En un abrir y cerrar de ojos retornamos al siglo XIX: una ciudad, una región completamente a oscuras sin sistema de soporte y, en medio, una comunidad que a la hora del corte se desplazaba por la vía pública de manera intensa.
El apagón comenzó a las 19.15, fue superado alrededor de las 22, y deja un conjunto de enseñanzas preocupantes. No existe en la ciudad un equipamiento de respaldo para el funcionamiento de los semáforos; el tránsito, de habitual enloquecido, quedó librado a su buena fortuna hasta que la energía fue reponiéndose zona por zona en toda la extensión urbana de MDP. En el extremo opuesto, el servicio de telefonía celular, que en menos de 12 minutos repuso la señal, aunque el sistema saturó por la profusión de llamadas.
Es un hecho alarmante que no exista un sistema autónomo de respaldo que mantenga en servicio la semaforización así como la iluminación de la vía pública. No es responsabilidad puntual de las actuales autoridades, pero también lo es. Nunca en la historia de la ciudad se dispuso de recursos como en este momento para semaforizar e iluminar la ciudad. Si bien la semaforización se hace por medio de sistema led -que requiere de una mínima energía para funcionar, en comparación con los sistemas que usan lámparas-, no se calculó que existe hoy en el país y se puede utilizar la misma tecnología con apoyo de energía solar, como hay en distintas localidades del país, instalada por la empresa Señal Argentina.
No es menos patético advertir que Tránsito no está preparado para atender una emergencia de esta magnitud. No hay planes de contingencia y el personal no posee la vestimenta ni los elementos necesarios para actuar en una emergencia como la que atravesamos. Si los agentes de tránsito hubieran intentado hacer algo por vocación en esta coyuntura, estaríamos, casi seguramente, frente al relato de una tragedia.
Es falta de idoneidad optar por una tecnología parcialmente moderna -la que provee SUTEC- pero que está muy lejos de la que hoy está en el mercado, como por ejemplo la que provee Señal Argentina, con el desarrollo del primer semáforo solar, instalado y en funcionamiento desde diciembre de 2008. Su diseño es netamente nacional; sus componentes lumínicos están basados en leds (diodo emisor de luz) que no generan contaminantes, reducen en un 90% el consumo de energía y son de larga durabilidad (70.000 horas). Asimismo, el equipo controlador inalámbrico BM 416S (creado para bajas tensiones) posee las mismas prestaciones que su antecesor, el BM 416 inalámbrico. Y su costo es similar al de los semáforos convencionales.
Hay cómo hacer las cosas bien. Lo que no hay es la inteligencia necesaria o la voluntad para aplicarlas a las políticas públicas.

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