Esperan en la terminal de Wein Hauptbahnhof que les permitan seguir hasta Alemania. Pero las fronteras están cerradas.
Viena es de esas ciudades en las que todo parece funcionar a la perfección. El subte llega en una puntualidad impensada y la calle está limpia, sin un papel tirado en el piso. Los jardines y palacetes son pulcros e impecables, y las flores están ubicadas en el lugar justo, con el color indicado. Todo bajo un clima cuasi primaveral en donde el sol y el viento se combinan para que el hecho de caminar por las calles de la capital de Austria sean una aventura casi mágica. En Viena es todo por favor -bitteschoen- y gracias -dankeschoen-. Pero ese equilibrio casi perfecto choca en seco como una cachetada en medio de la cara cuando uno se asoma a la estación central de Viena, la Wein Hauptbahnhof.
La terminal, que es una especie de shopping, conecta subtes y trenes dentro y fuera de Austria. Y es allí en los pasillos y halls de la estación central, donde hace semanas viven cientos y cientos de refugiados que huyeron de sus países natales que buscan instalarse en algún territorio de Europa. A esta altura, no importa dónde. Son nómades, exiliados, refugiados, inmigrantes. Son los que escapan de una guerra civil en busca de una vida digna y entran un continente que les da la espalda. Son los "otros", los que nunca serán ciudadanos plenos de algún país de Europa. Aunque tengan plata, aunque sean pobres. No importa. Allí conviven todos.
Es la una del mediodía y las primeras imágenes son escalofriantes, uno no sabe a quién mirar primero. Si a las madres con bebés en brazos, a los nenes correteando, a las largas filas de gente que espera para comprar un boleto, a los voluntarios que reparten comida o la policía que está allí y mira, controla.
Sara es de Irak y Safar de Siria. Ambas están con la cabeza cubierta y están sentadas contra una baranda. A priori, pareciera que son familiares, pero se conocieron allí y ahora es como si lo fueran.
No les importa a dónde ir. Pero se quieren ir. Están escapándose hace diez días entre trenes, barcos, autos e incluso caminando. Ambas están con sus hijitos de entre tres y cinco años. De repente, la charla se corta. Sara y Safar se avalanchan contra Sumeyye, una chica de origen turco que vive en Viena y oficia de voluntaria. Tiene un chaleco naranja y un cartel con su nombre. Está repartiendo agua y frutas secas. "Les tratamos de dar la comida que a ellos les gusta", explica Sumeyye y aclara que lo que más comen es la carne "halal", la que está permitida por el Corán. A los pocos minutos ya no queda nada.
A unos pasos de Sara y Safar está Iasin. Iasin está tirado en el piso acostado sobre su mochila y tapado con una campera de jean. Habla bajito y se hace entender en un inglés escueto. Él es de Bangladesh, tiene 28 años y está hace un mes y diez días deambulado. Pasó por Turquía, Irán, Grecia, Servia y Hungría. Está solo en el mundo. Sus padres fallecieron y sólo le quedan en el bolsillo 40 euros. Iasin no puede ocultar sus ojos vidriosos y las lágrimas comienzan a esparcirle por toda la cara: "no sé qué hacer, estoy solo".
Mientras tanto, un hombre de la compañía de tren anuncia por un pequeño altoparlante que hoy están cerradas las fronteras con Alemania. Pero la mayoría no habla en alemán. Entonces recurren a Linda, otra chica de 21 años, con chaleco naranja y un cartel en el pecho que dice "árabe". Linda oficia de traductora. Nació en Palestina y vive en Viena hace un par de años. "Me hace feliz poder ayudarlos", explica.
A Linda se le acerca Ajmed. Le pregunta en árabe si su ticket a Hamburgo lo va a poder usar. Ella le explica que no, que las fronteras están cerradas. Ajmed le agradece y vuelve en busca de su familia para decirles que por ahora deberán quedarse allí a esperar.
Al final de la fila que espera para comprar los boletos hay un grupo de varios hombres entre 25 y 35 años. Tienen celulares último modelo y están vestidos con jeans y zapatillas de marca. Ellos son de Siria y son profesionales. Hay algunos ingenieros y otros diseñadores. Están hace nueve días viajando. "Queremos llegar a Berlín, allí tenemos familia y amigos que nos están esperando, pero están cerradas las fronteras y estamos desesperados".
Como no pueden comprar boleto en la ventanilla, se acercan a las máquinas expendedoras. Pero allí se encuentran con un cartel escrito en inglés y en árabe: "No tickets to Germany and Salsburg at the machine!!! You need a seat reservation from the OBBEREISEZENTRUM" (No se venden boletos para Alemania y Salsburgo en la máquina. Se necesita una reserva a través del mostrador). Tienen que volver a la fila.
Una chica con chaleco verde que no quiere decir su nombre y se ofusca bastante cuando se la consulta por aquel cartel, explica que ellos son una empresa tercerizada contratada por la compañía de trenes para colaborar en la terminal y resalta sobre todas las cosas que no es voluntaria. Con mal tono, aclara que no hay trenes a Munich y Salzburgo que y no tiene información acerca de los motivos.
Las horas pasan, pero el tiempo no. A las 18 la imagen es igual. La gente sigue allí, en aquel rinconcito de la terminal que intentaron hacer propio. Es su refugio provisorio: el piso y las pocas ropas que llevan. La comida ya se acabó.
Pero afuera también todo sigue igual. El subte llega en estricto tiempo y en la estación Karlsplatz, la de la ópera, las pantallas gigantes empiezan a mostrar el concierto que comenzó hace unos minutos. Turistas y residentes se agolpan para ver. Los trabajadores del teatro, disfrazados de Mozart, invitan a quedarse. Es un espectáculo único. Y mientras tanto, Sara, Safar, Iasin y Ajmed no saben qué pasará mañana.
Ellos viven el espectáculo del horror. Hasta cuándo Wein Hauptbahnhof será su refugio.
Números de la tragedia
500 mil personas llegaron a Europa desde Medio Oriente y África en lo que va del año.
Unos 350 mil podrían ser considerados refugiados y recurrir el derecho de asilo en la Unión Europea.
120 mil son los refugiados que serán distribuidos entre los países de la Unión Europea, según lo acordado ayer.
40 mil más son los que ya se encuentran en Grecia e Italia.
800 mil son los pedidos de asilo que Alemania espera recibir para este año.
350 mil migrantes arribaron a territorio heleno en lo que va del 2015.
Son 4 millones las personas nacidas en Siria que se encuentran actualmente refugiadas en Turquía y otros países de Medio Oriente.
6000 euros es la suma que la Unión Europea le dará por refugiado a cada país receptor.
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