La falencia es reconocida por diversos actores. En la órbita pública el servicio funciona como un consultorio para la atención ambulatoria, pero no hay equipamiento ni personal para la realización de prácticas de mayor complejidad. Las consultas recaen en el sector privado, donde no todos los espacios cuentan con servicio las 24 horas.
A menudo esta situación se pone en evidencia en dos circunstancias concretas: a fin de año en época de festividades donde son frecuentes las lesiones oculares a causa de la inadecuada manipulación de pirotecnia; y en cualquier momento del año cuando ocurre un accidente o emergencia que derive en la necesidad de avanzar en prácticas más complejas que la consulta ambulatoria.
El viernes pasado el ingreso a la Guardia del nosocomio de una paciente con una herida cortante en la esclerótica -parte blanca del ojo- y su posterior derivación a un centro especializado como el Hospital Santa Lucía, puso nuevamente sobre el tapete una vieja demanda: la necesidad de contar en el nosocomio público con un servicio de oftalmología preparado para la asistencia, atendiendo al carácter interzonal para la atención de agudos que posee el establecimiento sanitario con sede en nuestra ciudad.
Montar un servicio de este tipo, alto en complejidad y costoso en tecnología, no es una decisión que dependa de las autoridades del nosocomio; cabe al Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires planificar esta acción que resolvería un déficit del sistema de salud regional.
Independientemente de que un servicio de esta naturaleza pudiera realizar intervenciones -como las que se concretan en centros altamente especializados- una guardia oftalmológica durante las 24 horas resolvería la primera atención de un cuadro agudo y posibilitaría aceitar los mecanismos de derivación. Además dotaría al nosocomio de una prestación que no se brinda en la actualidad por cuanto la oftalmología queda reducida a la atención por consultorios externos.
En la actualidad, en el ámbito hospitalario el Servicio de Oftalmología funciona para la atención de consultorio, tres veces por semana y el anunciado proyecto de conformar un Centro Regional de Oftalmología, no experimentó avances (ver aparte: Un proyecto que no vio frutos).
En el sector privado
En lo cotidiano la atención oftalmológica queda prácticamente reducida a la órbita privada y las guardias tampoco se consiguen durante las 24 horas en todos los lugares de atención; lo que constituye un problema por cuanto hay muchos usuarios del sistema público de salud que no tienen la posibilidad de acceder al servicio por los costos que implica.
En atención primaria
El año pasado el Municipio adquirió el equipamiento e incorporó un profesional afectado a la prestación oftalmológica en el sistema de atención primaria. El servicio se presta en el primer nivel, para consultas y controles de rutina orientados a la detección de diversas patologías, con un esquema programado, pero tampoco hay estructurado un dispositivo de Guardia.
Una necesidad reconocida
Fuentes hospitalarias consultadas por LA OPINION reconocieron que el Hospital está muy lejos de poder contar con un servicio de Oftalmología con guardia permanente; también es lejana la posibilidad de practicar cirugías oftalmológicas porque es una especialidad que requiere de equipamiento muy caro.
Asimismo señalaron que nunca se le dio continuidad a las gestiones que habían sido iniciadas con un especialista de la localidad de Tres de Febrero, el doctor Jorge Pardo, que había llegado a Pergamino por medio de vinculaciones de la anterior gestión hospitalaria y encauzadas en el seno del Consejo Provincial de Salud.
Un proyecto, que no vio sus frutos
En 2010, durante la gestión de los doctores Gerardo Monacci y Hugo O’Brien, el Hospital de Pergamino había establecido algunos contactos para fortalecer la prestación del servicio de Oftalmología en el nosocomio, mediante un acuerdo con el Hospital Oftalmológico de la localidad de Tres de Febrero. Aunque se realizaron algunas acciones que se tradujeron en controles oftalmológicos que estuvieron a cargo de profesionales de ese centro y se visitaron los quirófanos para ver la capacidad instalada, la iniciativa terminó diluyéndose en el tiempo y nunca consiguió ponerse en marcha.
En aquellos anuncios, el vocero de la iniciativa fue el doctor Hugo O’Brien, en ese entonces director asociado médico que describía la compleja situación de la ciudad en materia de Oftalmología y describía alcances del proyecto: “La premisa es completar nuestros planteles de oftalmología y reunir la aparatología necesaria para poder avanzar en prácticas que son una necesidad importante. Estamos trabajando arduamente para conseguir los recursos y la infraestructura necesaria para montar una guardia permanente de Oftalmología. La mayor dificultad es que se requiere de una aparatología sumamente costosa que el Ministerio de Salud no está en condiciones de aportar en este momento.
“El proyecto en el que trabajamos contempla la posibilidad de que profesionales del Hospital Oftalmológico de Tres de Febrero viajen con la aparatología para realizar cirugías y pruebas programadas, y que el profesional que actualmente presta el servicio en el nosocomio pueda hacerse cargo de las guardias. Nuestra idea es que el Hospital cuente con una guardia de Oftalmología permanente, con una prestación que pueda brindarse durante las 24 horas”.
Luego de un problema de salud del doctor Pardo, especialista de referencia del equipo de profesionales de Tres de Febrero y del cambio en la conducción hospitalaria, estas gestiones no siguieron su curso por lo menos en forma pública.
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