Por: Osvaldo PepeEl kirchnerismo es tan brutalmente obvio que con la nueva ley de medios volvió a exhibir al Senado como una escribanía. Tampoco disimuló la urgencia récord en promulgar la norma, que lo llevó a editar en consecuencia el Boletín Oficial un sábado. Le importó más el gesto de poder ante el PJ, las provincias y la oposición, que una ley con solidez jurídica y consenso político. Con el estilo de su jefe logró la obediencia debida de los votos propios y de los canjeados, incluso de uno de ellos que alzó la mano en nombre de su tutor genocida, paradigma cabal del Proceso.
Kirchner avanzó, pero no podrá torcer la historia ni los símbolos, como el de D'Elía festejando en los palcos la noche del voto en el Senado. En la campaña electoral, el oscuro jefe del Comfer, Gabriel Mariotto, uno de los inspiradores de la ley, había comparado al piquetero con intelectuales como Scalabrini Ortiz y Jauretche. Un desvarío afín a Mariotto, quien hasta tuvo la insolencia histórica de definir como parte de la "creatividad popular" las pintadas de las patotas K para difamar la historia de Clarín, con proliferación de agravios y pasquines que sólo fueron posibles con la logística, los fondos y la impunidad paraestatales. Cuánta distancia con la gesta épica de tiza y carbón de la Resistencia Peronista, que estampó en paredes el repudio a los crímenes de la Libertadora. Eso fue creatividad popular. Kirchnerismo y peronismo. Kirchner, Mariotto, D'Elía.
Hombres grises para una ley efímera. Kirchner y Perón, un político menor a la sombra de un estadista.

Comentá la nota