Las polémicas sobre presunto secuestro o venta de chicos en Grecia e Irlanda pusieron la lupa sobre la vida de estos 12 millones de personas, en una Europa marcada por la crisis; un nuevo éxodo en marcha
La última semana, el mundo siguió perplejo la historia de una pequeña rubia de unos cuatro años, hallada en un campamento de gitanos en Grecia. La apariencia física de la niña despertó las sospechas de la policía, que pensó que había sido secuestrada para ser vendida. Un caso similar estalló, a la vez, en Irlanda .
Ambas polémicas electrizaron a una opinión pública mundial, ya sacudida por la expulsión de Francia de Leonarda, una adolescente gitana de 15 años, cuyos padres de origen kosovar no tenían papeles.
El tratamiento de esos tres casos, tanto por parte de las autoridades como por la mayoría de los medios, respondió al arraigado estereotipo que arrastran desde hace siglos los gitanos y que hace de ellos unos taimados y ladrones de niños, mitos hoy alimentados por los extremismos generados por la crisis económica.
El escritor italiano Alessandro Manzoni relata en Los n ovios un episodio medieval en el cual, en su esfuerzo por calmar la ira popular durante la epidemia de peste de 1629, el ducado de Milán decidió que los culpables eran los untori . El gobierno comenzó a explicar que esos personajes, que no existían, se dedicaban a untar barandas, picaportes u otros objetos con una sustancia blanca que transmitía la peste. Como era previsible, hordas humanas se lanzaron a las calles a perseguir sospechosos, que eran lapidados o quemados.
A lo largo de la historia, los gitanos cumplieron con frecuencia el papel de chivos expiatorios. Algunos historiadores suelen compararlos con los judíos, pero existen diferencias entre ambos.
La más importante reside probablemente en que en sus 10 siglos de existencia nunca tuvieron un territorio y sobre todo jamás aspiraron a reunirse en un hogar nacional. Su mayor ambición consiste en perpetuar su nomadismo y poder desplazarse libremente por el mundo.
"Romanistán está ubicada donde se encuentran mis dos pies", afirma el escritor canadiense de origen gitano Ronald Lee.
Por eso se sabe tan poco sobre su Holocausto en las tinieblas de la Segunda Guerra Mundial. Víctimas de la política de exterminio de las "razas inferiores", unos 600.000 gitanos fueron asesinados entre el Báltico y el Mar Negro. Los descendientes de las víctimas se niegan a reabrir ese capítulo de la historia porque "la muerte tiene un poder negativo sobre los vivos".
De todos modos, salvo en la ferocidad y en la metodología científica del exterminio, su vida durante el nazismo no cambió demasiado en relación con la discriminación, los destierros y ultrajes que conocieron en toda su existencia desde que comenzó su éxodo en el siglo X.
El pueblo gitano procede probablemente del Punjab o, en todo caso, de algún lugar entre los actuales territorios de la India y Paquistán. Luego de emigrar a Persia siguieron hacia Europa. En Andalucía, por ejemplo, donde reside una comunidad de 300.000 personas, comenzaron a instalarse a partir de 1462. Pero su tranquilidad duró pocos años. En la práctica, son perseguidos desde que pusieron un pie en el continente.
De todos los agravios, los más difíciles de soportar son las humillaciones permanentes que reciben en la vida cotidiana, exacerbadas hoy por una crisis económica que alimenta los extremismos y el racismo en varios países de Europa.
En Rumania todavía hay un proverbio que dice: "Visto de lejos, un gitano parece un ser humano".
Los antropólogos afirman que Europa asiste actualmente a uno de los éxodos más importantes de la historia del pueblo gitano.
Una de las principales corrientes moviliza a las grandes comunidades del Sudeste (Rumania, Bulgaria, Serbia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina y Albania), que cruzan el Adriático a Italia y desde allí se extienden al resto del continente. Ese fenómeno no se diferencia en absoluto del éxodo que protagonizan las otras poblaciones más pobres de la región.
Actualmente, ese pueblo disperso en cuatro continentes -Asia, África, Europa y América- reúne de 15 a 20 millones de personas. En los 28 países que integran la Unión Europea (UE), representa la primera minoría étnica del continente.
Varios países de la UE lanzaron en los últimos años programas para tratar de asentar a esas poblaciones errantes a fin de darles un marco legal de existencia, educación, trabajo, atención médica y protección social. En cualquier país que vivan, salvo escasas excepciones, los gitanos aún son analfabetos, no poseen documentos de identidad, carecen de trabajo y de capacitación técnica para encontrar un empleo y no tienen domicilio fijo. Sólo 7% de los gitanos de Europa oriental terminaron sus estudios secundarios.
Las estadísticas sobre la vida de esa comunidad en Europa oriental son escalofriantes: según Unicef, el 84% de los gitanos de Bulgaria, el 88% en Rumania y el 91% en Hungría viven por debajo del umbral de pobreza. En esos países, 15% sufre hambre casi todos los días. Por eso el gran éxodo.
"Yo sé que es humillante pedir limosna en París o en Roma. Pero aun es peor vivir aquí sin nada y sometida al odio de todos", explicó Marianna Maltche, otra adolescente que debió regresar a su pueblo búlgaro de Targovich luego de ser expulsada de Francia.
EN LOS MÁRGENES
Las paupérrimas condiciones de vida de un pueblo estigmatizado
En la menos desarrollada Bulgaria o en la rica Francia, los gitanos sobreviven en las afueras de las ciudades, por lo general hacinados en viejas casillas o casas rodantes y, la mayoría de las veces, sin agua potable ni electricidad. La pobre alfabetización y el lenguaje de muchos de ellos aumentan aún más la exclusión de una de las minorías más desfavorecidas de toda Europa.
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