El gobierno británico arremete contra la policía por los disturbios

El premier Cameron y su ministra del Interior la culpan por actuar con lentitud y permitir que escalaran los saqueos. El jefe policial cuestionó a ambos por estar de vacaciones al estallar el caso. La gente apoya a la institución, según un sondeo.
El primer ministro conservador británico, David Cameron, después de acusar el jueves a los padres de los jóvenes violentos por no cuidar adecuadamente de ellos, arremetió ahora contra la policía. Furiosos, los guardias han contestado sin pelos en la lengua acusando a Cameron y a la ministro del Interior, Theresa May, “de no haber estado allí”. Ambos disfrutaban de sus vacaciones fuera de Londres cuando estallaron los incidentes y tardaron varios días en llegar a la capital.

El conflicto dominó las informaciones en los medios y es otra evidencia de que los sorprendentes acontecimientos van a calar hondo en las relaciones institucionales y en la sociedad británica.

En esta pelea, los sondeos indican que el público apoya a la policía y desconfía del manejo de los acontecimientos por el primer ministro. La encuesta del diario The Guardian revela que solo el 30% de los consultados creen que Cameron ha realizado una buena tarea y un 44% rechaza su gestión. El actual jefe de Policía, Tim Goodwin, recibe el apoyo del 45%.

Los cuatro días de graves acontecimientos –que han producido cinco muertos, casi 1.800 arrestos y una extraordinaria destrucción de edificios y casas de familia– han terminado por conmover profundamente la vida política británica. La policía dijo anoche que hay 1.051 detenidos en Londres y 591 imputados, la mitad de los cuales son menores de 18 años.

“La confianza de la policía en el gobierno está en un nivel muy bajo. Cameron ataca a la policía cuando le conviene para desviar las acusaciones contra él mismo”, señaló una alta fuente de Scotland Yard que no fue identificada, pero está en todos los medios.

Añadió que el primer ministro los acusaba de “no tener la bola de cristal” para anticipar una serie de circunstancias dramáticas y que los había sorprendido por inusuales. Cameron precisó que las tácticas policiales contra los disturbios han sido “insuficientes” y los ha enfrentado asegurando que los uniformados trataron la emergencia como un tema de desórdenes públicos cuando se trataba de “actos criminales”.

Han sido lentos y quedaron desbordados porque no reunieron el número suficiente de personal, sostuvo.

“El lunes por la noche quedó claro que no había suficientes agentes para controlar la situación en algunas áreas”, proclamó la ministro de Interior. Añadió que los policías aparecieron como reluctantes a ser lo suficientemente enérgicos para reprimir algunos de los grupos. Contuvieron sospechosos en determinadas áreas en lugar de arrestarlos, por lo que los violentos quedaron libres para robos y actos criminales. Tampoco supieron manejar el tema de las comunicaciones que mantenían las bandas con el servicio de mensajes de Blackberry que encripta sus textos.

El segundo jefe de Scotland Yard, Steven Kavanagh, defendió las decisiones que se adoptaron y elogió la bravura y el profesionalismo de los policías.

“Las críticas vienen de personas que no estaban allí” , fulminó el jefe interino de Scotland Yard, Tom Godwin, aludiendo con sarcasmo al precipitado regreso de sus vacaciones por parte del premier.

La policía perdió el control en varios de los focos más violentos –en total unos 18– y no fue hasta el martes que recuperó totalmente el dominio de las calles de la capital cuando desplegó 16.000 agentes en Londres. Pero, entonces, los disturbios se propagaron a más de una docena de ciudades inglesas en donde se produjeron tres muertos (Birmingham) y violentos choques en los jóvenes rebeldes utilizaron centenares de bombas incendiarias.

Las declaraciones más contundentes fueron las de Hugh Orde, presidente de la Asociación de Agentes, quien rechazó que las tácticas policiales se endurecieron “gracias a la intervención de los políticos”. Esa actitud, añadió, fue idea de la policía y no del gobierno. Simon Reed, vicepresidente de la Federación de Policías, dijo que los comentarios políticos “fueron un golpe bajo contra los valientes agentes que tuvieron que lidiar con una situación excepcional”.

Cameron, además, no le ha ahorrado humillaciones a los policías. En julio, había anunciado que el superpolicía norteamericano, William Bratton, era su candidato para actuar como nuevo Jefe de Scotland Yard. El jefe británico, Paul Stephenson, había renunciado por el escándalo de las escuchas ilegales del diario News of the World del grupo Murdoch. Bratton ha sido titular de la policía de Nueva York y de Los Angeles. Durante varios años reformó las estructuras policiales y consiguó alejar la corrupción y luchar contra las actividades de las pandillas juveniles que dominaban barrios enteros. Las reacciones de políticos y del establishment británico fueron negativas, por lo que Cameron ha decidido ahora designar a Bratton como un superasesor cuyas funciones pueden interferir con los de la dirección de Scotland Yard.

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