Una hora y media de sangre y terror

Los sobrevivientes de la matanza en la isla de Utoya relatan la desesperación que vivieron durante los 90 minutos en los que el asesino perseguía a los asistentes a un campamento del Laborismo, el partido de gobierno.

Al hombre armado se lo veía muy seguro, tranquilo y bajo control, sabía lo que estaba haciendo y nos dijo a gritos que todos moriríamos”, relató ayer Adrian Pracon, uno de los testigos de la masacre en la isla de Utoya cuando recordó los momentos en que se encontró con el asesino, Anders Behring Breivik.

El testigo relató que estaba trabajando en la cabina de información del campo cuando recibió una llamada por radio para avisarle del atentado en Oslo y que un policía acudiría al campamento, pero poco después escuchó tiros. El dato no es menor, ya que Breivik entró al campamento con ropas similares a un uniforme policial.

“La gente caía muerta delante mío. Corrí por el campamento hacia el área de las tiendas de campaña. Vi al hombre armado. Dos personas empezaron a hablarle y dos segundos después estaban muertas. Él llevaba un uniforme negro con bordes rojos”, dijo Pracon. “Todos empezamos a correr hacia el agua, la gente ya se había desvestido y empezaba a nadar. Yo creía que no me daba tiempo suficiente para sacarme la ropa, así que empecé a nadar en la lluvia, con la ropa y mis botas grandes”, agregó. El atacante le gritaba a la gente que estaba nadando y en un momento lo miró a él, pero no disparó.

Pracon contó que las personas que se habían salvado de los primeros disparos se escondieron entre los árboles y las rocas, pero el hombre volvió una hora después y empezó a disparar nuevamente. “Los disparos empezaron otra vez y la gente se me caía encima, sobre las piernas, y caía al agua, ahí es cuando la gente moría.”

Otro testigo, Stine Renate Haheim, miembro del Parlamento noruego que estaba también el campamento, dijo que los jóvenes empezaron a reunirse en pequeños grupos para hablar del atentado en Oslo cuando escucharon que alguien decía que venía la policía, por lo que pensó que ellos estarían bien. “Después vi a un policía que bajaba de la colina y de repente empezó a dispararle a la gente, uno a uno. Empezamos a correr y saltar al mar”, afirmó Haheim, quien admitió que lo más aterrador fue ver que el hombre llevaba un uniforme policial. “Estaba tranquilo, nunca corrió, sólo seguía disparándole a la gente, nunca le escuché hablar.”

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