Como el colonial "té de las cinco" fue en el pasado, el "bullying" es la nueva obsesión británica. Sería algo así como insultar, agrediar, humillar, prepotear a un par o subordinado. Está prohibido y penalizado en colegios, lugares de trabajo, en la policía. Los abogados ganan millones de libras con juicios por esa causa. Hasta existe un "línea de ayuda" para denunciar las agresiones e intimidaciones del "bully", como se llama al que lo ejecuta. Antes era una característica indispensable en un directorio y ahora es un estigma en un mundo políticamente correcto.Hoy los británicos se preguntan: ¿el premier laborista Gordon Brown es un "bully"?
A 73 días de las probables elecciones generales británicas, el líder conservador David Cameron pidió "una investigación" sobre los abusos de carácter o violencia laboral que Brown habría llevado adelante contra su personal, después de que el adelanto de un libro serializado, en el dominical The Observer, describiera supuestos actos de "bullying" del temperamental premier de origen escocés.
Dawning St, la residencia del primer ministro imputado, rechazó cualquier posibilidad de una investigación porque no veía "ninguna necesidad" de hacerla. El secretario de negocios y jefe de la campaña electoral, lord Peter Mandelson, denunció el caso como "una operación política, deformada" después de que el periodista simplemente consiguiera publicidad para su libro. Mandelson admitió "la pasión" de Brown pero negó su condición de "bully".

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