Julián A. de DiegoAsesor Laboral de Empresas y Profesor Titular de Derecho del Trabajo de la UCA
Ahora se presenta un nuevo escenario pos pacto social, donde parece que la confrontación es multilateral: todos contra todos. El papel extraño los casos que avanzan en la Justicia
La CGT no se puede dar el lujo de no tener un secretario general que permita canalizar una estrecha relación, y si fuera posible -una alianza- con el presidente de la nación de turno. Esta frase atribuida a uno de los más conspicuos representantes de los gordos se ha cumplido como un paradigma irrefutable, desde el último tramo del gobierno del ex presidente Alfonsín con la alianza a través del ex ministro de trabajo Barrionuevo, y le siguió Rodolfo Daer durante la gestión Menem, y le sucedió Hugo Moyano con los Kirchner. Frente a las nuevas elecciones se abren los interrogantes propios y ajenos, ya que el movimiento obrero organizado, ya no es uno solo, y ya no está organizado verticalmente. Nada es como era ni como lo pensó Perón desde el modelo del unicato o sindicato único, copiado de la Carta di Lavoro y del sistema corporativo y piramidal de Mussolini. Aún cuando ciertos eventos hacen que el movimiento obrero se abroquele en contra de agresores o de enemigos determinados, el sentido de cuerpo se ha perdido.
La CGT moyanista está en conflicto con la CGT de los gordos, Luis Barrionuevo apoya a Duhalde y se fue de la CGT junto a unos 60 gremios con la agrupación celeste y blanca, la CTA apoya cuando gremio exista que quiera oponerse a los viejos sindicatos justicialistas, y para completarla, la influencia K ha generado alternativas en las elecciones o en las internas de varios gremios igual que lo que está promoviendo el Partido Comunista por medio de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) o de lo que queda del PO del PI y del MAS, agrupaciones desaparecidas, que se repartieron entre el Bauen (hotel autoadministrado) junto a cerámica Zanon o Bruckman, el PST y la mencionada CCC. En estos últimos sectores se logró además el apoyo de Pitrola y sus seguidores, además de otros sectores del movimiento piquetero, y de otros grupos sociales provinciales, que operan en forma independiente, hasta que se produce un conflicto en el cual su participación genere réditos políticos o económicos.
Hay que destacar que en las provincias, muchos gobernadores han apoyado o han cedido a las presiones realizadas por las agrupaciones sociales, y de una forma u otra, les brindaron apoyo en las internas sindicales, o presionando a las empresas líderes para que tomen en su lista de personal piqueteros o desocupados que no reúnen los estándares mínimos para acceder a un trabajo, bajo amenaza de bloquear las vías de acceso a la compañía, o de bloquear su logística. La alianza entre gobernadores, grupos piqueteros o sociales o grupos de desocupados, y con sindicatos disidentes, han adquirido tal dimensión, que ya condicionan la paz social, e imponen condiciones a los intendentes, y finalmente al mismo gobernador que los apoyó.
En lo que hace a las internas, parece que entre los líderes históricos y la nueva camada no solo hay una brecha generacional, sino que por razones biológicas muchos dirigentes que pasan la cuarta edad saben que están en una cuenta regresiva. Es por eso que nacen las aspiraciones internas, y de hecho a veces son más importantes los enemigos internos que los externos.
La CTA ha desplegado una suerte de operativo recolectando disidentes y dispensando apoyo a los que deseen luchar contra los sindicatos formales, con éxito de diversa factura. Es más, la Corte Suprema se pronunció en recursos promovidos o apoyados por la CTA como son el caso ATE c/Ministerio de Trabajo y Rossi c/Estado Nacional para cuestionar el modelo sindical, con el fin de equiparar los derechos y sobre todo los poderes exclusivos de los sindicatos con personería gremial con los sindicatos meramente inscriptos. El Ministerio de Trabajo de la Nación en la gestión K ha admitido la simple inscripción de nada menos que tres mil (3000) nuevos gremios de toda índole, la mayoría de los cuales compite contra el gremio histórico. Ni la Corte Suprema ni el Ministerio de Trabajo tuvieron la intención de apoyar a la CTA, pero por diversas razones técnicas, jurídicas o fácticas, lo hicieron, y el resultado es un mapa gremial verdaderamente desopilante, donde todos pelean contra todos, con el agravante de que la mayoría de los enfrentamientos se realizan en el seno de la empresa.
Ahora se presenta un nuevo escenario pos pacto social, donde parece que la confrontación es multilateral: todos contra todos. En ese berenjenal está jugando un papel verdaderamente extraño los casos que avanzan en la justicia, en los cuales está comprometida la responsabilidad penal de varios dirigentes sindicales y políticos, y aún no se conocen todos los que finalmente resultarán involucrados.
En el nuevo escenario, donde confrontan los gremios, puede parecerse más a un sistema de pluralidad sindical que el que rige en nuestro país de unicidad. Por ende, cuando confrontan dos sindicatos, uno meramente inscripto y otro con personería, parece necesario verificar quién tiene la mayor representación, para inclinarse por uno de ellos, o como ocurre en Inglaterra, integrar la representación en proporción a los afiliados, a los fines por ejemplo, de acordar los convenios colectivos, o de discutir los salarios. En rigor, es preferible la fórmula compartida, que la de firmar exclusivamente con los disidentes, aún cuando sean mayoría, porque en la práctica, el devenir de las adhesiones y de las afiliaciones es fluctuante.
En un marco como es que se nos presenta para el año 2011, solo faltaba que se pronunciara el Gobierno Nacional, y ya lo hizo dando por muerto al pacto social, y dando libertad de movimiento a los acuerdos salariales. Entre líneas se sigue leyendo del discurso oficial, que ha
brá límites impuestos por la prudencia y la necesidad de evitar que la economía se desboque. En este complejo cuadro, ya circulan dos nombres de dirigentes sindicales relativamente jóvenes -no pasan de los 50 años- como candidatos a reemplazar a Hugo Moyano, si es que en las elecciones la lista oficialista pierde las elecciones.



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