Los argumentos de la decisión apuntan a la falta de recursos económicos para afrontar el evento que debía comenzar este fin de semana. Además, el Ejecutivo considera que la ordenanza reguladora de la actividad es ambigua en cuanto a las responsabilidades. El año pasado, la fiesta popular terminó enlutada por la muerte de una joven, arrollada por un camión municipal.
Desde la Comuna afirmaron que la decisión responde principalmente a una cuestión presupuestaria: “Básicamente tiene que ver con eso. El año pasado teníamos un subsidio del gobierno nacional y este año no. No tenemos recursos para afrontar todos los gastos por nuestra cuenta”, explicó a este medio el secretario de Producción, Turismo y Cultura, Luis Zanazzi.
El funcionario aclaró que “de todos modos, estamos brindando apoyo logístico en otros lugares del distrito, como en Torres”.
Los corsos del año pasado terminaron empañados por una tragedia, la muerte de la joven Belén Imaz, de 28 años, arrollada por un camión municipal. Más adelante, a fines de octubre, tres integrantes de la Comisión Organizadora denunciaron ante un plenario de concejales presuntas irregularidades en el reparto de fondos. Al margen de los argumentos económicos, una cuestión parece ser clara: desde la Municipalidad no quieren que situaciones de este tipo vuelvan a repetirse y analizan que la clave pasa por una organización adecuada.
“El accidente fue una cuestión aislada y muy lamentable. Por lo demás, hay una ordenanza que puede mejorarse”, explicó Zanazzi.
La directora de Entidades Intermedias del Municipio, Ana Serrano de Perna, también se pronunció en este sentido. Dijo que “el corso es una fiesta popular en la que tiene que participar todo el mundo, pero tiene que estar bien organizado”. En tal sentido, consideró que el armado de esa fiesta popular “tiene que ir puliéndose y haciéndose durante el año, trabajado en conjunto entre las instituciones y el Municipio”.
La funcionaria explicó que existe una ordenanza aprobada por el Concejo Deliberante durante la gestión de Graciela Rosso, norma que debería modificarse según la apreciación del actual gobierno: “Nosotros asumimos y enseguida nos tocó hacernos cargo del evento, así que trabajamos sobre la misma base. Pero es necesario modificar ciertas cuestiones, aclarar ciertos aspectos y deslindar mejor las responsabilidades”, opinó Serrano.
En cuanto a esos posibles cambios, la directora de Entidades Intermedias consideró que “tiene que quedar en claro quién conduce y después se evaluarán los canales de participación para las entidades; y la ordenanza actual es ambigua en ese sentido, no termina de quedar claro si el Municipio organiza o colabora”.
Consultada por este medio, Laura López, presidenta de la sociedad de fomento del barrio El Ceibo y titular de la Comisión Organizadora de los Carnavales Oficiales, contó que la semana pasada se reunió personalmente con el intendente Oscar Luciani, quien le comunicó la negativa del Municipio a participar de la organización del evento. “Habló de una ordenanza mal formulada y nos dio libertad para hacerlos por nuestra cuenta, algo que se nos escapa porque no tenemos recursos económicos suficientes. Hay recursos humanos, pero no económicos. Luciani dijo que en estas condiciones la Municipalidad no se puede hacer responsable de nada. Mencionó el accidente y las irregularidades denunciadas en el reparto de fondos”, expresó la fomentista sobre el resumen del encuentro mantenido con el jefe comunal.
López indicó que “nos hubiera gustado continuar porque fue un evento para todos los lujanenses y una herramienta que tenemos para generar recursos para nuestras entidades, pero son muchos los factores que hacen que uno también no tenga ganas de continuar”. Al respecto, recordó que “apenas hicimos el cierre el año pasado ya empezamos a tener algunos inconvenientes, y después vino la denuncia y todo lo que ya sabemos, algo que hizo que la comisión organizadora se resintiera y no esté en condiciones de hacer nada”.
No obstante, López evaluó que la organización del evento “nunca estuvo en las prioridades del gobierno”. A modo de ejemplo, puntualizó que “durante el año no se convocó ninguna reunión, así que ya se veía venir que los corsos no se iban a hacer”. Por otra parte, “no hubo preocupación por informarle a la gente si hubo irregularidades y deslindar responsabilidades. Son cosas que hubiera estado bueno aclarar”.
DOS PREVIAS
La celebración oficial de los carnavales se reactivó en 2011. En esa edición, fueron cuatro jornadas desarrolladas en el barrio Santa Elena. La convocatoria fue masiva, con grupos musicales y distintas murgas que pasearon su música por la avenida José María Pérez. Los festejos se cerraron con ritmo de cumbia de la mano de El Original, que convocó a una multitud de jóvenes.
Sin embargo, al colorido de una fiesta verdaderamente popular se sumaron algunos hechos que, en parte, empañaron la multitudinaria convocatoria. En primer lugar, la caída de un árbol hirió a cuatro menores, dos de ellos terminaron hospitalizados. La crónica policial publicada por este medio incluía, a modo de saldo, “una persona atropellada por un auto cuando era perseguida por un grupo de jóvenes luego de una pelea, y un número no determinado de contusos al enfrentarse a golpes de puños”.
Al año siguiente, ya bajo el gobierno de Oscar Luciani, los corsos terminaron en tragedia. Belén Imaz, una joven de 28 años domiciliada en el barrio Parque Lasa, falleció al ser atropellada por un camión municipal destinado a la recolección de residuos. Aparentemente una falla en los frenos hizo que el rodado descendiera marcha atrás y embistiera a la vecina, quien alcanzó a salvar a su hija de tres años.
OTRO MUNICIPIOS
Entre febrero y marzo, los festejos oficiales en todo el territorio provincial se desarrollarán en 30 municipios del territorio bonaerenses, entre carnavales y corsos.
Según informó la agencia de noticias Dib, “para estas festividades diversas localidades se inundarán de música y comparsas, que bailarán al ritmo de tambores, llamativos disfraces y misteriosas máscaras”.
Entre los municipios que, a diferencia de Luján, decidieron darle forma a estos eventos se encuentran Mercedes, Exaltación de la Cruz, Bragado, Dolores, Los Toldos, Lincoln, 25 de Mayo, Saladillo, Maipú, Mar de Cobos, Santa Clara, Olavarría, Las Flores, Florencio Varela, Trenque Lauquen, Lobos, Miramar, Bolívar, Azul, entre otros.
En Torres sí
Los vecinos de Luján que quieran disfrutar de los corsos podrán hacerlo, pero en la localidad de Torres. La fiesta será mañana, a partir de las 19, y contará con la elección de la Reina de Torres.
Luján, una ciudad careta
Por más esfuerzo que se haga, hay que admitirlo: Luján no tiene la tradición de carnavales de otras ciudades como Mercedes, 25 de Mayo, Lincoln, Guamini, Maipú o Trenque Lauquen por citar sólo algunas donde los corsos son motivo de atracción hasta para vecinos de otras localidades. El caso local acumula una larga historia pero con más sombras que brillos.
Haciendo un repaso por el archivo de EL CIVISMO se advierte que a lo largo de los años los corsos fueron deslucidos, tristes y, en los últimos tiempos, sobre todo problemáticos. Ya en 1917 este medio hablaba que el corso había sido un “verdadero fracaso” debido a que hubo “pocos carruajes, menos público en las calles y escasa animación”.
“Digámoslo duramente y sin reparos: jamás ha presenciado Luján un carnaval más desanimado y más deslucido”, sentenciaba.
“El corso de la noche, se redujo a una ínfima cantidad de carruajes a paso de trote, sin que en ningún momento se notara animación de máscaras, sin que haya que anotar una sola que se distinguiera por su espiritualidad o ingenio. Nosotros vemos en ello una sola causa y es la falta de garantías que el pueblo tiene para transitar con libertad y sin temores. En resumen, las fiestas de carnaval han sido un fracaso sin precedentes, pues no hay recuerdo de que se haya visto en Luján un carnaval más pobre”, aseveraba la crónica.
La diversión estaba en Torres donde los vecinos cooperaban, la concurrencia era masiva en una calle frente a las vías y se improvisaron luego animados bailes en domicilios particulares.
En enero de 1923, el intendente José María Cano designó una comisión de vecinos para que organizaran los festejos de carnaval. Los autorizaba a cobrar “derecho de entrada” fijada en 1 peso y a tomar “las medidas que sean necesarias para el mejor lucimiento de los festejos”. Si los números arrojaban ganancia, el dinero tendría como destino llevar el agua corriente al Cementerio. El corso se hizo entre las 16 y las 18.45.
Para 1938 los festejos no remontaban. “Poca serpentina, poca alegría y muchos rostros que denunciaban horas de angustias”, reflejaba este medio en la primera plana. En tanto, los bailes de disfraces y fantasías que se hacían en el Club Social, en la Sociedad Italiana y en el Club Progreso -donde se presentaba la Orquesta Fiorentino- reunían a gran cantidad de jóvenes y se poblaban con “bulliciosas mascaritas”.
Para 1949, los festejos de carnaval fueron organizados por comisiones de vecinos y se realizaron en las calles San Martín y Dr. Muñiz mientras que los bailes se llevaron a cabo en el Centro Español, Club Argentino y en Club Luján con la típica de Di Sarli y la jazz Royal Swing.
En 1954 se caracterizaron por hacerse a “media luz” ante la falta de iluminación de San Martín. Pero era “un desfile de peatones, una reducción de lo que antes llamaban corso” ya que ese año “no hubo serpentinas, ni pomos, ni papel picado”.
A fines de la década del 60, el corso pareció tener su mayor esplendor. En 1968 los corsos oficiales estuvieron a cargo de la agrupación cultural AHINCO y se hicieron en avenida Humberto entre Mitre y Dr. Real. Aunque se prohibía jugar con agua entre las 18 y las 24, había carrozas, murgas, farándula estudiantiles, elección de la reina, concurso de vidrieras, disfraces y al auto “mas jocoso” se lo premió en efectivo. Era, por entonces, el Primer Carnaval Regional.
Un año después el corso se trasladó a San Martín y Mitre entre Alsina y 9 de Julio mientras que en el club Santa Elena se hacían bailes populares.
Hasta el golpe militar de 1976, los corsos se limitaban a cenas-bailes con “veladas danzantes” en el Club Argentino. En 1973, los bailes de carnaval del Club Defensores de Villa Flandria Norte (hoy Pueblo Nuevo) contrató a conjuntos de música “beat”, actuaron Los Rebeldes y Lluvia y Neblina. Con menos publicidad y atracciones, los lujanenses se reunían en calle San Martín y disfrutaban de un carnaval austero donde lo más destacado solía ser la elección de la Reina reservada para jovencitas de entre 15 y 20 años.
Para 1982 y mientras la dictadura que estaba en retirada no quería saber nada de corsos, carnavales o reuniones que resultaran masivas y populares, el comisionado/intendente Pedro Sallaberry autorizó el “Paseo de Carnaval” organizado por la Asociación de Amigos de la calle San Martín. Volvió la espuma, hubo shows y la atracción fue el trencito de la alegría. Al final de la década se trasladaron al Paseo de los Peregrinos.
En los años 90, los corsos en Luján volvieron a quedarse sin brillo y la alegría no abundó. Algunos intentos por reflotarlo en los barrios se limitaban a bailes populares en sociedades de fomento. En localidades como Open Door y Torres la fiesta tuvo cierto encanto. En 1995, unas 4 mil personas participaron de los “Corsos de Antaño” realizados en la calle Padre Alonso Criado atraídos por las murgas “Las Bravas de la Noche”, “El Regreso de Maricón Ba 95” y las comparsas “Los Caprichosos de Moreno” y “Victoria” de Pueblo Nuevo”. Eso sí, no hubo nieve ni garrotes de agua, “los niños se limitaron al clásico papel picado y a reírse como locos”, decía la crónica de este medio. En Open Door no hubo recursos pero sobraron las buenas intenciones: el Hospital Cabred participó de una carroza integrada por pacientes.
Al final de esta década, los corsos empezaban a ponerse espesos. Aparecían promotores de dudosa conducta empresarial en busca de rápidas fortunas que dejaban el tendal y ofrecían un espectáculo de paupérrima calidad. Los incidentes se repetían con mayor frecuencia. La Municipalidad llevó el evento a la avenida José María Pérez mientras que el carnaval infantil se hacía en el Paseo de los Peregrinos (actual Plazoleta Antigua Estación Basílica).
En los últimos años, la sociedad de fomento de Olivera organizó el corso en el pueblo contratando figuras populares y en algunos barrios lo intentaron con poco éxito: todo terminaba siendo como una especie de baile a cielo abierto que concluía casi siempre con peleas de jóvenes, por lo general alcoholizados y en la que salían a relucir viejas disputas barriales, seguido de todo tipo de controversias por el (des)manejo de fondos. Más que papel picado, lo que hubo casi siempre fue un gran papelón.


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