Girabel, jefe de la alcaidía: "La seguridad no es tener más policías y más patrulleros"

Girabel, jefe de la alcaidía: "La seguridad no es tener más policías y más patrulleros"
El jefe de la Alcaidía es a la vez integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Defiende el trabajo de los detenidos y el cobro de un sueldo. Y advierte que hay policías no tienen vocación de servicio.

“La seguridad no es tener más policías y más patrulleros, la seguridad empieza desde lo social, más laburo, chicos que no estén en un basurero buscando cosas. La seguridad es algo general”. El que hizo la afirmación es Fabio Girabel, quien está a cargo de la alcaidía de la Unidad Regional I.

El policía, que hace 25 años que está en la institución, integra la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Desde ese lugar, hace advertencias respecto de la tarea que le toca al sector. También integra la Casa Juana Azurduy.

Girabel fue entrevistado por el programa radial “Salieris” (FM Sonar 91.3) y la entrevista completa fue publicada en www.cadenakermes.blogspot.com

Derechos Humanos

Durante la charla, Girabel habló de política y puntualmente de Juan Carlos Tierno, exministro y exintendente. Dijo: “no hemos tenido mucho contacto, obviamente por mi militancia en los Derechos Humanos; él está en contra totalmente de esa situación. La defensa de algunas cuestiones que tienen que ver con personas que denuncian cuestiones policiales, a él mediáticamente o desde otro lugar no le caía bien, había enfrentamientos... No le agrada mucho la intervención de los Derechos Humanos en la parte social de Santa Rosa”.

Aclaró que estuvo cercano en algún momento, pero “no fue una simpatía política sino una coincidencia de lugares. Yo estaba a cargo del barrio Río Atuel, donde él se acercaba mucho, se trabajaba con el consorcio. Tenía contacto en el sentido de cuestiones de seguridad, opiniones. Con lo que puedo decir que estoy de acuerdo con Sandra Fonseca es con lo que estuvo trabajando en la Ley de Niños y Adolescentes, lo vemos positivo. En ese trabajo estamos de acuerdo. En el resto, no”.

“Si hacés una encuesta, en Santa Rosa, en cualquier lugar te dicen seguridad. La referencia de él (Tierno) fue una cuestión de seguridad. Hay muchos lugares, ONG, personas que trabajan en modificar esta cuestión; los medios eventualmente bombardean, es complicado. Pero no es la forma, no tiene ni sentido invocarlo como representante de la seguridad; la seguridad no es tener más policías y más patrulleros, la seguridad empieza desde lo social, más laburo, chicos que no estén en un basurero buscando cosas. La seguridad es algo general”.

Respecto de su “extraña” pertenencia tanto a la Policía como a la Asamblea de Derechos Humanos, Girabel aseveró que “la mayoría me ha preguntado cómo se hace. Me han tocado situaciones de denuncias a policías y he intervenido en representación de Derechos Humanos. Hago lo que tengo que hacer y de acuerdo a la representación que llevo: si veo que hay policías que se excedieron en su proceder voy a actuar no sólo como jefe, sino bajo la mirada de Derechos Humanos. Estos últimos años se ha trabajado mucho, y que no suene como frase hecha. Ya cuando se la mandó, se la mandó mal y los otros lo reconocen. Jefatura al tener conocimiento de un hecho interviene, lo separa de las funciones, y hay muchos casos...”

“El apremio ilegal antes era algo medio como común; hay condenados, expulsados de la Policía y hasta detenidos. Pero en este último tiempo es más esporádico escuchar una denuncia. Más allá de que hay a veces denuncias en fiscalías y no te enterás, o no podés llegar a la víctima. No lo digo por defender a nadie, porque no lo voy a hacer, pero veo menos denuncias”, añadió.

La vocación

Sobre la actualidad de la fuerza policial, admitió que “hoy creo que la realidad no es tanto por vocación de servicio, es un tema de empleo, una salida laboral (...) Es real. Hay muchos policías que han ingresado y a los que no les ves nada más allá de cursos y capacitaciones. Pero esa gente no llega con el transcurso de los años. Va quedando en el camino. Se mandan una cagada, sumario y se fueron. Es la historia real de los que vienen a los tumbos y sin esa vocación. Ojalá no pasara que se afecte a un tercero”.

Acerca de su tarea en la alcaidía, Girabel apuntó que al personal “uno les va dando algunas clases de trato con los detenidos, que es el corazón de un sitio de encierro como es la alcaidía. Si no se dan los instructivos mínimos, que pasan por tratar bien a las personas, no hace falta una ley de 150 artículos. Algunos detenidos han cometido hechos aberrantes y cuesta dirigirse a ellos, pero de eso se trata para mantener un lugar tranquilo‘.

Respecto de los detenidos, consideró que “hay mucha gente detenida que es altamente capacitada para regenerarse en el sentido en que la sociedad lo estigmatiza. Otros lamentablemente lo tienen más complicado, por sus años y demás. Pero hay un alto grado de recuperación. Lamentablemente hay tantos chicos tan castigados desde chicos... la verdadera situación es una vida complicadísima, a veces no les queda otra que delinquir. Hay un margen de 18 a 27 años, por ejemplo, en que sufren necesidades. También hay personas que delinquen sin necesidades y delitos de guante blanco difíciles de imputar. Después de esa edad, es como que el preso se acobarda: ‘me cansó la reja’... aparecen responsabilidades, hijos, la posibilidad de un trabajo... después de esa edad se da que no quieren volver, lo piensan mucho más”.

Resocializar

Girabel defendió la posibilidad de que los detenidos trabajen con un sueldo no desechable, y la organización gremial del sector: “Yo lo veo positivo, desde ya, es una manera de resocializar y generar conciencia sobre trabajos y oficios. Desde la Asamblea hicimos un trabajo, pusimos 23 chicos a trabajar en el barrio San Cayetano, habían salido de la alcaidía y otras detenciones; trabajaron con la comisión, pintaron, arreglaron paredes... Y pensaba que otra gente nos iba a reprochar que les pagáramos una luca. Pero no tuvimos una queja. Para nada. Yo lo pensé y creía que nos iban a pegar con el tema, pero al contrario, en el segundo o tercer mes los vecinos les daban trabajos, de poda, en una panadería, y así... Fue genial. Después esta beca finalizó, pero fue una muy buena experiencia”.

Añadió, durante el programa radial “Salieris”, que “cuando (desde la población) se piden penas y demás, se estigmatiza, se condena socialmente, no pueden tener un certificado de antcedentes. Pide trabajo de albañil y ya no entra a trabajar. Ese tipo, con ganas de laburar, que a lo mejor ni terminó la primaria, no lo puede hacer. La mayoría de los presos son totalmente pobres. A veces los empujamos nosotros, la misma sociedad, a que delinca. De alguna manera es así, y encima no sabemos quién va a ser su víctima, que puede ser cualquiera. Lo llevamos a delinquir y somos tan incapaces de darnos cuenta de que la víctima somos nosotros”.

Sobre los responsables de delitos sexuales, tiene una mirada: “De acuerdo a lo que tengo con referencia científica, hay una cierta patología que lleva a reincidir. Hay mucha cantidad que reinciden, un 70 por ciento, en menor o en mayor escala de agresividad. Está de alguna manera comprobado. Y suele ser gente no muy pobre, casi que del medio para arriba. Hay que ampliar el trabajo profesional, en las libertades asistidas por ejemplo”.

Pero advirtió que “está complicado porque lamentablemente hubo delitos que no hubieran pasado si el cuerpo profesional hubiera intervenido”.

Cuestionó el papel de algunos medios de comunicación: “Hay cosas que pasan que a veces te dan miedo. A mí me da miedo, y menos mal que conozco lo que pasa... Si alguien ve esos programas que pasan las trompadas a la salida de un boliche del conurbano se cree que puede ocurrir acá. Realmente condiciona. Lo hacés tuyo. Y acá en Santa Rosa no quiere decir que no haya alguna pelea, pero no en ese grado; existen robos de un celular o alguna pelea, pero no semejante agresividad”.

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