A casi un mes del asesinato en calle 60 entre 7 y 9 (se cumplirá el 23 de setiembre), la búsqueda de Jho- natan Deangelis, acusado de asesinar a Joaquin Michelangello con un arma de fuego, y Dario Mattioni, acusado de encubrimiento agravado, parece atenuarse y los rumores inundan la ciudad de Colón. En las conversaciones cotidianas todos tienen un sitio para que los dos fugitivos de la Justicia hayan encontrado refugio. Se habla de una isla del Delta, Uruguay, Paraguay y hasta la propia ciudad de Colón. Cada uno de los dichos son solos hipótesis y aportan más confusión al trágico incidente. La comisión de cuatro policías enviada a la ciudad de Tigre no pudieron hallar a los acusados.
Las dudas son muchas. Todo indica que Deangelis se habría escapado con 30 mil pesos. Con ese dinero habría contratado un abogado en San Isidro y le habría servido para lograr algún tipo de cobertura logística. Sin embargo las mayores incertidumbres recaen sobre Dario Mattioni.
La pregunta es porque un hombre puede arriesgar el bien más preciado que tiene como es la libertad para encubrir un homicidio que puede tener una condena «leve» para una persona joven y con un buen abogado.
Tal vez el ex campeón mundial puede pensar que podría estar investigado por comercialización de estupefacientes en el expediente que la Fiscalía Descentralizada estaría llevando adelante desde hace más de seis meses y que la propia Fiscal Magdalena Brandt señaló en conferencia de prensa.
La situación no es fácil para los acusados. La cara de Mattioni es muy conocida por lo que el sitio donde se esconden debe tener una muy buena cobertura logística con personas de confianza que le sirven para darle "una línea de abastecimiento" en sus requerimientos más básicos.
Como contrapartida a esta situación, el ciudadano común tiene múltiples sospechas. Una de ellas es quien maneja el "paquete grande" de la droga en nuestra ciudad. La danza de nombres existe y están asentados a lo largo y ancho del casco urbano. Solo hay una salida para no "mellar" la credibilidad de las autoridades y llevar una masa de aire fresco a este "nubarrón negro " que nació en la tarde del sábado del 23 de agosto de 2014.
El objetivo será conocer la verdad sobre las causas del asesinato, y las relaciones que existen con la comer- cialización de estupefacientes a nivel local.
La escena donde un joven se baja del auto que manejaba y luego de dar unos pasos dispara el arma de fuego sobre otro joven que cae inerte, comienza a borronearse. Ya no se escuchan los gritos de una mujer que estaba cerca y se tomaba con sus manos la cabeza al presenciar el homicidio y luego de un momento que parecieron siglos activa el teléfono celular para llamar a la Estación de Policía. Este crimen no puede quedar en el olvido, ya que es posible que esconda muchas verdades.
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