El Grupo Patrimonio Histórico difundió la opinión del Arquitecto Oscar Luna sobre la remodelación de La Terminal que anunció el Municipio. “Muestran un proyecto de reforma, que no comparto” dijo Luna.
“Nosotros de Patrimonio HISTORICO agradecemos dar difusión, al comentario del Arquitecto Oscar Luna enviado a nuestra página, ante las lamentables e inoportunas decisiones de poco a poco destruir nuestra memoria histórica” señalaron.
La opinión del Arquitecto Luna
“Hoy, 27 de marzo de 2017, repasando los diarios locales, con sorpresa descubro unas imágenes renderizadas que muestran un proyecto de reforma, que no comparto.
La intervención de éste bien patrimonial arquitectónico, tan caro a nuestros sentimientos, debiera ser la resultante de una discusión, donde todos los ciudadanos interesados en el tema podamos tomar partido, no merecemos quedar excluidos de la decisión final.
¡Aún queda tiempo para el rescate! ¡Ojalá prevalezca la razón!”
Sobre el edificio de La Terminal
En la Avenida Pringues al 3150, muy próxima a la estación de trenes, se encuentra emplazada esta significativa obra que durante años resultara la imagen marketinera de las postales olavarrienses.
Fue concebida por encargo municipal, al arquitecto Héctor Vazquez Brust, e inaugurada en 1969.
En su estado originario, ésta obra de estilo Moderno y diseño total, con acabados detalles como los bancos de estructura metálica y cuero tensado, mostradores revestidos en dolomita dorada de la zona, al igual que maceteros y fuentes, sorprendió gratamente, tanto por su diseño como por la avanzada tecnología, ya que contaba con un sistema lumínico vanguardista, de señalización, de audio, tableros electrónicos y hasta aparatos de TV cuando ni siquiera había señal adecuada.
Fue concebida sobre una planta rectangular con capacidad para nueve dársenas y un sector de boleterías ubicadas en posición paralela a la vereda, a continuación el área de espera, un cómodo y definido espacio con panorámicas visuales.
La confitería fue ubicada en uno de los extremos. A media altura un extendido entrepiso que, a modo de reproche, nunca encontró su verdadero destino.
Se construyó un subsuelo con instalaciones sanitarias y locales comerciales, y un túnel peatonal como conector de la traza urbana.
La cubierta es un plegado de hormigón, apoyado sobre doce columnas redondas de gran porte. A causa de la esbeltez de las mismas, al momento de realizar el desencofrado, el estructuralista duda sobre su estabilidad, resuelve agregar, a manera de tensores una cruz de San Andrés, para evitar el pandeo, el proyectista, actuando en consecuencia y con magno oficio, materializa una solución mediante un diseño formalista de corte indo-americano, añadiendo galanura donde solo había una dificultad estructural.
Finalmente el edificio se cierra con carpintería de aluminio y vidrio, dejando para las partes bajas, por cuestiones de privacidad, la colocación de planchas de dolomita dorada de diferentes y muy bien combinados matices.
Los pisos de gres cerámico ocultan un sistema de calefacción por losa radiante.
Algunas consideraciones:
En los últimos años la tecnología cambio y con ella, los ómnibus. De este modo parecieron los de gran porte y doble piso.
Los destinos se ampliaron, junto con las concesiones para nuevas línea de transporte, además del aumento sistemático del número de pasajeros.
Todo ello contribuye para que la Terminal hoy resulte chica, sin escala suficiente para un tráfico masivo.
El mantenimiento en los últimos años ha sido casi nulo, lo que se deteriora no se repara, se deja fuera de función.
La Terminal de Ómnibus es uno de los bienes patrimoniales del modernismo vernáculo más importante y se encuentra en serio riesgo de extinción.
Se deberá repensar su destino. ¿Será necesario trasladar la Terminal a otro sitio y a ésta restaurarla y darle otra función, o por el contrario ampliarla y adecuarla a las nuevas necesidades?
Hoy, 27 de marzo de 2017, repasando los diarios locales, con sorpresa descubro unas imágenes renderizadas que muestran un proyecto de reforma, que no comparto.
La intervención de éste bien patrimonial arquitectónico, tan caro a nuestros sentimientos, debiera ser la resultante de una discusión, donde todos los ciudadanos interesados en el tema podamos tomar partido, no merecemos quedar excluidos de la decisión final.
¡Aún queda tiempo para el rescate! ¡Ojalá prevalezca la razón!
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