Por Adrián VenturaEs conveniente que la sociedad se pregunte cuál es el lugar que los políticos le asignan a la Justicia en la construcción de la sociedad y de la seguridad jurídica. Las soluciones existen. Pero la política debe tener voluntad de proponerlas.
También, la ministra de la Corte Elena Highton, que creó una oficina de asistencia a la víctima de violencia doméstica, presentó un Mapa de Acceso a la Justicia para que personas de todo el país, antes de recurrir a los tribunales, sepan que tienen a disposición oficinas de mediación y arbitraje en todo el país. La Corte misma está dando una muy buena señal de transparencia con la decisión de convocar a audiencias orales en las causas complejas.
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Pero la gente también mide a la Justicia con otro metro: su capacidad para castigar la corrupción política y, lo cierto, es que la impunidad está a la orden del día. Ningún escándalo de corrupción derivó, hasta ahora, en la condena de los culpables y tanto los sobornos del Senado como la valija de Antonini Wilson siguen sin explicación.
Para darles mayor independencia a los jueces, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires promueve un buen proyecto de ley -que merecería ser debatido en el Congreso- para corregir los vicios que profundizó la reforma impulsada en 2006 por la entonces senadora Cristina Kirchner:
* En ese proyecto se propone asignar la presidencia del Consejo a la Corte, cabeza del Poder Judicial.
* Eliminar el peso numérico que hoy tiene el sector político oficialista y dar mayor presencia a jueces y abogados.
* Crear una Escuela Judicial de excelencia, que imparta cursos de formación inicial y de perfeccionamiento, como existe en Francia o en Estados Unidos. En la Argentina, la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires organizó una muy sólida Maestría en Magistratura y hay otros programas en universidades privadas. Pero el Consejo de la Magistratura nunca creó una Escuela orgánica.


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