La guerra de la droga jaquea a Calderón

La guerra de la droga jaquea a Calderón
La estrategia del mandatario de militarizar Ciudad Juárez, la ciudad más violenta del mundo, no ha generado los resultados esperados
Si Roberto Bolaño viviera, tendría que seguir narrando los crímenes perpetrados en esa ciudad imaginaria llamada Santa Teresa. Como en 2666 , la novela póstuma del escritor chileno, la muerte no tiene fin en la Santa Teresa real: Ciudad Juárez, la ciudad más violenta del mundo, capital de la impunidad, cementerio de mujeres y máxima expresión de la hasta ahora fallida estrategia del presidente mexicano, Felipe Calderón, en su lucha contra el crimen organizado.

Es en Ciudad Juárez donde Calderón ha encontrado una mayor resistencia por parte de ese enemigo de cien cabezas que parece imbatible: el narcotráfico. La estrategia de desplegar 50.000 soldados en los estados más calientes del país ha fracasado estrepitosamente, según los expertos.

En los tres primeros años de gobierno de Calderón se registraron en todo el país más de 15.000 muertes vinculadas al crimen organizado. Sólo en los primeros 75 días de este año, el contador de la muerte ya ha superado las 2000 víctimas. Son cifras de un país en guerra. Pero más allá de la detención de algunos capos de segundo nivel, la estrategia del gobierno no ha podido frenar la violenta ofensiva de los grandes carteles, que libran una guerra en dos direcciones: entre ellos mismos, en su lucha por el control de territorios, y contra el Estado mexicano, lo que deja en el camino miles de víctimas colaterales.

El reciente asesinato de una funcionaria del consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez y de su marido ha disparado las alarmas al norte del río Bravo. Cometido a plena luz del día, el crimen contra la pareja de estadounidenses lleva el sello inconfundible del narcotráfico. Washington ya ha anunciado que se dedicará en cuerpo y alma a esclarecer esos asesinatos y ha calificado la estrategia de Calderón de "ineficaz".

Pero ¿por qué decidió Calderón lanzar esa ofensiva contra el narcotráfico involucrando a los militares? Para Sergio González Rodríguez, autor de varios libros sobre el tema del negocio de la droga, "el gesto de Calderón buscaba validar su llegada a la presidencia después de un proceso electoral muy cuestionado". El escritor y periodista mexicano no cree que el Estado mexicano haya declarado guerra alguna contra los carteles de la droga: "Nunca hubo tal guerra, porque el ejército fue enviado a tareas de gendarmería sin ningún propósito serio de combatir al narcotráfico. Lo demás es mala propaganda del gobierno".

Esa negligencia gubernamental llevó en diciembre pasado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos a dictar una sentencia contra el Estado mexicano por violaciones de los derechos humanos relacionados con el "caso del campo algodonero", uno más entre tantos otros sin respuesta oficial, desde que a partir de 1993 comenzaran a aparecer en terrenos baldíos cadáveres de mujeres con signos de torturas y abusos sexuales. Desde entonces, unas 500 mujeres han sido asesinadas y otras tantas han desaparecido en Ciudad Juárez.

Según las organizaciones de derechos humanos, la llegada de unos 6000 soldados a Ciudad Juárez no ha hecho sino empeorar las cosas. Las denuncias por abusos de los militares contra mujeres proliferan. Pero lo que sí ha cambiado es la imagen de la ciudad. A la estampa habitual de autos con los cristales polarizados que avanzan en cámara lenta en busca de alguna presa se ha unido la de soldados que patrullaban las calles armados hasta los dientes, como si aquello, en vez del norte de México, fuera Bagdad. Pero no es Bagdad, para desgracia de los juarenses. La capital iraquí ocupa el décimo lugar entre las urbes más violentas del mundo y Ciudad Juárez, el primero, con 191 homicidios por cada 100.000 habitantes, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública. En 2009 perdieron la vida de forma violenta más de 2500 personas (un tercio de los asesinatos perpetrados en todo el país), y desde que comenzó el año, ya se contabilizan unos 500 asesinatos.

EE.UU., mercado de armas

Paradójicamente, al otro lado de la frontera de la caótica y peligrosa Ciudad Juárez se extiende El Paso, la ciudad con menos criminalidad de Estados Unidos y el supermercado de armas donde se abastecen las tres bandas juarenses más peligrosas: los Aztecas, los Artistas Asesinos y los Mexicles. La impoluta ciudad de El Paso es también la primera estación para el tren de la droga que parte de México, como recordó hace unos días la canciller mexicana, Patricia Espinosa. "Si en el vecino del Norte no reducen el consumo de drogas, la violencia continuará en México", dijo Espinosa.

Calderón ha viajado a Ciudad Juárez tres veces en los dos últimos meses. En su segunda visita, tras el asesinato de 16 jóvenes que participaban en una fiesta, el mandatario anunció un plan social para amortiguar la violencia. Más salud, más educación y más ayudas sociales complementarán a partir de ahora la acción policial. Las autoridades advirtieron que más de la mitad de los jóvenes de esta ciudad de 1,4 millones de habitantes ni estudia ni trabaja. ¿Para qué hacerlo, si pueden ingresar en la hermandad del crimen organizado y llegar a vivir algún día a cuerpo de rey, como sus ídolos, los Carrillo Fuentes, jefes del cártel de Juárez, o como Joaquín Guzmán ("el Chapo"), capo del cartel de Sinaloa, que libra una enconada batalla contra el de Juárez por el control de las rutas de la droga?

Así, en dos décadas, Ciudad Juárez pasó de próspero enclave industrial a cementerio clandestino. Con una parte de la policía "poco recomendable", en palabras de Calderón, y una clase política bajo sospecha, la ciudad amanece cada día contando los muertos del día anterior. Es la más violenta del mundo, más salvaje incluso que la imaginaria Santa Teresa.

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