Guillermo Posadas y Horacio Piombo: ¿Justicia para los niños?

Guillermo Posadas y Horacio Piombo: ¿Justicia para los niños?

Piombo provocó rechazo e indignación y dejó al descubierto fallos que fueron contra la integridad infantil

SALTA.- Los cuestionados fallos del juez Horario Piombo y el espejo local, una controversial resolución de Guillermo Posadas, nos llevan indefectiblemente a algunas reflexiones. Abusar de un niño es romper para siempre una vida, es arrancar de cuajo la inocencia y negarle una vida plena y no hay delito más condenable que ese, no existe justificativo humano ni jurídico para justificar o morigerar una acción de ese tipo. Sin embargo, la Justicia argentina parece desconocer esto.

El juez Horacio Piombo resolvió reducir la pena de un pedófilo a una condena excarcelable. Su justificación es inaceptable bajo todo punto de vista: "No puede ser ultrajado un niño que está acostumbrado a ser ultrajado en su casa y que está habituado a la sexualidad y que tiene una orientación homosexual".

Piombo también ultrajó al niño y en su fallo deja entrever que para él, su supuesta condición homosexual, justifica el abuso, por otro lado si la víctima era abusada, era su responsabilidad terminar con esa situación y protegerlo y no usar este hecho para aliviar la pena del victimario.

Américo Incalcaterra, representante de la Oficina Regional para América del Sur del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), señaló que la sentencia "vulnera los estándares internacionales y el principio del interés superior del niño contenido en los tratados de derechos humanos ratificados por la Argentina".

Según el funcionario, "los argumentos revictimizan, estigmatizan y discriminan al niño que ha sufrido el abuso sexual y desconocen un derecho fundamental reconocido en la Convención sobre los Derechos del Niño, como lo es la protección contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, incluido el abuso sexual, que tiene que brindar el Estado en su conjunto sin distinción alguna".

Y finalmente sostuvo que: "Los jueces al ser garantes de la aplicación de los tratados internacionales ratificados por el país deben siempre tener en cuenta al interés superior y la protección integral de niños, niñas y adolescentes, evitando que sean discriminados y revictimizados".

Lo lamentable es que no es un caso aislado en nuestro país. En el 2005 la Corte de Justicia de Salta fue noticia nacional, cuando la mayoría de sus miembros dictaminó que por razones culturales, el abuso sexual a una niña de nueve años era aceptable, argumento que contó con el sustento intelectual de Víctor Márquez, un antropólogo de la Universidad Nacional de Salta.

El máximo cuerpo judicial estaba compuesto por: Guillermo Posadas, quien presidía y preside la Corte, Omar Antonio Silisque, María Rosa Ayala y María Cristina Garros, la única de los ministros que se opuso al dictamen. En la sentencia del 29 de septiembre de 2006 anularon el procesamiento por abuso sexual con acceso carnal reiterado de José Fabián Ruiz, el padrastro violador y ordenaron que se llevara adelante otra vez la instrucción del caso a la luz de los preceptos constitucionales que garantizan el respeto a la "preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”. Particularmente pidieron que se pondere una pericia antropológica, presentada por la defensa, que sostiene que es "costumbre ancestral” entre los wichís que "las mujeres puedan mantener relaciones sexuales consentidas a partir de su primera menstruación”.

Hoy la niña wichi tiene 19 años y un hijo de diez. Vive en la pobreza extrema y esta vez los "preceptos culturales” no la ayudaron a mejorar su situación ni la de su niño. A la luz de los hechos Piombo y Posadas estarían cómodos en un tribunal del Estado Islámico que basan todos sus fallos en preceptos religiosos, de costumbres y culturales.

La pedofilia es un flagelo mundial que afecta a millones de niños y con sólo un vistazo rápido a las principales noticias en internet, se puede comprobar que son miles los procedimientos, juicios y desmantelamiento de redes pedófilas en sólo un año. La lucha contra esta inmunda práctica es cada vez más desigual con la masificación de las redes sociales. El abuso infantil no es una costumbre, ni una posibilidad sexual, es un delito y la Justicia debe actuar con todo su fuerza para castigarla. 

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