Hablar de 2020 para retener poder

Por: Ricardo Kirschbaum.

El miércoles, Néstor Kirchner fijó en el 2020 el plazo necesario para que se puedan realizar aquí las transformaciones sociales y políticas que, según aseguró, se iniciaron en 2003.

No fue muy preciso en los períodos constitucionales, pero todo el mundo entendió que la secuencia 2007-2011 (Cristina) se continuaría con Néstor hasta el 2015 y luego, quizá, su esposa retomaría la posta para llegar al plazo autoimpuesto. Esa secuencia era la que Kirchner y sus seguidores más fieles imaginaban cuando, como Presidente, jugueteaba con la idea de "pingüino o pingüina". Un día después, en Ferro, ante el núcleo duro de sus seguidores, corrigió la versión en torno a los emprendimientos personales y concedió que algún hombre o mujer del "espacio" kirchnerista podría ser el responsable de alcanzar las metas propuestas dentro de 9 años. Aunque esa concesión no sonó convincente para aquellos que saben que este matrimonio político sólo ha hecho planes a medida de sus propias conveniencias.

El ex presidente, que es astuto, necesita transmitir a sus seguidores seguridades de futuro. Pero él no está pensando en ese horizonte tan lejano sino que se concentra en el áspero presente. Es una forma de transmitir poder para sujetar, sobre todo, al peronismo. Kirchner habla de convocatorias amplias, sin sectarismos, pero su central objetivo es que el PJ no comience a desbandarse porque sabe que si eso ocurriera su candidatura –o la de Scioli, que está ya en boxes para reemplazarlo si el "espacio" lo necesita en la retirada– se desmoronaría más temprano que tarde.

Su obsesión es conservar poder: ese es un reflejo básico de toda acción de un político. Ya ha demostrado que lo usa sin remordimientos. Sus aliados lo saben porque todos, en algún momento, han sentido el rigor y la arbitrariedad de ese método

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