¿Usted habla de articular políticas en Salud porque se hará algo nuevo, o porque estaban directamente desarticuladas? “Sí, estaban desarticuladas”, respondió categóricamente el ministro Ricardo Corradi Diez. No es una anécdota acerca de un reportaje, ni un recorte subjetivo forzado hacia una realidad mayor. Es, simplemente, la constatación de que el gobierno de Omar Gutiérrez comenzó más temprano que tarde a ser lo que quiere, sin tutorías ni conducciones misteriosas en las sombras.
Esa realidad, la de un gobierno que acertará o se equivocará por sí mismo, sin necesidad de que alguien le sople qué es lo que debe o no debe hacer, es simple, y pertenece casi siempre al reino real de la política, aquí en Neuquén, en el país, en el mundo, en el presente y en el pasado. Allí está la historia para confirmar que cada vez que alguien quiso perpetuarse en el poder representado por otros, no lo consiguió, o al menos, no lo consiguió por el tiempo que esperaba conseguirlo.
En Neuquén se deslizó desde la política y los medios que Jorge Sapag seguiría gobernando desde las sombras del llano. Que Gutiérrez no daría un paso sin consultarlo antes. Que el ex gobernador mantendría el poder. Desde el diario Río Negro, con especial delectación, se sugirió esa línea de análisis, y por eso se le dio tanta importancia a quién tenía las llaves de la residencia de la Costa, y si hubo o no un increíble episodio de intento de usurpación por parte del vicegobernador Rolando Figueroa.
Cómo es la relación entre Jorge Sapag, Omar Gutiérrez y Rolando Figueroa, es algo difícil de conocer con datos objetivos. Desde la distancia que impone el periodismo para no caer en el chusmerío habitual, que muchas veces es fomentado por los mismos intereses vinculados al poder político, se puede especular con que no será tan distinta a la de personas que se conocen, han trabajado juntos, comparten un partido político como continente, y discrepan cada quien en sus objetivos personales. La política iguala muchas aspiraciones, nunca las personales.
Por ahora, para juzgar esta situación que obsesiona a quienes están pendientes del lado oscuro de la Luna emepenista, la sensación que surge de las primeras acciones del gobierno de Omar Gutiérrez es que el actual Gobernador está lejos de aceptar padrinazgos condicionantes. Parece, más bien, que cumplirá con la ley política no escrita de que los ahijados de los líderes circunstanciales de la historia buscan su propia luz, para generar sus propias sombras, sus propios recovecos estratégicos. Si hubo en algún momento un poder de veto a cualquier iniciativa surgida de quien hoy gobierna, fue posiblemente anterior a su asunción efectiva, en ese limbo extenuante que medió entre abril y diciembre del año pasado.
Lo cierto es que las primeras medidas del gobierno de Gutiérrez intentan llevar sello propio, no personalista, sino identificativo de una gestión singular, como en realidad debería ser y casi siempre es. Nadie puede decir, de aquellos que imaginan el lado oscuro de la Luna en el MPN, que no ha sido sorprendido, por ejemplo, por la creación de un área de Diversidad dentro de la cartera de Ciudadanía que conduce Gustavo Alcaraz, con la designación del peronista-kirchnerista Adrián Urrutia como director, y la integración de un equipo representante de Gays, Lesbianas, Transexuales y Travestis, en lo que implica una demostración pragmática formidable de la política y a la vez una innovación buscada con el objetivo concreto de demostrar la amplitud de la que es capaz el MPN renovado.
Lo mismo puede confirmarse en la afirmación del ministro Corradi citada al principio de esta columna, que hace referencia a la puesta en marcha de una descentralización de las licitaciones para comprar insumos en el sistema de Salud, que hasta ahora habían estado absolutamente centralizadas. Esa descentralización involucrará a cada dirección de hospital y también a la comunidad de cada hospital, incluyendo las representaciones sindicales. Puede ser una formidable arma contra la corrupción instalada en el Estado, o un fracaso estrepitoso. El tiempo lo dirá, pero nadie puede decir que no se innova respecto de la gestión anterior.
¿Hay cortocircuitos entre Gutiérrez y Figueroa? ¿O es simplemente una convicción nacida durante la campaña, y que es fogoneada con intereses dentro de la interna del MPN? Para ir con la prudencia necesaria, quitando las capas de la cebolla, sin dudar de que el bulbo de esta herbácea no será infinito y que por lo tanto en algún momento se llegará al corazón, el más blando, el más blanco, el más impoluto, conviene decir que desde esta columna se advirtió desde el inicio de la campaña del año pasado que la fórmula permanecería unida, tanto en campaña como en eventual gestión, sin que esto no significara que cada uno de sus componentes tuvieran objetivos comunes, y de los otros también.
“Descubrir” ahora que Gutiérrez no es lo mismo que Figueroa y que Figueroa no es igual a Gutiérrez, es como advertir sonoramente que la Tierra tiende a ser redonda. Las diferencias existen y cada quien buscará satisfacer sus ambiciones personales. Esto no significará, se afirma, y hay criterio elemental en esta afirmación, que empiecen a pelearse a poco más de un mes de la gestión, tirando bombas en la propia trinchera que los protege.
Por ahora, entonces, cabe marcar que hay indicios de singularidad y firmeza en el gobierno de Omar Gutiérrez. Que no se observan tutelajes ni padrinazgos plenos de sabiduría a la vista, más allá de que ocasionalmente existan. Que hay una interesante intensidad en la gestión, que se corresponde con una llamativa búsqueda de la posibilidad de criticar antes de tiempo. Y que el año no será para nada fácil, en una Argentina de economía frágil y contrastante.
Además, está lo obvio: así como a Mauricio Macri le alcanza con hacer las cosas al revés de lo que hizo durante 12 años el kirchnerismo, bajo la prédica de decir la verdad (aunque esa verdad no sea agradable, en muchos casos), a Omar Gutiérrez le alcanza con ser él mismo para diferenciarse en un gobierno-partido que estuvo casi toda su vida regido por la marca de los caudillos.



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