El 24 de marzo de 1976 tuvo inicio uno de los períodos más oscuros en la historia nacional. Un hecho que marcó el devenir político, social y económico de finales del siglo XX en nuestro país y en varios puntos de Latinoamérica, durante el cual enmascarados por el terror, silenciaron a fuerza del espanto, secuestrando, despareciendo y robando el futuro de toda una generación y cambiando para siempre el devenir de las generaciones siguientes, que poco a poco vuelven a construir sobre el derecho inalienable de la memoria.
Durante siete años se violaron masivamente los derechos humanos de millones de personas y se produjeron decenas de miles de desaparecidos, miles de niños perdieron su identidad a manos de apropiadores, miles de personas debieron retirarse al exilio, se multiplicó escandalosamente la deuda externa –tal vez una de las mayores estafas al pueblo argentino- se destruyó la Industria Nacional, y hubo una escalada pasmosa en el índice de desocupación así como un fuerte incremento en el índice de analfabetismo, estas son solo algunas de las secuelas que ha dejado el golpe del 76’, el que hábilmente sustentado por las imágenes del horror han dejado anestesiada a la conciencia popular durante largo tiempo. Hoy todavía se los juzga y la patria, finalmente se los demanda.
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA
Apenas instalada una frágil democracia, el entonces presidente radical, Raúl Alfonsín quien asumió el 10 de diciembre de 1983, impulsó el enjuiciamiento de represores que fueron juzgados y enviados a prisión, pero levantamientos militares en distintos puntos del país, así como una velada amenaza a la continuidad de la recién recuperada democracia, lo llevaron a declarar las tan discutidas leyes de punto final y obediencia debida y de punto final, que años después el propio Alfonsín, reconoció que fueron dictadas “con dolor” para "consolidar la democracia".
No fue sino hasta el gobierno del ex presidente, Néstor Kirchner en el que se prendió con ardor la llama de la memoria y la necesidad ineludible de justicia y verdad, al considerar como inconstitucionales las leyes de amnistía y llevar a juicio a los ex represores en territorio argentino. Así fue como se extraditaron militares represores con vida, muchos de ellos reclamados por la justicia española y se dio inicio a uno de los procesos reivindicatorios en materia de derechos humanos más trascendentes de la historia, tras la larga ausencia de políticas o justamente por la aplicación de estas, que habían “favorecido a la impunidad” de ex represores.
Con un impulso mayor en materia de derechos humanos, acompañando firmemente las organizaciones de Abuelas y madres de Plaza de Mayo y la organización H.I.J.OS, se ingresó en una nueva etapa que en 2010, tuvo su punto más alto con la condena de 110 represores, acusados de crímenes de lesa humanidad y que hoy llega a 200 condenas.
Asimismo a través del Archivo Nacional de la Memoria, tanto los gobiernos del fallecido ex presidente Kirchner, como el de la presidenta Cristina Fernández, se ha dado un enorme impulso en la recolección, actualización, preservación y digitalización de los archivos e informaciones vinculados a la vulneración de los derechos humanos por el terrorismo de Estado. Instalándose vivamente en cada municipio de todas las provincias del país y en el ámbito educativo. Hoy la sociedad argentina tras un largo período de falta de compromiso con los asuntos del Estado, de temer a las paredes y a los vecinos, habla de memoria y de justicia, entendiendo que una es perentoria de la otra, pues vale la pena esta alegría de no olvidar.



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