El 70% de los pacientes llega por afecciones banales, que podrían pasar por consultorios externos. "Hay situaciones que nos desbordan", admitió el jefe del área.
Traumatizados, moribundos, en riesgo cardíaco, afectados por fuerte dolor abdominal, adictos en coma, accidentados en tránsito, "locos" de dolor de oídos, afectados en la visión, fracturados y hasta niños. Todos al mismo tiempo comparten la sala de espera de la guardia del hospital San Bernardo, pero solo el 30% son emergencias o urgencias.
De ese conjunto, algunos son atendidos enseguida, otros tienen que esperar más o menos tiempo. Entonces sobrevienen quejas airadas, enojos, reclamos y hasta reacciones violentas porque la afección de cada uno es la más importante. Todos tienen la expectativa de alivio a sus padeceres, y lo antes posible, en ese sitio que es punto vertebral de la atención pública de la salud que mensualmente recibe unas 10 mil consultas, por todo concepto.
Este número, precisamente, es el quid de su funcionamiento. El 70 por ciento son afecciones espontáneas o banales, que deberían ser atendidas en otros centros o, quizá, deberían pasar por consultorios externos. El dato surge de las estadísticas oficiales de la jefatura del Programa de Emergencias del complejo asistencial, a cargo del doctor César Paco Leaños, desde hace algo más de dos años, quien dijo que están trabajando "al límite de la capacidad operativa", pero con la "máxima optimización de los recursos, físicos y humanos". Y abundó: "Nosotros trabajamos en la guardia como si fuese una terapia intensiva".
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