El Dr. Fabián Esteban González denuncia comercialización de drogas dentro del Hospital Abraham Piñeyro. Testigos y el silencio de la jueza. Hay un verdadero comercio narco dentro del hospital, es conocido por mucha gente en los diferentes turnos aunque callan por pánico.
“Estoy harto de ir a comidas o reuniones en las que la gente se queja de corrupción y cuando les preguntás por qué no hacen la denuncia salen con alguna excusa. Quiero dejarle otro país a mis hijos…”, asegura el abogado Fabián Esteban González quien acaba de radicar una denuncia por comercialización de drogas dentro del Hospital Piñeyro hace menos de 15 días.
Aunque sin querer dar la cara por temor a represalias, varios de los personajes que él nombró en su conversación con LA VERDAD apoyan sus dichos (además de los testigos que citó); en su gran mayoría personal del centro de salud que, pidiendo por favor que no demos sus nombres, refieren que se trata de un asunto de larga data, que ya es costumbre, y quienes quisieron denunciarlo en el pasado recibieron amenazas que alcanzaron a sus familias.
La confirmación se dio en distintos turnos y horarios, demostrando que el tráfico de droga parece “normal” y tan arraigado que quien lo “descubre” se siente ingenuo: “Esto pasa siempre y la única manera de que no nos corten el cuello a la salida es cerrar la boca y seguir haciendo nuestro trabajo como podemos. A esta altura ya pensamos cualquier cosa, incluso que puede haber alguien de arriba involucrado en el asunto… ¿Por qué nadie actúa si es un drama del que se habla en todos el Hospital? Siempre pasó pero en los últimos años se puso peor…”.
Sombras
El doctor González parece un hombre cansado y dispuesto a todo: “Fui al hospital de noche para atender el caso de un cliente. No sólo tuve que meterme en el barro para llegar sino que era una verdadera boca de lobo. No había luces por ninguna parte y si bien estoy acostumbrado a estas cosas, el simple hecho de llegar al pabellón que me correspondía metía miedo. En eso estaba cuando veo un desfile de sombras que iban y venían, apenas se distinguían pero era obvio que estaba pasando algo fuera de lo común…”. Lo primero que hizo fue preguntarle a la enfermera de piso: “Son los pibes que vienen a venderle drogas a los chicos del pabellón. No diga nada porque son un peligro. Pasa todos los días todo el tiempo. Nosotros no tenemos otra que mirar para el costado”. Obvio que González, tratando de ser coherente y no limitarse a quejarse en las peñas o asados donde los juninenses descargan sus broncas, inició una investigación cuya conclusión puede resumirse así: Hay un verdadero comercio narco dentro del hospital, es conocido por mucha gente en los diferentes turnos aunque callan por pánico. La “ceremonia” de compra/venta está facilitada (además del miedo) por un entorno tétrico donde no hay luz y los delincuentes pueden moverse a sus anchas sin que nadie les ponga freno.
Ladrón de día, enfermo de noche
Tanto las averiguaciones que hicimos nosotros como la denuncia del Dr. Fabián Esteban González coinciden en lo que sigue: Dado que se trata de un régimen abierto donde los jóvenes puede salir, el circuito tiene una lógica perversa. Durante el día varios de los internados salen a robar en las calles y por la noche usan ese dinero para comprarle droga a quienes, sin ningún tipo de freno ni control, entran a comercializar como si se tratara de su propia casa.
¿Lo increíble? Si buena parte del personal está al tanto de lo que ocurre, aun considerando que no quieran denunciar oficialmente debido al miedo, por qué las autoridades no iluminan el lugar o ponen cámaras que, de mínima, escrachen a los narcos. Según las denuncias ni siquiera rotan y venden todos los días en los mismos lugares. Para colmo de males, aquellos jóvenes que no están captados por la droga terminan adoptando la costumbre ya que todos los pacientes están “mezclados”.
La ausencia de reacción por parte de las autoridades, otra vez, deja flotando un fantasma inquietante: ¿Ignorancia o complicidad? Porque si un delito se repite, los trabajadores hablan del tema y las autoridades callan, uno podría pensar que no sólo se trata de impericia sino que detrás hay algún tipo de connivencia con los narcotraficantes. Hablando en criollo: ¿Puede ocurrir semejante barbaridad si alguien de arriba no está “untado”? La experiencia indica que resulta muy difícil.
Hoy no se consulta, mañana sí
Por indicación del Dr. González, LA VERDAD intentó comunicarse con el Juzgado de Familia, en especial con la doctora Guillermina Venini. ¿Adivina adivinador? En el juzgado, para no ser menos que el resto de un país que se muerde la cola a sí mismo, estaban de paro. O sea, nadie podía darnos ningún tipo de información. En cuanto a la doctora, que estaba (según nos dijeron) en audiencia, recibió varios llamados nuestros hasta concluir con lo siguiente: “La doctora se fue al terminar las audiencias”.
Sinceramente me parece una falta de respeto con la comunidad. Los jueces están al servicio del pueblo (no son reyes con corona) y desde el diario estábamos requiriendo información sobre una denuncia específica que, para más datos, involucraba al Hospital y el narcotráfico. ¿Cuál es la lógica de no atender? Entiendo que no de detalles específicos. Sin embargo, tenemos derecho a la información y si el juzgado está de huelga, la señora jueza debería, de mínima, y por una cuestión de educación, responder a nuestros requerimientos. Las peripecias que pasamos llamando al juzgado me hicieron recordar esos viejos carteles de los almacenes que decían: “Hoy no se fía, mañana sí”. Sigan con los paros y la costumbre de eludir la necesidad vital de preguntar por parte de la prensa libre; total, esta misma noche un grupo de jóvenes cometerá delitos justo ahí donde van a parar nuestros enfermos.
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