Escribe OMAR BELLO - (Twiter @lavidaesbello) - Cuando el justicialismo empieza a hacer agua en materia económica rescata ideas ya probadas (y con poco resultado) en la Rusia comunista.
Mientras una parte del justicialismo mira la realidad y asume que la inflación es producto de los malos manejos económicos, otra (corriente en la que parece enredado el boticario) recurre a lo peor del partido fundado por Perón y esgrime soluciones que, en la práctica, no son más que juegos para la tribuna. Ya pasó con aquellos camiones de carne o pescado “para todos”, donde los vecinos debían hacer horas de cola frente a unos camioncitos ridículos que estaban para la foto.
Dado que la inflación ahora sí preocupa a una población que ve cómo se desintegra su poder adquisitivo, los justicialistas ortodoxos decidieron hacer aquello que mejor saben: Encontrar un culpable. Los aumentos no tiene nada que ver con la cadena de desastres que se vienen implementando (mentiras estadísticas incluidas) desde el Ministerio de Economía y son producto de comerciantes maléficos capaces de remarcar con el único objetivo de hacerse millonarios y perjudicar al gobierno nacional y popular.
Dado que los precios cuidados y otras yerbas resultaron inútiles, los cráneos liderados por Samid y seguidos por personajes como Traverso, decidieron replicar mercados centrales en todas partes del país. ¿Lo peor? Ninguno de ellos es tan tonto ni piensa en las bondades de esta aventura que sólo redundará en una cantidad de predios que fundirán biela en meses (por no hablar de los “negocios” que comenzarán a formarse), y generarán un nivel de expectativas que en la práctica nadie podrá cubrir.
Igual que en la Rusia comunista, la idea de crear cadenas de comercialización paralelas no es la solución a nada. Aún con buena voluntad, los Mercados Centrales jamás podrán reemplazar a una cadena de comercios compleja y extendida. A lo sumo crearán un polo mínimo que en el contexto general ni siquiera servirá a la hora de mover la aguja inflacionaria.
Alberto Samid, el mítico “Rey de la carne”, abrazó esta causa con devoción pero sus explicaciones huelen a cortina de humo. Sospecho que al fotografiarse con él Gustavo Traverso sólo busca recuperar algo de su alicaída imagen política. De hecho, prefiero pensar así a afirmar que de verdad cree en este nuevo cuento del tío.
El problema de estos proyectos rimbombantes no es tanto la creación de un Mercado Central en la zona; después de todo está en su derecho y si quiere armar un nuevo elefante blanco con destino de cementerio no será el primero ni el último político en hacer tonterías. Sí desesperan dos cosas. Primero, la forma en que la clase política nos toma por tontos, planteando soluciones que están lejos de soportar el mínimo de lógica. ¿Así se para la inflación?
No señores, estos proyectos representan un juego de distracción tendiente a demonizar a terceros por cuestiones que no resuelve el gobierno. Antes era la p… oligarquía y hoy son los almaceneros o supermercadistas que quieren voltear las maravillas K. Segundo y lo más preocupante desde mi punto de vista, pasa por tener una oposición que pierde tiempo en estos relatos llenos de mentiras en lugar de ocupar su cabeza con cosas realmente trascendentes y en las que de verdad podría influir. Y todo en una semana donde la violencia nos partió al medio. Don Traverso: ¿No le parece que ya tenemos bastante como para que se ponga a jugar al almacenero? Si esa es su vocación atienda la botica y deje el campo político a gente que use su cargo para enfrentar realidades, no construir fantasías.



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