La canciller de EE.UU. cede su puesto al senador y ex veterano de Vietnam. Teherán saludó su arribo y le pidió un cambio de política.
El cambio de mandos en una de las carteras más importantes del país ha sido previsible, tranquilo. Sin los contratiempos que enfrenta por estos días entre sus ex colegas del Congreso Chuck Hagel, el nominado del presidente Barack Obama para encabezar el Pentágono.
En Washington casi todo el mundo está de acuerdo en que la persona más calificada para continuar el trabajo de Hillary es Kerry. Incluso, pese a que la nominación le llegó por carambola luego de que la primera nominada de Obama, la embajadora en la ONU, Susan Rice, renunciara por sus comentarios sobre el ataque contra el consulado de Bengasi (Libia) en setiembre último, en el que murió el embajador y tres funcionarios.
Clinton, quien ha vivido una semana larga de despedidas con una serie de entrevistas y cenas ofrecidas en su honor, deja el listón muy alto después de un incansable trabajo de cuatro años en los que ha visitado 112 países. Sus colaboradores, colegas y hasta enemigos políticos reconocen su capacidad. Con un 60% de aprobación entre los estadounidenses de todas las tendencias es la más alta cota de aceptación popular que haya alcanzado nunca esta mujer que lleva más de veinte años en el ojo público del país como ex primera dama, senadora, candidata presidencial y ministra de Exteriores.
Esta especie de “efecto Clinton” hace que se le siga considerando como una de las favoritas para obtener la nominación del partido Demócrata a la presidencia de la nación en el 2016, no importa las veces que ella misma ha dicho que aquí termina su carrera política.
La confirmación de Kerry en el Congreso fue una pura formalidad. Como ex senador, tiene una hoja de servicios hecha a la medida del cargo. Ex veterano de Vietnam, al ser nominado era el jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Pero lo curioso es que, el mismo día en que asumió el cargo, también recibió una calurosa e inesperada bienvenida. “Deseamos que Kerry, dadas sus características personales, pueda al menos ayudar a revisar parte de la política anti Irán del Gobierno de Estados Unidos”, declaró su colega de Irán, Ali Akbar Salehi. Nunca antes, desde la revolución islámica de 1979, un líder de Teherán había dado la bienvenida a un canciller de EE.UU. Habrá que ver qué significado tiene este gesto de cordialidad inusual. Ambos países mantienen un duro choque por el programa nuclear iraní, al que se oponen un grupo de potencias encabezadas por Washington.
Durante su audiencia de confirmación, Kerry aclaró que su política iraní no será de “contención, sino de prevención”. Hace poco declaró a The Boston Globe que hay temas a los que se dedicará desde el primer minuto. “No entraré en detalles, pero entre ellos está la seguridad de las embajadas y revisar todos los análisis que existen con respecto a Siria y a Irán. Lugares problemáticos”, sentenció.

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