Escribe Tomás Luciani.Alperovich se irá sin dejar logros importantes. Dilapidó una década de bonanza fiscal.
Sus palabras son un reconocimiento del fracaso del mismo hombre que, al asumir en 2003, profetizó: "Cuando vean mi gobierno, los tucumanos se van a olvidar de Celestino Gelsi".
Ahora admite que les dejará una carpeta con planes a quien lo suceda. También habrá muchas obras pagadas, pero sin realizar, como los polémicos pozos truchos de $ 2 millones del plan "Más cerca", regenteados por el ministro Osvaldo Jaldo.
El mismo Jaldo que, en su afán por ser designado heredero, es el único que puede calificar a Alperovich como "el mejor gobernador de la historia".
Las chupadas de medias siempre han cotizado alto en el alperovichismo.
Gelsi, en cambio, no necesitaba andar rodeado de adulones.
La realidad es que Alperovich desaprovechó una oportunidad única para Tucumán.
¿Qué transformaciones estructurales se hicieron en la provincia durante la década de mayor bonanza fiscal en la historia del país?
El cuadro social de la provincia empeoró gravemente: hay más inseguridad, más droga y más inequidad. No se radicó ni una fábrica (sólo se inauguraron supermercados y call centers), la matriz productiva sigue igual, se perdieron posiciones frente a provincias vecinas, y el objetivo de máxima de la administración hoy vuelve a ser el pago de los sueldos a los estatales.
Ese panorama -sumado a la degradación institucional, los negociados y el nepotismo- es el saldo grueso de la larga gestión de Alperovich, que hoy tiene un descomunal presupuesto de 20 mil millones de pesos, destinado prioritariamente a engordar bolsillos privados y consolidar el nefasto sistema clientelar de la política tucumana.
Al asumir, Alperovich borró los rastros de sus vínculos previos y sucesivos con la UCR, el bussismo, el menemismo y el duhaldismo, para transformarse en extremista K.
La vocación de Alperovich para someterse a las órdenes de la Casa Rosada supuestamente le iba a servir para “convertir a Tucumán en la mejor provincia del país”, con la plata que vendría de Buenos Aires.
Hoy a Gelsi se lo sigue recordando por El Cadillal, el Hospital de Niños, la Maternidad, el Centro de Salud, rutas, usinas y múltiples obras que cambiaron el perfil de Tucumán.
De Gelsi siempre se dirá que defendió el federalismo, y -en lo personal- que vivió con sencillez, sin necesidad de rodearse de mafiosos, guardaespaldas o adulones. Murió en la estrechez económica.
En lugar de diques, autopistas, centrales eléctricas, salas de convenciones u hospitales, Alperovich legará obras que en realidad se deben atribuir a los intendentes (asfalto, cordón cuneta, semáforos, etc.).
Y en la memoria histórica quedará grabada la imagen del sometimiento económico de Tucumán al poder central, el alineamiento político incondicional al kirchnerismo, la demagogia y la dádiva como eje de la gestión.


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