Gross, un peligroso "espía" para el régimen

Gross, un peligroso

El estadounidense cumplía una condena de 15 años en la isla

Alan Gross, el estadounidense de 65 años liberado ayer en La Habana, seguramente no era un "trabajador humanitario" común y corriente de los que llevan alimentos o medicinas a las poblaciones carenciadas en el mundo en desarrollo, pero tampoco fue un superespía en condiciones de poner en riesgo al régimen castrista.

En una isla donde, según Washington, la población tiene sed de más libertades, la misión oficial de Gross, como contratista de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), era ayudar a que la comunidad judía cubana "pueda hacer lo que hacen los ciudadanos en la mayor parte del mundo: conectarse a Internet, comunicarse, ofrecer y expresar sus puntos de vista", dijo el Departamento de Estado norteamericano.

Pero en un país como Cuba, en el que el régimen comunista es el encargado de proveer todas las necesidades de la población, el acceso a Internet fue siempre una cuestión que el gobierno consideró, en todo caso, como un derecho privativo para instituciones, empresas y un pequeño grupo de poco más de 100.000 personas, entre ellos intelectuales y científicos. Sólo en 2009 el gobierno amplió la cobertura, pero a costos prohibitivos para la mayoría.

En ese contexto, Usaid firmó un contrato por 8,6 millones de dólares con la empresa Development Alternatives Inc. que designó a Gross, un especialista en conexiones satelitales para poblaciones distantes. Así, sin ninguna invitación del gobierno cubano y con visa de turista, Gross trabajó en La Habana desde marzo hasta diciembre de 2009, cuando fue detenido.

Este especialista que estudió Trabajo social en la Universidad de Maryland y en la Universidad Comunitaria de Virginia (ambas al nordeste de Estados Unidos) llevó a la isla computadoras, teléfonos celulares, discos duros y equipos de telecomunicaciones.

Pero el artículo más sensible, según el reporte oficial de los viajes del contratista estadounidense, fue el último: un chip informático para teléfonos celulares que suele ser usado por la CIA y el Pentágono para evitar la detección electrónica de señales telefónicas.

Durante el juicio de marzo de 2011, Gross fue acusado de "actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado", y sentenciado a 15 años de prisión.

En estos años en prisión, su salud se deterioró enormemente, como se pudo apreciar ayer en su primera conferencia de prensa tras su regreso a Estados Unidos.

En mayo pasado, al cumplir 65 años, Gross había dicho que sería su último cumpleaños en la cárcel, "signifique lo que signifique". El mensaje, casi premonitorio, tuvo ayer un desenlace feliz.

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