Ayer al mediodía, como tantos otros se celebró un casamiento en el CPC de avenida Colón, en esta ciudad de Córdoba, la misma donde se viene realizando el juicio por la megacausa La Perla, la misma que tuvo que soportar dos enormes campos clandestinos de detención, tortura y muerte, entre otros centros menores, no por ello menos trágicos.
En esa misma avenida a pocas cuadras, en la intersección con Sagrada Familia, en 1977 fueron fusilados Humberto Brandalisis, Carlos Enrique Lajas, Lidia Flora Palacios y Raúl Cardozo. Previamente, habían sido secuestrados y torturados en La Perla y con total impunidad acribillados luego en esa vía pública, hecho que los represores comunicaban como abatidos en “enfrentamiento”.
Uno de los miles de casos acontecidos en nuestra ciudad. Que recién encontró justicia tres décadas más tarde, hace apenas cinco años.
Dentro de las investigaciones llevadas a cabo a partir de 1998 en la causa «Verdad Histórica» se ordenó allanar la casa de Luis Alberto Manzanelli, alias “el Hombre del Violín”. En aquella oportunidad, se secuestró del domicilio del represor un “manual de respuestas” para que los militares afrontaran los juicios. En dicho manual se instruía, entre otras cuestiones, a culpar a los militares muertos, a los sobrevivientes de los campos y a declarar “no recuerdo” o “no me consta”, precisamente es la estrategia que despliegan los imputados.
El día que le dieron perpetua al “Hombre del Violín” fue histórico, habían pasado 31 años desde el fusilamiento en Colón y Sagrada Familia, ese día se hizo justicia. Desde entonces pasaron cinco años.
Vuelvo al mediodía de ayer, cuando el represor e integrante de la patota de La Perla detenido en Bouwer por crímenes de lesa humanidad, llegó al Registro Civil para participar de la celebración del casamiento de su nieta. Y nace obligada la pregunta ¿cuántas Abuelas de Plaza de Mayo quisieran poder asistir a la ceremonia de casamiento de sus nietos secuestrados en épocas de la dictadura, que aún no han sido encontrados?
Qué raro privilegio el del “Hombre del Violín”, con tantos crímenes, desapariciones forzadas, vejaciones, con tanto pacto siniestro y sobre todo con una larga pena de prisión en su haber ignominioso.
Qué caro privilegio el del “Hombre del Violín”. ¿Cuánto le cuestan al pueblo sus guardias y custodios para asistir a un casamiento?
Qué extraña es la Justicia y qué distinta para unos y otros. Aquel día de 2008 fue memoria y verdad.
Ayer quienes lo reconocieron quedaron extrañados. Ayer no fue un día justo. Él supo que lo estaban mirando y siguió la ceremonia como si nada, como si nadie hubiese caído ni desaparecido por sus manos.
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