El film revela el rol de la CIA para rescatar rehenes en Irán en 1980. Una misión menos heroica de lo que Ben Affleck refleja.
La película relata el rescate de seis diplomáticos de los Estados Unidos atrapados en Irán en 1980, durante la “crisis de los rehenes”. Luego de la Revolución Islámica, los seguidores del ayatolá Jomeini tomaron la embajada norteamericana en Teherán y capturaron a decenas de estadounidenses. Seis diplomáticos lograron escapar a tiempo y se refugiaron en la casa del embajador de Canadá en la capital iraní. Allí permanecieron ocultos hasta que la CIA orquestó un operativo secreto para sacarlos con vida sin que el régimen antinorteamericano se enterara.
La misión estuvo a cargo del agente Tony Méndez, caracterizado en el film por Affleck, quien logró hacerle creer al régimen de los ayatolás que era un productor de cine en busca de localizaciones exóticas en Irán para filmar una película de ciencia ficción. Méndez montó una cortina de humo con la colaboración de personalidades de Hollywood, ingresó a Teherán con pasaporte falso y convirtió a los seis diplomáticos en supuestos actores y miembros del staff cinematográfico.
En la película ganadora del Oscar, la salida del aeropuerto de Teherán es una escena digna de James Bond. Pero el relato sobre el hecho del verdadero Méndez, publicado en un periódico interno de la CIA en 1999, desdramatiza al mínimo el episodio. Según el agente, a los oficiales iraníes que sellaron los pasaportes de los diplomáticos encubiertos “no podía importarles menos” quiénes eran y qué hacían en Irán esos occidentales. Subieron al avión sin apremios, interrogatorios ni persecuciones. Apenas sufrieron por una demora regular del vuelo de pocos minutos.
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