Hasta ahora, Axel Kicillof hablaba de una “variación de precios”. Se negaba a mencionar la palabra inflación. Ayer selló ese giro para siempre: 3,7% es más que una variación, claramente se trata de inflación. Y de una alta. Fue un gesto valiente luego de años de negación. Pero, ¿ahora qué?
Ante esa situación, Kicillof replicó que la estrategia oficial seguirá siendo sólo una: acuerdos como los Precios Cuidados buscando que quienes remarcaron den marcha atrás con los ajustes. “ Estamos trabajando para que retrotraigan los precios”, dijo. Eso fue todo.
Podría agregarse puntos que no mencionó, como la fuerte suba de tasas de interés que realizó el Banco Central. O la devaluación del 18% del mes pasado, que licua los salarios pero mejora las cuentas fiscales. A la que acompañan con la intención de un tope para las paritarias, claro.
También podría hablarse del déficit del sector público, que casi equivale a los subsidios a la energía y el transporte. También en esa línea ha trabajado Kicillof, con el 66% de ajuste en los boletos de colectivo. Y podría profundizar en los próximos días con retoques en el costo de la electricidad y/o el gas. O se podría destacar que la inflación blanqueada es más de un tercio del aumento de 11% que darán en un semestre a los jubilados.
El sentido sigue siendo el mismo. El Gobierno alega que la inflación es culpa de empresarios especuladores, sin reconocer ninguna responsabilidad propia. En espejo, sólo hablan de sus gestos épicos en la pelea contra esos “antipatria”, sin mencionar el trabajo sucio del ajuste que están aplicando con disimulo.
Otro punto: el blanqueo de la inflación era reclamado por el FMI. El gesto de ayer deja al país más cerca de superar una revisión del organismo, lo que facilitaría un potencial acuerdo con el Club de París. Una gota más de ortodoxia y pragmatismo.

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