Los habitantes de Espigas anteponen la tranquilidad en la que viven a la falta de empleo, que es altísima. Así lo determina una investigación impulsada por el IIAO y la Universidad de Valencia. Buscan medir si hubo cambios sociales y culturales en el pueblo en las últimas cuatro décadas. El primer paso fue el censo. Y del informe parcial pasarán al análisis para finalmente hacer una publicación.
La población casi no varió desde 2001, cuando se realizó el último censo: hoy son 549 personas y hay una franja que emigra por cuestiones laborales pero después de los 60 años vuelve. El 37% trabaja en el campo, un 38% en comercios y servicios, y el dato llamativo es que haya un 25% de empleados estatales a pesar de ser una comunidad rural.
Los datos surgen de un censo realizado del 1 al 5 de febrero por 10 investigadores del grupo de investigación Avanzar sin Olvidar, en el marco del Programa Floreal Palanca de Investigación y Acción Social. La propuesta es parte de un acuerdo de colaboración asumido en diciembre del 2008 entre el Instituto de Investigaciones Antropológicas de Olavarría (IIAO) dependiente del gobierno municipal y el Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Valencia. La investigación se propone establecer y medir si hubo cambios sociales y culturales en la localidad durante las cuatro últimas décadas.
Sin trabajo
Inicialmente se realizó el relevamiento poblacional considerando la demografía, migraciones, el trabajo, viviendas, grupo habitacional, educación, salud y redes informales de contención social. Trabajaron en el censo Magdalena Iriberry, Verónica Dirgam, Natalia Cadiz, Alvaro Flores, Ana Olascuaga, Rocío Guillón, Inés Del Aguila, Fanny Sabatini León, Juan Pablo Matta y Evita Méndez Llorente.
Casi toda la población de Espigas vive en el casco urbano y la mayor concentración es de hogares con 1 a 3 habitantes, presentándose sólo 24 casos de grupo habitacional con padre, madre y dos hijos.
"Se detecta un alto nivel de desempleo y un bajo nivel de educación formal", sintetiza la antropóloga Magdalena Irriberry. Los datos indican una desocupación del 54% entre los 338 habitantes ubicados en la población potencialmente activa (de 16 a 60 años). La franja restante trabaja en la zona rural (19%); comercio y servicios (14%); empleado estatal (25%); cuentapropista rural (18%); y cuentapropista de comercio y servicio (24%).
"Llama la atención el empleo estatal por sobre las otras opciones por tratarse de una población ruralista", analiza la investigadora. Otro punto relevante es que un número importante de censados, activos pero sin ocupación, declara no buscar empleo. Por otra parte, observan que "muchos hombres se van por trabajo" de la localidad. Sobre un total de 184 personas que no trabajan, un 58% no busca empleo, hay 11 beneficiarios de planes sociales, 4 jubilados y 10 pensionados.
"Es llamativo que se mantiene la población. Es golondrina: se va por trabajo pero finalmente regresa. Hay un fuerte arraigo", destaca Iriberry.
En cuanto al nivel máximo de educación formal alcanzada, más de la mitad de la población no tiene los estudios secundarios y sólo un 12% los tiene completos. Espigas cuenta con cuatro instituciones públicas que cubren nivel inicial, primario y educación media desdoblada en la EEM Nº 4 Extensión Hinojo que ofrece la modalidad convencional de educación media y el CEPT Nº 8 (Centro Educativo para la Producción Total) que funciona como una modalidad alternativa de formación media.
Las condiciones de hábitat, vivienda e infraestructura registran una gran diversidad: hay casas completamente nuevas, otras reformadas y finalmente precarias. Mientras que la tenencia de las viviendas es mayoritariamente irregular, con casas prestadas o directamente ocupadas sin mediación contractual.
Un alto porcentaje dispone de agua corriente y electricidad; y la mayoría se calefacciona con gas envasado o leña. La falta de desagües provoca, durante las grandes lluvias, inundaciones sobre las calles no asfaltadas y aguas estancas. Por su parte el servicio de recolección de residuos se encuentra privatizado y sólo hay un recorrido por semana. Los desechos se depositan al costado de un camino de tierra situado en la "zona quintas", a "cielo abierto", constituyendo así una situación latente de riesgo para la salud de las personas que viven a su alrededor.
La mitad de la población tiene telefonía convencional aunque prolifera la telefonía móvil. "La característica es de Bolívar, no de Olavarría", agenda como dato color la antropóloga.
Los servicios de salud están cubiertos por un Hospital Municipal que dispone de 40 camas para internación, 36 de las cuales se encuentran ocupadas en forma permanente. No hay servicios de atención pediátrica ni de maternidad.
La localidad no dispone de servicios bancarios. Sin embargo, para los días de pago de los haberes jubilatorios existe un servicio denominado "Banco Móvil" que traslada un servicio bancario básico a la localidad permitiendo de esta forma a los jubilados cobrar sus haberes localmente.
Otro mundo
Los investigadores volverán en breve, para trabajar sobre algunas de las problemáticas detectadas y desde las propias necesidades que surjan de la comunidad. "Está definida como una población rural y del censo surge que todos rescatan que vivir en Espigas es vivir en el paraíso, aun dentro de la pobreza. Es lo que se resalta, ni siquiera el trabajo es fundamental sino la seguridad", observa Magdalena Iriberry.
De hecho, la gente prioriza que "aún teniendo lo básico viven tranquilos. Y reconocen que al ser un pueblo chico hay mecanismos sociales para captar extraños que puedan llegar con intención delictiva y actuar en red. Enseguida le avisan a la comisaría. Ni siquiera el trabajo pasa a ser una necesidad, ponen eso en primer término", concluye la investigadora que volverá con el equipo de trabajo a desmenuzar socialmente cómo transcurren los días a casi una hora de Olavarría, en medio de lo que los propios vecinos califican como un lugar paradisíaco.
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