Por: Hernán de GoñiLa posibilidad de que el Gobierno genere alguna estrategia para combatir la inflación está cada día más lejos. Aunque aparecen señales positivas, como el pedido de la Presidenta de no activar pujar irracionales en las paritarias, un factor que los empresarios destacan como uno de los principales disparadores de los precios, o el hecho de que el Indec acepte trabajar junto al FMI en elaboración de un nuevo indicador, ninguna traduce un cambio de rumbo.
Para los funcionarios, la inflación no es un problema. La ofensiva que desató la Secretaría de Comercio Interior sobre las consultoras que hacen sus propias estimaciones del IPC, revela que molesta más el desafío al Indec que el impacto real en el poder adquisitivo de los salarios.
El índice que se construirá con el aporte del Fondo (si logra alcanzar el consenso necesario) no reemplazará al actual, sino que absorberá datos de todo el país en función de una canasta de consumo que podría ser actualizada.
Si no se corrige el sesgo que tiene hoy la carga de datos (concentrada en los productos que tienen acuerdos de precios) habrá una nueva cifra pero no se transparentará el problema. En Brasil 6% de inflación es un riesgo. En la Argentina el Ejecutivo prefirió desactivar las alertas.
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