La expresión surgió ayer de Nicolás Emilio Tumminaro, un joven azuleño que estudia en una de las facultades de la UNICEN de la vecina ciudad la carrera de Relaciones Internacionales.
El muchacho fue brutalmente reprimido junto con otros jóvenes que el sábado pasado fueron hasta el hipódromo tandilense con intenciones de adquirir un ticket para presenciar el recital que daba La Renga. No pudieron comprar la entrada y, cuando se retiraban del predio, el grupo fue atacado por personal de Infantería –Tumminaro exhibe en su cuerpo 30 impactos de perdigones de goma- y conducido a una celda de la comisaría segunda, donde sufrió humillaciones y la vulneración de derechos esenciales.
Lo que Nicolás Emilio Tumminaro soñó como algunos momentos de sana distracción en compañía de amigos y disfrutando de asistir a un recital de La Renga, trocó imprevistamente en una noche, madrugada y mañana que nunca en su vida podrá olvidar. El azuleño radicado en Tandil, donde cursa estudios en la carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, fue víctima de una feroz e injustificada represión policial y luego, en una comisaría tandilense vivió, en plena democracia, un tormento psíquico digno de las épocas dictatoriales.
Atento a la gravedad de los hechos que el propio Tumminaro, de 20 años, contó ayer en la redacción de EL TIEMPO, es de esperar que se produzcan numerosas manifestaciones de repudio por lo sucedido y, lo que a esta altura es una “fija” por decantación, que la justicia y la propia fuerza de seguridad investiguen a fondo los hechos e imponga a los responsables, el castigo penal y administrativo que merecen.
Aunque estos hechos nada tienen que ver con lo político, vale aclarar que el joven Tumminaro se desempeña como secretario de Formación Política de la Juventud Radical de la Provincia de Buenos Aires.
Vaya paradoja. Adolorido y anestesiado con calmantes que le recetó un médico, el muchacho afronta una causa penal por “atentado y resistencia a la autoridad” que se le inició de manera arbitraria.
Una noche de otros tiempos
Tumminaro dijo que todo comenzó cuando junto con algunos amigos llegaron al Hipódromo de Tandil para intentar presenciar el recital de La Renga. “No fui a la famosa ‘previa’ porque tenía un seminario en la Facultad. Llegué a las inmediaciones del predio a las siete y media u ocho de la noche. Yo iba con la plata para poder comprar la entrada, pero nunca pude llegar a la boletería. Tipo 8 y media arrancó una represión brutal, muy atroz, una avanzada de siete fuerzas de la policía”, indicó el joven, para mencionar la intervención del Grupo de Apoyo Departamental, Infantería, Policía Federal y Caballería, entre otras reparticiones que habían sido comisionadas al lugar. “Hubo desmanes de algunos que quisieron entrar sin entrada, pero fueron cuatro horas de avanzada de la policía constantemente con gases, balas de goma, camión hidrante, escudo, palos; avasallaron con todo y contra todo. Me dispersé, perdí a mis amigos; algunos tenían entrada e igual no pudieron entrar. Yo me quedé, comimos un choripán, nos alejamos de los disturbios y tipo 10 de la noche, media hora después de iniciado el recital, nos dispusimos a volver hacia el centro de la ciudad”, agregó.
Tumminaro describió que el hipódromo, lugar donde se presentaba el conjunto musical, está en el sector que se conoce como Villa Aguirre. Los accesos al barrio estaban vallados, con seguridad privada, y la única vía de paso era la entrada principal.
“Nos dispusimos a salir por la avenida esperando que se calme un poco la cosa, pero empezó la represión de vuelta y quedamos atrapados en esa avanzada que se llevó a treinta personas, entre ellas a mí y a otros chicos de Azul”, señaló.
Justificar lo injustificable
Al decir del entrevistado, un allegado al operativo manifestó –tratando de justificar lo injustificable- que la policía afectada al procedimiento con motivo del recital “necesitaba de los famosos ‘perejiles’ para que el operativo fuese un éxito”, aún cuando ésto se llevara a cabo llevando detenidas a personas que nada tenían que ver con los incidentes del sector de boleterías.
“Yo tengo 30 impactos de bala de goma en todo el cuerpo y me abrieron una causa por atentado y resistencia a la autoridad; es una locura…me tiran un proyectil de gas, quedo inmovilizado y afectado en la cara, los ojos, los bronquios y se me acercan tres Infantes y me empiezan a disparar a quemarropa y estando yo en el piso, de rodillas. Yo les suplicaba que por favor no tiraran más y los Infantes, totalmente exacerbados, me insultaban, cargaban los escopetazos y seguían disparando”, expresó Tumminaro.
El muchacho dio cuenta de un accionar que, claramente, puso en riesgo su vida y la de otras personas que padecieron el desmadre de los agentes “del orden”. De hecho, él recibió el golpe de una esquirla a milímetros del tímpano, mientras que dos perdigones hicieron contacto con su humanidad a la altura de la yugular.
“Sacudían los balazos al piso para que rebotaran los perdigones; por eso tengo impactos en el pecho, en la yugular, en las piernas. De ahí me levantaron de los pelos, nos arrastraron a todos hasta un camión del GAD y nos trasladaron a la Seccional Segunda de Tandil. Ahí arranca la pesadilla que vino después, que fue mucho peor que la represión porque hubo abandono total de persona, algo que no se relaciona con los tiempos que vivimos”, indicó.
La pesadilla del buzón
En la nota con EL TIEMPO, Tumminaro reconoció que si jamás imaginó la represión de la que fue víctima y testigo, mucho menos esperaba pasar por lo que pasó durante su detención.
“Me tiraron como a un animal en un calabozo, los famosos buzones que son habitáculos de 2 por 2 con las paredes llenas de excremento y sangre; con mis heridas al rojo vivo, abiertas, no quería ni tocar las paredes. Estaba tieso”, describió. “Yo conozco (por su condición de estudiante universitario y militante de la Juventud Radical) cómo es la cuestión del proceso jurídico y las normas y me vulneraron un montón de derechos. No me dejaron llamar a mi familia ni a un abogado. De hecho me llevaron al hospital (tres horas después del arresto) por insistencia mía porque no daba más. Todo el tiempo se mufaron de mí, me humillaron, se me reían. El perito de la policía se me reía; me tuvieron quince horas en un lugar terrible, infrahumano”, agregó.
Velada “complicidad”
El trato alejado de cualquier respeto por la integridad de una persona se mudó por algunos minutos al Hospital Municipal “Ramón Santamarina”, de Tandil.
“En el hospital el personal médico también estaba muy inhibido por la presencia policial así que mucho no me dijeron, y estuve ahí apenas cinco minutos. De hecho, me llevaron esposado como si fuera un detenido común”, dijo el joven, quien nunca dejó de preocuparse por la integridad de los otros presos durante la razzia.
“Estuvieron hacinados en calabozos de hasta ocho plazas. Si a mí me trataron mal, en las condiciones que estaba, ellos no la pasaron mejor. No nos daban agua, no nos dejaban ir al baño ni dejaban que hiciéramos una llamada. Nos tuvieron tirados como si fuésemos perros. Cuando empezaron a aflojar un poco es porque se dieron cuenta que realmente estaba muy dolido; recién a las seis horas del arresto me dieron agua. No daba más”, afirmó.
Los responsables, silenciosos
Tumminaro hizo lo imposible por saber de los nombres de los jefes policiales que participaron del operativo en torno del recital, así como de quienes fueron responsables de su arresto en la comisaría de la población serrana. Si bien carece de esos datos, tiene grabada en la retira los rostros de los efectivos que avalaron su permanencia en la dependencia.
“Pedí hablar con uno de los jefes que era un subcomisario; le pedí sus datos (nombre, apellido y número de matrícula) para poder reconocerlo después porque, luego de todo esto, más allá del dolor físico, también hay un poco de tristeza e injusticia que uno siente y, en ese marco, las ganas de tomar alguna acción de un proceso jurídico o llevar alguna denuncia adelante”, señaló.
El entrevistado salió al cruce de versiones de las que se hicieron eco algunos medios, posiblemente surgidas del entorno de las fuerzas que participaron de los violentos operativos.
“En todos los medios se está diciendo que hubo enfrentamiento y eso es mentira. Fue una avanzada represiva impresionante. Yo he ido a otros recitales y nunca pasó este tipo de cosas y tampoco era un recital tan grande. Eran entre 30.000 y 40.000 personas. Es mentira eso que dicen que había un grupo de mil insurrectos tirando botellas. Eran muy pocos los que respondían a las agresiones de la policía, porque había gases lacrimógenos y no me extraña para nada el accionar represivo de la bonaerense; fue atroz, ilegítimo y salvaje. En los medios hablan de una confrontación entre iguales y esto fue represión en estado puro. Había criaturas, madres con nenes, embarazadas, y tipos haciendo choripanes u otras comidas a los cuales también le cayeron perdigones y proyectiles de gas”, aseveró.
Advirtió que los agentes que estaban de guardia en la Comisaría Segunda, le negaban la posibilidad de hacer un llamado telefónico esgrimiendo un pretexto insólito. “Nos decían que tenían que pedir autorización a la fiscalía y es sabido que no es así”, sostuvo y aclaró que no descarta iniciar acciones legales.
“Estoy todavía analizando los pasos a seguir. Sé que en Tandil la causa la tomó el Fuero Juvenil a cargo de una fiscal, pero por ahora lo que quiero hacer es acercarme a los organismos de derechos humanos y tener el acompañamiento de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, donde estudio Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Humanas”, indicó.
“No hubo una orden”
Considerando la experiencia vivida, Tumminaro se animó a descartar una premeditación de algún jefe policial y se inclinó por atribuir el accionar represor a la actitud de efectivos cuyo proceder avanzó sobre lo delictual.
“Cuando me reencontré con los otros chicos, estaban todos impactados por mi estado. Ellos estaban muy golpeados, pero la verdad que lo mío fue una locura. Lo primero que hice fue sacarme fotos y difundirlas en las redes sociales y ahí empezó a difundirse y hacerse más masiva la cosa. No podía quedarme con este entripado y la gente tiene que conocer el mensaje de represión que hubo. Fue un accionar altamente arbitrario. No hubo orden; por lo menos no escuché ninguna orden. Fue una cuestión de ensañamiento y de sadismo y totalmente arbitrario”, afirmó.
Lamentó que haya funcionarios que avasallan obligaciones que aceptaron cumplir, lo que no hace más que poner mayor distancia entre las fuerzas del orden y la comunidad. “El oficio de policía es cuidar a las personas y estar a la salvaguarda de la integridad física y esto (que ocurrió) no se condice para nada con los tiempos democráticos que vivimos. Un tipo sometido quince horas en una comisaría, con 30 tiros, es parte de un aparato represivo dictatorial de otro tiempo. No puede ser que sigan pasando estas cosas”, reclamó.
“Se me venían a la mente casos como el de Walter Bulacio, Ismael Sosa, tipos que fueron víctimas de ‘gatillo fácil’. Nunca pensé que un caso como el de Luciano Arruga me podría pasar a mí”, agregó.
El miedo cesante
Tumminaro recalcó que no hubo justificativo alguno para arrestar a las treinta personas que los policías se llevaron del ingreso al barrio Villa Aguirre. “De los treinta que se llevaron sólo uno estaba en estado de ebriedad. No es que habíamos consumido alcohol en exceso ni alguna droga. De ninguna manera está justificado el grado de violencia. Tengo mucho miedo porque esto me ha dejado muy traumado; también de que la policía de Tandil me reconozca”, culminó.
VOCES DE REPUDIO
-“Desde la Juventud Radical de Azul nos solidarizamos con todos los jóvenes que fueron brutalmente agredidos…en especial queremos brindar nuestro apoyo al azuleño Nicolás Tumminaro, quien fuese víctima del atroz accionar policial, sufriendo el impacto de más de treinta proyectiles de balas de goma en su cuerpo. La vejación a la cual fue sometido merece el repudio de todos nosotros, porque consideramos que hechos de esta naturaleza no se consustancian con los tiempos democráticos que nos tocan vivir. Es por este motivo que solicitamos a las autoridades judiciales pertinentes el esclarecimiento de este hecho de represión atroz e ilegítima”.
-“El Partido Gen Azul se solidariza con el joven Nicolás Tumminaro, quien el último fin de semana recibiera una salvaje agresión por parte de fuerzas policiales. Asimismo repudia enérgicamente tan lamentable hecho que es totalmente inconcebible y solicita a las autoridades correspondientes el esclarecimiento del mismo”.
-“Desde la Unidad Socialista para la Victoria de Azul repudiamos las agresiones de la policía bonaerense de Tandil durante el recital de ‘La Renga’. Exigimos una rápida investigación que informe quien fue el oficial jefe del operativo y los policías involucrados en los hechos de violencia”.
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