Las restricciones podrían provocar pérdidas que se estiman entre 1500 y 3000 millones de dólares. También hay sectores que ganan.
Es como un golpe sobre una lastimadura. Por la menor circulación de personas y, en algunos casos, por el cierre de negocios que dispusieron algunas jurisdicciones del interior, la actividad económica general se verá ineludiblemente afectada. Menos personas en cines, en teatros y en restaurantes, es la previsión de mínima. El extremo sería que se dispusiera el cierre de los shoppings, algo que por ahora no está en la mira de nadie.
Pero las cosas ya no estaban muy bien para los comerciantes. Según una encuesta periódica que realiza la Cámara de Comercio, durante junio, el 80 por ciento de los encuestados sostuvo que sus ventas disminuyeron respecto del año anterior y más del 42 acusó dificultades en las cobranzas. Un panorama similar al que pinta la consultora CCR, que analiza el consumo de alimentos, bebidas y productos de limpieza y tocador en las grandes cadenas del retail.
Los números de esos informes dan cuenta de cómo en los primeros cuatro meses del año la facturación en ese segmento aumentó un 27 por ciento promedio en los supermercados (parte se debe al aumento de precios, sólo una menor proporción al de más cantidades). Pero en mayo esa suba interanual bajó al 22 por ciento y en las tres primeras semanas de junio al 18. En este contexto de ventas en retroceso, hubo algunos productos que picaron en punta, estimulados por el afán de evitar el contagio.
Sólo en las tres primeras semanas del mes pasado se vendió un 35 por ciento más de desodorantes de ambientes, un 34 por ciento más de limpiadores y un 222 por ciento más de alcohol que en ese mismo lapso del año pasado. Otra suba que expresa un cambio de hábitos, posiblemente coyuntural, es la que registró el comercio on line de todo tipo de bienes, incluyendo los básicos.
Según consigna Marcos Pueyrredón, de Latinvía, los limpiadores también fueron las vedettes de la web, con ventas triplicadas. Un furor similar al que se espera gocen las casas que alquilan videos, ya que los espectadores acudirían a ellas en lugar de amucharse en una sala de cine. México es un buen ejemplo, ya que en el pico de la gripe se catapultaron las ventas de la cadena de video Blockbuster. Se trata, sin embargo, de bálsamos menores que no pueden ofrecer consuelo para una economía resentida por cuestiones ajenas y previas a la irrupción del virus.
Se estima que en los doce días que duró el pico de la enfermedad en México, y con medidas de restricción más severas que las vernáculas, su economía perdió el equivalente al 1 por ciento de su Producto Bruto Interno, que es dos veces y media el de Argentina. Según el titular de la Cámara de Comercio local, Carlos de la Vega, la nación azteca perdía a razón de 50,2 millones de dólares por día en Comercio, Servicio y Turismo. Los economistas más arriesgados especulan con que acá podría haber una retracción en el comercio cercana al 30 por ciento y, en función de eso, auguran una pérdida económica de entre el 0,5 y el 1 por ciento del PBI. Esto equivale a un quebranto de entre 1500 y 3000 millones de dólares.
Estos cálculos preliminares son tan frágiles como previsible la conmoción que la enfermedad está causando en algunos segmentos de la actividad económica. La cancelación de paquetes turísticos contratados por extranjeros para deleitarse con las nieves de Bariloche o Mendoza o el anticipo de las liquidaciones de invierno en casi todos los negocios de indumentaria de marca son algunas pruebas de esta mala jugada de la Providencia.

Comentá la nota