Jujeños pidieron se revise el direccionamiento de las políticas nacionales. Más allá de las proclamas, sin abrir juicio de valor sobre los motivos de la convocatoria y sin reparar en lo cuantitativo de la marcha, la noche del jueves mostró a la plaza Belgrano como escenario de un legítimo ejercicio democrático.
Sin miedos, sin atropellos, sin prepotencia, fue simplemente una corriente de expresión respetuosa que persiguió el propósito de llamar la atención y propiciar un cambio de rumbo en el concierto nacional. Y en esto hay que ser absolutamente claros, se pidió un cambio de políticas públicas, no una interrupción de la institucionalidad, idea que algunos despojados de sano juicio, disfrazados de pícaros, pretendieron instalar.
No hubo violentos, no hubo encapuchados, no hubo palos ni gomas quemadas, sólo hubo decisión ciudadana de ser parte efectiva del sistema democrático, llevando al campo de las concreciones el derecho de expresarse con libertad, sin violentar los derechos del resto de la comunidad. Fue un comportamiento a tener en cuenta, porque no ultrajó derechos colectivos y se pudo canalizar una manifestación popular frente a una Casa de Gobierno de puertas abiertas.
Desde luego (no podían faltar) estuvieron los oportunistas que intentaron sacar algún rédito político, repartiendo panfletos con pronunciamientos partidarios, haciendo una interpretación desacertada e inadecuada de lo que fue este movimiento legítimo, pues no hubo una “zanahoria” por delante, no hubo coerción ni prebendas, sino la convicción de ciudadanos dispuestos a ser partícipes de un ejercicio que permite la democracia y la más estricta legalidad.
La lectura de lo acontecido quedará en las conciencias de la clase política, la dirigencia gremial, los pretendidos dirigentes sociales y los hombres y las mujeres de buena voluntad que persiguen sin desfallecer el anhelo de un Jujuy con tolerancia y con más inclusión, los que a su vez tendrán que esperar su turno para actuar de manera efectiva en las urnas probablemente en el primer semestre de 2013, instancia que a la postre legitimará la conducción del país o revelará que no se alcanzó los objetivos trazados.
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