es que a veces, por necesidad, están ocupadas y se complica la atención de sus pacientes.
Se suma no tener un microscopio propio para ver las muestras de su especialidad y que para hacerlo recurre al laboratorio general del hospital que, como otras áreas, también tienen mucho trabajo. Por ejemplo, hace unas semanas Ivana realizó tres biopsias. Las agujas con las que hace la toma de muestras fueron compradas con su dinero. “Una sola vez el hospital me compró una aguja para hacer biopsias, las otras son mías, a las cuales las reesterilizo hasta tres veces, aunque son descartables, y después las tiro”, contó la doctora.
“Hay habitaciones en el hospital que están en condiciones, pero las ocupa personal administrativo y objetos del hospital, están abarrotadas”, aseguró Navarrete, quien dijo que estas situaciones fueron plasmadas en notas hacia la gerencia del hospital, y hasta ahora solo le respondieron que debe esperar.
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