Los grupos anarquistas irrumpen con fuerza en las protestas de Brasil

Los grupos anarquistas irrumpen con fuerza en las protestas de Brasil
Río y San Pablo pasaron una noche de furia tras los violentos choques del grupo Black Bloc con la policía; los radicales se infiltraron en marchas de docentes y estudiantes

Las calles de Brasil se están volviendo a calentar. San Pablo y Río de Janeiro sufrieron una noche de furia con feroces enfrentamientos hasta la madrugada de ayer entre la policía y grupos anarquistas, que dejaron por lo menos 264 detenidos y, por primera vez, un herido de bala, luego de nuevas manifestaciones por reclamos educativos.

El centro de Río amaneció ayer con escenas de destrucción: edificios públicos cubiertos con grafitis y con sus ventanas rotas, estatuas víctimas del vandalismo, sucursales bancarias, negocios y restaurantes destrozados, montañas de basura aún humeando y un reguero de piedras, palos, botellas y latas de gas lacrimógeno por todos lados como resultado de los disturbios protagonizados por miembros encapuchados del movimiento radical Black Bloc y la policía militar.

Los choques comenzaron después de que, al conmemorar el Día del Maestro, unos 10.000 educadores estatales y municipales marcharon pacíficamente hasta la plaza de Cinelandia para ratificar una huelga parcial iniciada hace dos meses, en demanda de aumentos salariales y en rechazo a la reforma en la carrera docente.

Al desmovilizarse los maestros, ya al caer la noche, unos 300 jóvenes identificados como Black Blocs lanzaron ataques contra el patrimonio público y privado de la ciudad, lo que dio inicio a una feroz represión.

En los choques resultó herido el manifestante Rodrigo Azoubel, de 18 años, que recibió dos balazos en los brazos, presumiblemente de disparos policiales. El joven fue trasladado a un hospital, donde fue operado. Ayer se recuperaba de las heridas sin que su vida corriera riesgo.

"Quien participa de una manifestación no puede ser herido de bala. Eso es lamentable", se quejó el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de Abogados de Brasil, Marcelo Chalreo.

En total, hubo 208 detenidos por los actos de vandalismo en Río, ciudad-vidriera de Brasil, que está haciendo enormes esfuerzos para prepararse para ser una de las sedes del Mundial de fútbol de 2014 y recibir los Juegos Olímpicos de 2016.

En San Pablo, en tanto, unos 3000 estudiantes se manifestaron en el Largo da Batata, en la zona oeste de la ciudad, cerca de la Ciudad Universitaria, en reclamo de mejoras educativas y para exigir elecciones directas de los rectores de la Universidad de San Pablo y de la Universidad de Campinas. La situación se descontroló cuando un grupo de enmascarados comenzaron a depredar un negocio de muebles y luego ingresaron a una estación de subte para continuar con los destrozos. Por lo menos 56 manifestantes fueron detenidos.

Desde que en junio último cientos de miles de brasileños salieron a las calles de las principales ciudades en demanda de mejores servicios públicos, en contra de la corrupción y en rechazo del despilfarro de dinero para la construcción de estadios para el Mundial, las protestas se volvieron menos masivas y regulares, pero más específicas y, también, más violentas. De hecho, los analistas creen que lo que hizo disminuir la participación de muchos ciudadanos en las manifestaciones de los últimos meses ha sido la violencia.

"La ola de junio ganó mucha magnitud por la violencia con la que la policía respondió a las primeras protestas. Desde entonces, se creó un círculo vicioso en el que los actos de violencia de algunos grupos de manifestantes ahuyentaron a mucha gente", explicó a LA NACION João Trajano, coordinador del Laboratorio de Análisis de la Violencia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Ya sea en protestas de transportistas, maestros, indios o estudiantes, siempre han aparecido jóvenes pertenecientes al movimiento anárquico Black Bloc que descarrilan las marchas, provocan una fuerte reacción policial y terminan opacando la agenda específica de reclamos de los manifestantes.

Surgido en Alemania, en reacción a la represión policial de principios de los 80, los Black Blocs se caracterizan por las tácticas de protesta violenta de sus jóvenes miembros, su vestimenta totalmente negra y su falta de organización y liderazgo. Atrajeron la atención internacional durante las manifestaciones contra la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, Estados Unidos, en 1999, y desde entonces se esparcieron por varios países, entre ellos Brasil.

Aquí es muy difícil establecer un perfil exacto de quiénes adhieren al movimiento. Sus seudolíderes rehúsan hablar con la prensa, no tienen una ideología política orgánica y articulada y se convocan a través de las redes sociales. Por lo que se vio en las calles brasileñas desde junio, se trata en su mayoría de jóvenes de clase media baja, de entre 15 y 35 años, pero en sus filas hay infiltrados de partidos políticos de izquierda revolucionaria y oportunistas pertenecientes a organizaciones criminales que buscan generar desestabilización.

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