Tras el levantamiento del corte, los asambleístas difunden sus ideas al costado de la ruta
Las marcas del conflicto continúan: los autos con patente uruguaya siguen sin aparecer. "De cada cien autos, uno es uruguayo", dice con una sonrisa José González, el veterano cuidador de la precaria casilla que sirve de refugio a los asambleístas. "¡Cómo me gustaría cortarles de nuevo!", dice Máximo Fernández, uno de sus habituales compañeros de tardes y noches en la ruta, mientras ve pasar, sin frenar, una camioneta hacia Buenos Aires.
En una jornada sin incidentes, y aunque no llegan a la decena, los asambleístas aprovechan la tranquilidad del lugar para seguir difundiendo su mensaje en contra de la pastera UPM (ex Botnia). Tras una mañana en la que repartieron volantes, una delegación de estudiantes de turismo de la Universidad Nacional de Mar del Plata llega al lugar del corte para una charla con el asambleísta y psicólogo Mario Boari.
Los chicos, que no superaban los veinte años, tienen muchas preguntas y ponen en aprietos al asambleísta. "Ustedes dicen que cuidan el medio ambiente. Pero ¿Greenpeace no los acompaña?", pregunta un chico con equipo de gimnasia azul. "Lo que pasa es que ellos no aceptan la relocalización; quieren que no haya más pasteras en ningún lado. Ahí diferimos", contesta el conferencista.
La mirada estudiantil
"Pero si no hay papeleras, no hay papel. ¿Ustedes quieren eso?", inquiere otra estudiante, con mechón rubio teñido. "Buena pregunta. No tenemos esa visión retrógrada, y queremos pasteras que no contaminen", contesta el psicólogo, acompañado por otros tres asambleístas. "¿Y no pueden cortar el río?", dice otro estudiante alto y con acné. "A los medios como Clarín y LA NACION no hay que creerles. Más que informar, desinforman", afirma Boari. "¿A ustedes les preocupa también una pastera que está acá a unos kilómetros, por el río Uruguay?", compromete un universitario que se había quedado callado. "Nos interesan todas las pasteras. Tomamos nota", se sorprende una de las asambleístas.
Al final, llega el espacio para la sinceridad. "La verdad es que no creemos que Botnia se vaya. En eso es una lucha perdida. Pero quizá logramos que otras pasteras no vengan a instalarse acá o, al menos, que se vayan antes de los 40 años de contrato", confiesa Boari.
Los autos siguen pasando sin problemas por Arroyo Verde. Son las seis de la tarde y no más de cinco asambleístas que se quedaron hasta esa hora a la vera de la ruta preparan la enésima ronda de mate.
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