Hacía 600 años que no dimitía un pontífice

Hacía 600 años que no dimitía un pontífice
De los 265 que tuvo la Iglesia, Ratzinger es el quinto. Celestino V, en el siglo XIII, acabó preso.

Para hallar antecedentes de renuncias papales, hay que remontarse a la historia más remota de la Iglesia, y aun así, los ejemplos pueden contarse con los dedos de una mano. De los 265 papas que ha tenido la Iglesia Católica, sólo hubo cuatro dimisionarios antes de Benedicto XVI. Y se supone que uno de ellos, Celestino V, coronado en 1294, fue el único que lo hizo en un gesto personal, ajeno a presiones y asumido con absoluta libertad según razones puramente espirituales (ver recuadro).

Los dos primeros, Clemente I y Ponciano, que vivieron en los siglos II y III, respectivamente, se remontan a una etapa en la que la Iglesia se parecía más a una pequeña secta con un puñado de fieles. En esas circunstancias, las estructuras internas de la institución eran frágiles, y los papas distaban de tener el poder y la importancia simbólica de un pontífice actual. Se sabe poco de las circunstancias en las que dimitió Clemente I, del que ni siquiera se conocen con exactitud las fechas de su entronización y muerte. Al parecer, decidió abandonar el cargo al tener noticia de que iba a ser desterrado, lo que equivalía a privar a los fieles de su pastor. Tampoco la dimisión, un siglo más tarde, de Ponciano, tiene parámetros de comparación con la actual. Aquel Papa, que falleció en el año 235, se hizo a un lado para permitir un acuerdo entre facciones eclesiásticas, que se disputaban el control de la naciente institución.

El último en renunciar fue Gregorio XII, en 1415. Llegó al trono de San Pedro envuelto en los litigios infinitos del llamado cisma de Occidente, el período histórico de la Iglesia Católica en el que al menos tres antipapas se disputaban la autoridad pontificia y luchaban entre sí por legitimar cada uno su poder. Gregorio XII dimitió tras el Concilio de Constanza (1414-1418). «

ermitaño encarcelado

Aunque la dimisión de Celestino, llamado Pietro di Morrone, fue la única de las cuatro renuncias históricas adoptadas en un marco de cierta libertad, su historia está plagada de violentas disputas. Era un monje benedictino que vivía como un ermitaño y a los 79 años fue elegido para liderar a la Iglesia. Se dice que aceptó la tiara para sacarla del bloqueo en que se hallaba tras 27 meses de un cónclave interminable. Duró poco en un puesto que le resultaba notablemente estresante. Y a los cinco meses de asumir, dimitió. Su consejero, que se hizo elegir sucesor con el nombre de Bonifacio VIII, ordenó su detención, por miedo a que se lo considerara el legítimo pontífice. Celestino murió encarcelado en la torre del Castel Fumone, diez meses después.

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