Si el Gobierno no da soluciones, la incertidumbre aumentará

Si el Gobierno no da soluciones, la incertidumbre aumentará
Se impone resolver los problemas del dólar y la inflación. Si no, el pesimismo crecerá.
En septiembre del 2011, la Presidenta tenía 64,1% de opiniones positivas; el pico más alto desde octubre de 2007, momento en que los investigadores de Managment and Fit comenzaron a medir sistemáticamente la imagen de Cristina.

El índice de aprobación, cayó 5% entre aquellas elecciones y febrero del 2012, pero se derrumbó 17 puntos adicionales en el mes siguiente, y hay que retrotraerse hasta la crisis con el campo en el 2008, para encontrar una caída tan importante en tan poco tiempo.

El detonante de la debacle fue el establecimiento primero y endurecimiento después del cepo contra el dólar, que hizo que el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que publica la Universidad Di Tella, perdiera 13,8 puntos entre la elección y abril del 2012, caída similar a la experimentada también con el conflicto por la 125.

Contrariamente a lo que muchos piensan, el cepo no perjudicó solo a los privilegiados veraneantes en Miami, al sector inmobiliario, y a los que buscaban atesorar ahorros en la moneda norteamericana, sino que afectó a buena parte de la memoriosa clase media, que aprendió a fuerza de Rodrigazos y ministros que le hablaron al corazón, que en Argentina los problemas con el dólar son como el relámpago que antecede al inexorable trueno.

Esa información se guardó generación tras generación en la memoria episódica de los argentinos; un lugar donde los recuerdos, como demostró el Neurólogo Portugués Antonio Damasio, se almacenan junto a marcadores somáticos, que son pistas cargadas de emociones, de tan fácil activación que la razón difícilmente puede controlarlas.

Para hacer aún más complicado el escenario, el ciudadano promedio sabe que el dólar y la inflación tarde o temprano siempre van de la mano, por lo que resultan cruciales las expectativas que los agentes se formen respecto de la evolución de los precios.

Las expectativas de inflación que mide también la Universidad Di Tella, se mantienen estables oscilando en torno del 30%, desde que el Gobierno intervino el INDEC primero (en 2007) e hirió de muerte luego la independencia del Banco Central, tres años después.

Ambas instituciones son cruciales. La primera porque por un sesgo cognitivo la gente focaliza su atención solo en los precios que suben (los del super, por ejemplo) y no repara en los que no se mueven (las tarifas, por caso). Si el INDEC no funciona corrigiendo esas expectativas, cuando la inflación efectivamente baja, como sucedió en el 2009 en que llegó al 13%, la gente no registra la mejora y continúa pensando que los precios siguen yendo por el ascensor. La segunda, porque si no hay un Banco Central independiente, cae la confianza en la moneda doméstica, se acelera la inflación y aumenta la presión sobre el dólar.

Así las cosas, la economía puede crecer, pero si el Gobierno no resuelve el problema del dólar (y su causa, la inflación), no habrá termómetro para medir esa mejora, condenando a las expectativas a la incertidumbre y el pesimismo.

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