Globos de ensayo que estallan

Por Juan Manuel Asis

Globo de ensayo para afuera o una bomba para adentro. Así se pueden entender los dichos del senador Sergio Mansilla respecto de que el intendente Domingo Amaya debe cerrar un acuerdo con el alperovichismo para los comicios de 2015.

El parlamentario es uno de los que con sus dichos públicos suele alterar los ánimos internos en el oficialismo. En junio dijo que su par, la senadora Beatriz Rojkés, era la candidata natural del PJ para la gobernación, lo que le generó una polémica, precisamente, con Amaya, quien sostuvo que a los gobernantes los elige el pueblo, no una monarquía. Semanas después, luego de que el propio Alperovich sacara de la pelea por su sucesión a la primera dama, Mansilla salió a decir que no había que dejar de lado el nombre de la parlamentaria en esa lucha, casi desautorizando al “jefe”. Ahora salió a hablar de una unidad necesaria con el jefe municipal, el mismo con el que polemizó, para que el peronismo tenga éxito en los comicios del año próximo.

En los pasillos de la Casa de Gobierno, más de uno entendió que el senador le apuntó a la vicegobernación cuando tiró la propuesta de unidad entre compañeros. Es decir, es un globo de los tantos que se tiran en estos tiempos de amagues y de acomodamientos preelectorales -y que se seguirán arrojando para olfatear cómo caen entre la tropa- para intentar seducir al contrincante interno y obligarlo a dar un paso en el sentido del anzuelo; o bien, tranquilamente puede interpretarse que Mansilla hizo estallar una bomba a los pies de la dupla Manzur-Jaldo, que andan a los abrazos repartiendo sonrisas por todo el interior, confiados en que ya fueron bendecidos por el titular del Poder Ejecutivo. ¿Por qué una bomba? Porque si el dulce es para tentar a Amaya para que acepte ocupar el segundo lugar en la fórmula del Frente para la Victoria, el principal perjudicado es Osvaldo Jaldo. 

El tranqueño, antes de que Alperovich le bajara el pulgar a su esposa, andaba promoviendo la fórmula Rojkés-Jaldo; y ahora -cuando parece acomodado en el puesto que más le place: el de acompañante- alguien del propio entorno del mandatario lo quiere dejar afuera hablando de una unidad con el jefe municipal. ¿Tan mal anda la relación entre el senador y el ministro del Interior? Caso contrario no se puede entender esta propuesta de unidad. Unidad que, por estas horas, parece que se impone como exigencia en el peronismo dado los sondeos que se están realizando y que, más allá de las cifras que favorecen a uno o a otro dirigente, están apuntando claramente que si el peronismo va dividido corre serio peligro de perder la gobernación en manos de una oposición que haga bien las cosas. Si a Jaldo le cayó como una bomba la iniciativa para desplazarlo, debe andar más intranquilo si está pensando que el parlamentario nacional pueda haber hablado por boca de otro: de Alperovich.

De todas formas, Mansilla, como se vio, suele hacer declaraciones que parecen ir a contramano de las aparentes decisiones que toma Alperovich, y si bien razones no le faltan para sugerir tratativas con el intendente, sus dichos, hacia adentro, sonaron revulsivos. Alperovich debería preocuparse porque sus propios colaboradores no le generen peleas intestinas. ¿Y hacia afuera? ¿Cómo cayeron? Por lo bajo, desde el amayismo aseguran que la vicegobernación no los convence. El intendente está jugado y se ha decidido a pelear por la gobernación -a no descartar, además, una doble postulación a senador para jugar en las PASO nacionales de agosto para competir face to face contra Alperovich-, una aspiración a la que no parece dispuesto a renunciar, por lo menos hasta ahora. Para el amayismo, el único arreglo posible es que le ofrezcan la gobernación, algo imposible en este momento dada la desconfianza que parece tenerle Alperovich. La única forma de convencer al jefe provincial de que el intendente debe encabezar la fórmula es que las encuestas lo pongan al tope de las preferencias. Los sondeos son clave para el mandatario, máxime si se tiene en cuenta que la leyenda urbana sugiere que él fue elegido por Julio Miranda para que lo suceda porque las encuestas lo favorecían.

Pero, aún así, habrá dudas, el intendente no parece ser de los que se someterán dócilmente a las pretensiones de Alperovich, que necesita después de dejar el poder a alguien de mucha confianza en el sillón que dejará vacante para que le cuide las espaldas. Manzur se lo garantiza, Amaya no. Y Mansilla vino a tratar de alterar el tablero con su propuesta. Por ahora, todos son globos de ensayo, algunos explotan como bombas.

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