La historia del avión Mirage que combatió en Malvinas y será monumento en Río Grande

Será inaugurado la noche del 2 de abril cuando se conmemoren los 30 años de la gesta de Malvinas. Recuerda el trabajo de pilotos, mecánicos, técnicos, ingenieros y radaristas de la Fuerza Aérea que se desempeñaron durante la guerra de 1982 y un homenaje a los caídos.
RIO GRANDE.- La iniciativa surgió inspirada en la Fuerza Aérea que durante la Guerra de Malvinas tuvo una fuerte presencia en Río Grande, y a partir de la decisión del Municipio local se estableció el lugar para que un avión «Mirage V Dagger» sea emplazado en la zona de los monumentos a los caídos en Malvinas.

Los mecánicos que se ocuparon de acondicionar el avión para su traslado desde la ciudad de Tandil (Buenos Aires) hasta la Base Aeronaval Río Grande donde fue armado, visitaron ayer El Sureño.

El brigadier retirado Horacio Mir González manifestó su agradecimiento «por lo que está haciendo Río Grande, junto con la Fuerza Aérea, para terminar este monumento en honor a todo lo que hizo la ciudad con nosotros treinta años atrás y, además, a la gente que falleció en el conflicto de nuestro escuadrón».

El suboficial Mayor José Pascual contó que se trata de un avión que efectivamente participó del combate en el año 82. «No es una maqueta ni una réplica sino que efectivamente participó del conflicto. A partir de esta propuesta municipal mostramos nuestra satisfacción y dijimos que estábamos dispuestos a ayudar en lo que humildemente podíamos hacer».

De hecho, hace dos semanas los técnicos trabajan para que el avión quede tal cual como estaba en su momento. «Para nosotros es algo muy lindo y esperamos ansiosos el primero de abril para participar junto con toda la comunidad de la inauguración del monumento», señaló.

Durante el conflicto la Fuerza Aérea desplegó a distintas unidades, y el avión que el 2 de abril será monumento, estaba destinado en la sexta Brigada Aérea de la provincia de Buenos Aires, ubicada en Tandil.

«La Fuerza Aérea era grande pero tenía medios limitados y cada escuadrón desplegó con aproximadamente ocho aviones, durante el conflicto había aviones que se iban perdiendo junto con los tripulantes y mientras duró el conflicto estaban las unidades logísticas para ir abasteciendo y recuperando que siempre hubiera en Río Grande una cantidad razonable de pilotos y de aviones, mecánicos, técnicos, ingenieros y radaristas», agregó Mir González.

El Mirage V Dagger estuvo desde el primer día hasta el ultimo de la guerra, y participó en numerosas misiones durante el conflicto.

Para ser preparado como monumento el trabajo comenzó en Tandil. Pascual explicó que «se lo empezó a preparar, se lo desarmó y se lo trasladó hasta Río Grande en un avión de la Fuerza Aérea que se usa para carga. Ya en Río Grande se lo llevó hasta un hangar con el grupo de ocho mecánicos más un apoyo extra de gente de esta ciudad, empresas. Lo ensamblamos y empezó a tomar forma para finalmente hacerle los retoques de pintura y ploteado. En este momento lo tenemos en el hangar a la espera de que el Municipio nos diga qué día lo llevamos al lugar donde será colocado».

El traslado a su destino final frente al Mar Argentino será entre el 20 y 21 de marzo y el horario será avisado a la comunidad. «Es un avión grande y ya se ha programado el trayecto para que, quien quiera, tenga tiempo y ganas pueda ver el traslado del avión desde el Aeropuerto hasta el monumento donde será ubicado», relató.

Los mecánicos llegaron a la ciudad hace quince días para dejar listo el Mirage que será monumento en la histórica jornada del 2 de abril, cuando se cumplan 30 años de la guerra de Malvinas. Todos estuvieron involucradas y trabajaron activamente en Río Grande, cada uno desde su función, y hoy recuerdan con especial emoción aquellos días.

El suboficial Principal Walter Duin, durante el conflicto se desempeñaba como cabo. «Tenía 19 años y me desempeñaba como especialista en lo que era motores», contó. «Nosotros teníamos la tarea de tener los motores en mantenimiento para el vuelo de los pilotos, el mantenimiento nocturno que se hacía después de las misiones para recuperar aviones para el otro día. Teníamos los problemas del congelamiento de los famosos tubos de aire entonces se adaptó un lugar para que esos tubos estuvieran calefaccionados durante la noche para que durante la mañana pudieran arrancar los motores. Ese fue mi trabajo durante la guerra, hoy en día llevo 30 años en la Sexta Brigada todavía y soy encargado e inspector de motores».

Carlos Ferraro se desempeñó como personal civil. «En ese momento estaba como operario de trabajo de los paracaídas de frenado, Un Mirage frena con paracaídas. Mi tarea especifica era esperar que aterrice el avión, recoger el paracaídas, plegarlo y tenerlo listo. En mis ratos libres colaboraba con la gente que lo necesitaba, la gente de motores, armamento, todos participábamos y siempre había algo para hacer».

El escenario de trabajo era la Base Aeronaval y el viejo aeropuerto de esa época. Alberto Ortigueira también fue un civil que participó activamente. «Nosotros hacíamos el traslado de los pilotos, yo personalmente los trasladaba desde la cabecera de pista hasta al centro de Río Grande donde estaban alojados».

El suboficial Mayor José Pascual tenía 22 años y se desempeñaba como mecánico de avión. «Mi tarea la desarrollaba más durante la noche. Formaba parte de un grupo de siete personas que cambiábamos tanques de combustible durante la noche para que a las seis o siete de la mañana estuviera el avión preparado en conjunto con la gente de motores. Nosotros los preparábamos, los dejábamos a punto a los aviones y cuando venían las tripulaciones el avión estaba listo. Nuestra tarea se intensificaba durante la noche porque al atardecer venia la ultima misión y ahí comenzaba nuestra tarea y de todo el grupo de trabajo».

La Fuerza Aérea participó en el combate con todos los aviones que tenía, todos estuvieron desplegados en el sur participando de distintas tareas. Los mecánicos que llegaron especialmente a la ciudad integraron los dos escuadrones que operaron en el Sur argentino, uno destacado en la ciudad de Río Grande, el «I Escuadrón Aeromóvil Dagger MV «Avutardas Salvajes» y el II Escuadrón Aeromóvil Dagger MV «La Marinete» con asiento en San Julián.

El comodoro retirado Manuel Valdebenitez fue durante la guerra el jefe de radares que apoyaba a los pilotos cuando despegaban o volvían de cumplir una misión. «Este radar estaba ubicado en lo que es el Cabo Domingo, donde hoy hay otro emplazamiento que no debemos confundir con el de aquella época. Desde allí operábamos haciendo toda una vigilancia del espacio aéreo, controlando que no aparecieran aviones que no fueran de los nuestros y un apoyo en la actividad aérea a nuestros propios aviones que llegaban al aeropuerto de Río Grande».

El brigadier retirado Horacio Mir González, en tanto, contó que «en ese entonces era capitán y jefe de escuadrilla, piloto de Mirage». «Aterrizamos el seis de abril y la Fuerza Aérea activamente hizo su bautismo de Fuego el 1º de mayo cuando la flota ataca a Puerto Argentino, a partir de ese momento todas las unidades de la Fuerza Aérea estaban destinadas a misiones a las distintas bases, acá en Río Grande, nosotros teníamos que ir y los Mirage que salían de acá tenían todas las misiones en las islas. El primero de mayo contra los aviones británicos Harrier que estaban atacando la pista y las instalaciones de Puerto Argentino y el resto de los días, que fue el 95 por ciento de nuestras misiones, eran a partir de órdenes para que atacáramos buques de las flotas que estaban cerca de las islas. En la mitad del conflicto vino una parte muy compleja que fue cuando ya las fuerzas inglesas desembarcan en las islas, desde ahí las misiones fueron mucho más intensas y había que atacar a todas las unidades de desembarco y ataque en las islas».

Concretar el monumento era un viejo anhelo del escuadrón que estuvo en Río Grande que ellos mismos bautizaron familiarmente las «Avutardas salvajes». «Hemos venido desde el 82 hasta ahora, no es la primera vez que lo hacemos. Hemos puesto placas en el Aeropuerto cada vez que venimos con distintos motivos, a agradecer a la comunidad de Río Grande el apoyo que nos dio en ese momento y que nos sigue brindando».

«Ademas, que este monumento quede para siempre y que sea el recuerdo para toda la gente que vive acá, de un grupo de la Fuerza Aérea, y que ese monumento recuerde permanentemente a los cuatro hombres caídos de nuestro escuadrón», dijo finalmente Mir González.

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