Un golpe demoledor para Al-Qaeda, pero no definitivo

WASHINGTON.- Los funcionarios de inteligencia de Estados Unidos creen que a Al-Qaeda no le resultará fácil recuperarse de la muerte de su líder, el saudita Osama ben Laden.

Después de todo, su heredero natural, el egipcio Ayman al-Zawahiri, es una figura dura y discordante que promueve divisiones, que carece del carisma y de la mística que Ben Laden usó para mantener unidas las diversas facciones de Al-Qaeda.

Sin la figura icónica de Ben Laden al frente de Al-Qaeda, los funcionarios de inteligencia norteamericanos creen que el grupo podría escindirse y debilitarse.

Pero si hay algo que Al-Qaeda ha demostrado ser capaz de hacer es adaptarse a la adversidad. Sus soldados de elite aprendieron a no usar los celulares para evitar que los norteamericanos escucharan sus conversaciones. Sus genios técnicos elaboraron innovadores softwares codificados que dejaron perplejos a los descifradores norteamericanos. Y un potencial terrorista logró vencer millones de dólares invertidos en actualización de los mecanismos de seguridad aérea con explosivos ocultos dentro de su ropa interior.

La muerte de Ben Laden a manos de un comando norteamericano se produjo 15 años después de que el terrorista declarara la guerra abierta contra Estados Unidos, y casi una década después de que llevara a cabo el peor atentado en suelo norteamericano. Pero la red de Al-Qaeda que deja atrás es muy diferente de la que concretó los ataques del World Trade Center y del Pentágono el 11 de septiembre de 2001.

Hoy, el núcleo de Al-Qaeda en Paquistán está constantemente en fuga, ocultándose de los drones, los aviones robotizados del Pentágono. Las comunicaciones son lentas. Su capacidad de planear, financiar y llevar a cabo ataques se ha reducido considerablemente. Otras ramas de Al-Qaeda han surgido en Yemen, Irak y Argelia, donde los terroristas luchan contra los agravios locales con el estandarte global de la Jihad.

En ese aspecto, la muerte de Ben Laden podría ser mucho más perjudicial en el plano psicológico que en el plano operativo, ya que Ben Laden se había aislado del mundo exterior por ser el blanco principal de la maquinaria militar más formidable en la historia de la humanidad.

En su escondite no había líneas de teléfono ni conexiones de Internet, y usaba un sistema de correo de múltiples niveles para transmitir mensajes. Era un sistema anticuado pero seguro; a su vez, prácticamente imposibilitaba participar en cualquier clase de operación.

Ben Laden ya había sido reducido a un mascarón de proa en el momento en que los comandos norteamericanos lo eliminaron, según afirman los expertos y analistas en contraterrorismo.

Hoy se considera que la mayor amenaza terrorista contra Estados Unidos es la rama de Al-Qaeda de Yemen, muy lejos del núcleo de la organización en Paquistán.

La filial de Yemen casi derribó un avión de línea norteamericano que cubría la ruta Amsterdam-Detroit en la Navidad de 2009, y estuvo a punto de detonar explosivos a bordo de dos aviones de carga norteamericanos el otoño pasado. Esas operaciones se realizaron sin ninguna participación directa de Ben Laden.

Adaptación

La dirigencia de Al-Qaeda en Yemen también ha conseguido hacer lo que nunca logró Osama ben Laden: adaptar el mensaje para las audiencias occidentales y presentarlo en inglés.

La revista terrorista Inspire entrena a los potenciales terroristas en el arte de fabricar explosivos. Les enseña que no necesitan buscar entrenamiento en Paquistán o en Yemen, donde podrían ser interceptados por espías de las agencias de Estados Unidos.

Más bien se los instruye para que se conviertan en células terroristas de un solo hombre que eligen sus propios objetivos y llevan a cabo sus ataques sin ninguna instrucción del liderazgo central de la red Al-Qaeda.

"Ben Laden era un símbolo más que otra cosa", dijo Qaribut Ustad Saeed, ex miembro del grupo rebelde Hezb-e-Islami, encabezado por Gulbuddin Hekmatyar, a quien Estados Unidos ha calificado de terrorista.

Actualmente, Saeed es miembro del Alto Consejo de Paz de Afganistán, organismo establecido para tratar de negociar un acuerdo de paz con los talibanes, expulsados del poder afgano en octubre de 2001, luego de la invasión norteamericana. La desaparición de Osama ben Laden será más bien una pérdida de inspiración, no de operatividad, según afirmó.

"Osama ben Laden se convirtió en un símbolo y en una inspiración para los jóvenes extremistas musulmanes", dijo Saeed. "Pero el grupo se ha expandido y se ha convertido en un movimiento mundial que ya es mucho más grande que Ben Laden", afirmó.

Aun cuando Estados Unidos lograra localizar y matar al egipcio Al-Zawahiri, cuyo último paradero conocido fue en Peshawar en 2003, no significaría el fin de Al-Qaeda. Al igual que los partidos islamistas Hamas y Hezbollah, que han sufrido la eliminación de sus líderes, Al-Qaeda probablemente continúe existiendo, según estiman los expertos en terrorismo.

A las pocas horas de la muerte de Ben Laden, por ejemplo, miembros de grupos afiliados a la red Haqqani, vinculada con Al-Qaeda en Paquistán y supuestamente protegida por el servicio secreto de ese país, ya estaban prometiendo que las misiones cotidianas en el área no se alterarían en nada.

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