Claudio Marcelo Barcia es uno de los pocos habitantes que tiene hoy la localidad de Ibarra, situada a pocos kilómetros al sur de la planta urbana de Bolívar. Policía jubilado, se instaló hace unos años en el pueblo y poco a poco comenzó a compartir lo poco o mucho que se puede hacer en un lugar tan pequeño con el resto de los pobladores. Incluso, sin muchas opciones de rechazo, integró la Cooperadora de la escuela primaria del lugar, y ahí comenzaron los problemas que hoy continúan.
Este hombre, quizás poco conocido en Bolívar, de entrada quedó asombrado con la Escuela Nº 12, que después le traería varios dolores de cabeza. "Me asombró la primera fiesta a la que asistí, un 25 de Mayo, porque fui obligado y volví contento. Mucha gente, cosas para comer, mucho trabajo de los ex alumnos, y así fueron dos o tres fiestas más; pero con el tiempo eso se perdió porque la maestra, Claudia Félix, es bastante soberbia, pedante, no acepta críticas, sugerencias, nada".
Pero antes de descubrir lo que relató en el párrafo anterior, contó cómo entró a participar en la Cooperadora de la institución: "Primero ingresó mi señora, como pro secretaria, yo siempre fui apático para eso; pero ella colaboró, porque se da maña en temas de albañilería y demás, e hizo algunos trabajos, y si bien le quisieron pagar, siempre dijimos que no". Y continuó: "Llega el recambio Cooperadora, renunció Olga Gour-dón que hacía 15 años que era presidente, y vienen las elecciones, que no se publican en ningún lado, se hacen en una casa. Ahí la ponen de presidenta a mi señora, y yo, que nada tenía que ver, terminé de vocal".
Y ya de entrada comenzaron las dudas: "Le pregunté a mi señora si tenía que registrar la firma en algún lado y me dijo que no porque la rendición anterior de Cooperadora había rebotado en La Plata por mal hecha. Tampoco me supieron decir cómo estaba la perso-nería jurídica, la cuestión es que aceptó ser presidenta pero el manejo económico pasaba por otro lado".
Barcia contó que "en un momento se acercó Pablo Moriones, director del CEA Nº 8, a ofrecer las hectáreas que él maneja al costado de la vía, para que en ellas la escuela sembrara soja y se quedara con la ganancia. Oscar Gallo nos donó las semillas; con Pérez, el marido de la ex presidenta, arreglamos para que sembrara, fumigara y cosechara". Todo marchaba sobre rieles.
Pero además de su colaboración, Barcia seguía tratando de que las anomalías en los libros, por lo que no les habían aprobado el balance anterior, se corrigieran, y por ello vino a pedir ayuda al Consejo Escolar: "Yo tenía interés en ver los libros, el Mayor, un registro de socios, un registro de los integrantes de la comisión, etc. En algún momento la maestra le dio a mi señora el libro de actas para que yo lo firmara, y ahí noté también desprolijidades, porque tenían borrones y demás. En aquel momento yo no tenía dudas sobre la honestidad con que se manejaban, hoy ya no es tan firme ese pensamiento, sólo quería que aprendieran a hacer las cosas bien".
Cuando concurrió al Consejo Escolar, no tuvo eco, según contó: "El primer día me atendió una secretaria, muy bien, pero no había consejeros, estaban en reunión. Dejé dicho que pidieran los libros para tratar de que se corrigieran las desprolijida-des y se pudiera continuar bien. Cuando pidieron los libros, la actitud de la maestra hacia nosotros dio un vuelco tremendo".
Y siguió con el relato: "Volví al Consejo para saber qué había pasado con los libros que yo quería que pidieran para corregir, lo encontré al presidente, Jorge Salduon-do, a quien conocía de su época de inspector y nos habíamos saludado en alguna ocasión; pero acá fue distinto, yo venía como perro rabioso, y me sacó el cuerpo, se escondió. Y me derivaron a Mauro Pérez, que en ese momento no fue cordial conmigo; pero me dijo que esos problemas tenían solución".
Se concretó una reunión entre la Cooperadora en el Consejo Escolar "pero a mí no me dejaron entrar, sólo las maestras y las autoridades principales. Después de que hice algunas objeciones, nos dejaron pasar advirtiendo que en la reunión no tendríamos ni vos ni voto. Les advirtieron las faltas, a ninguna la consideraron grave. Quedaron en que iban a ir a la escuela a explicarle a la Cooperadora qué hacer para que los libros estuvieran bien".
Como pasó el tiempo estipulado y los consejeros no bajaron a la Escuela, Barcia volvió al Consejo Escolar: "Y me atendió Mauro Pérez; pero ya era otra persona, no chocamos, y se comprometió a ir él a explicar. Fue y dijo que estaba todo bien, y se me reían; pero yo seguía sin ver facturas, resúmenes bancarios, etc. El libro Mayor hacía 3 años que no se volcaba nada, y algunas notas estaban escritas con lápiz. En todo momento me dijo que no encontró defalco, sino desprolijidades (entre ellas un depósito tardío de más de 2 mil pesos que anduvieron 4 meses a las vueltas). Todo eso hizo que no me dieran ganas de continuar".
Pero la historia con el Consejo Escolar no terminó allí: "Vine nuevamente y como una vez más no había ningún consejero, pedí que me hicieran un acta. Ahí aparece María Luján Ballesteros, que me habían dicho que no estaba, y me atendió pésimamente, le faltó insultarme, a veces los gestos hieren más que las palabras. También lo hicieron venir a Mauro Pérez, que no tuvo problemas, fue el único elemento del Consejo Escolar que es para felicitar, tal vez no sea bueno, quizás lo sea ante tantos malos. En ese mismo acta renuncié junto con mi señora, para dejar el camino libre, que vayan a buscar los libros que quieran".
Pero no sólo ante el Consejo Escolar Barcia hizo estos reclamos, también fue a las Inspectoras de Educación: "Me encontré con Adriana Corbalán, a quien le expliqué mi problema, porque a partir de estas denuncias mías la maestra empezó a discriminar a mi hijo en la escuela. Pensé que iban a licenciar a la maestra por eso; pero no pasó nada, pese a que le entregué una nota en mano con la denuncia".
Barcia reconoció que algún llamado de la inspectora hubo hacia la docente porque las cosas cambiaron en los días siguientes a su denuncia, no mucho; pero hubo mayor actividad, más deberes en las carpetas, más salidas de la escuela. "Lo que sí notaba -contó- era que en clase hacían poco y también lo denuncié ante Corbalán, quien sospechó esa podía no ser la carpeta de mi hijo, en otras palabras, me trató de mentiroso".
El ahora habitante de Ibarra volvió a ir por el Consejo Escolar por este tema, volvió a no ser atendido, "tuve que tomar a Salduondo del brazo porque se me quería escapar", dijo en un momento, y hasta elevó documentación a La Plata, desde donde espera respuesta.
A raíz de una renunión con una inspectora, en la que no encontró la respuesta esperada y firmó en disconformidad y acta que le acercaron, y de que la maestra en cuestión inició días atrás el ciclo lectivo en la Escuela Nº 12 de Ibarra, es que Barcia decidió salir a los medios. Ya recorrió varios, aquí tiene su historia, una historia que seguramente continuará.
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