El maestro Nano Balbo comparó la época de Cámpora con la actualidad. “Hoy en los medios aparece esto como una continuidad de aquello, y no es cierto. Pasa como con el extractivismo económico; al debate político se le extraen los argumentos y los fundamentos y todo queda en un discurso futbolero, como si fuera discutir Boca o River”.
Nano Balbo estuvo en Santa Rosa, para presentar la obra literaria de la que es protagonista: el libro “Un Maestro, una historia de lucha, una historia de vida”, que escribió Guillermo Saccomano para reflejar su trayectoria y su historia.
Nano Balbo fue víctima de la dictadura y lleva huellas imborrables: la tortura lo dejó sordo. Pero se comunica con una claridad conceptual extraordinaria.
Le tocó estar detenido en Rawson, con pampeanos como Raulito D’Atri y Santiago “Cholo” Covella. Nació en Pellegrini; y en los ‘70 fue coordinador de la CREAR (Campaña de Reactivación de la Educación del Adulto para la Reconstrucción). Tras su detención se exilió en Italia.
A su regreso, continuó su trabajo como educador enrolado en la militancia popular en la Comunidad Mapuche de Huncal, paraje de la provincia de Neuquén. Balbo dice que “la educación es un hecho eminentemente político”.
“Los cambios los generan las minorías”
Balbo explicó que este tipo de visitas al interior del país “son bastante habituales; cuando terminamos el libro con Saccomano, él dijo que se iba a meter en los lugares más insólitos, destinados a ocupar un lugar que no ocupa normalmente la literatura y tuvimos que adoptar el compromiso de acompañarlo. El libro hace una especie de ingeniería, un puente, establece un nexo que nos compromete a estar. El libro no tiene autores, la literatura como la música y las manifestaciones artísticas, precipitan en quien lo lee. El relato y la narración cobra vida en ese acto, cuando se lee”.
Aseveró que “ningún cambio social puede ocurrir si antes no se da un cambio cultural. Las mayorías no generan cambios, porque no los quieren. Las minorías son las que generan cambios. Pero nadie quiere ser minoría... y pasa en comisiones, sindicatos, centros de estudiantes...”, puso como ejemplo.
Al posar su mirada sobre el sistema educativo, durante una entrevista con www.radiokermes.com, evaluó: “es cierto que nunca se invirtió tanto, pero hacerlo a destiempo o en un lugar no necesario es una pérdida. Nuestro país no tiene una ley de educación desde la 1.420. Todos los intentos fueron leyes de escuela, y yo distingo con nitidez entre escuela y educación. La educación es abarcativa, contiene a la escuela, y sin embargo los hablamos como sínonimos”.
“Hoy la escuela no le sirve al chico, ni al padre, ni al maestro mal pago, en conflicto, en situación infrahumana de trabajo. Hay que invertir en la formación, pero no enciclopedista. Tengo que enseñar otra cosa. En broma le poeta Rafael Urretavizcaya dice que lo que hay que hacer con la escuela es cerrarla por 5 años, jubilar a todos los docentes y dar música, literatura, pintura, baile, para que los chicos recuperen la felicidad. Si el placer es un deseo satisfecho, ¿cómo es posible que aprender no produzca placer? Hay que repensar la educación, no la escuela”, insistió.
-Usted fue funcionario de Héctor Cámpora. Hoy, el gobierno nacional se presenta con un espíritu “setentista”. ¿Ve algunas similitudes en la esencia que vincule a esos dos procesos?
-Si contesto rápidamente, digo que no. En la década del ‘70 hubo una generación que irrumpió violentamente en la escena política. Pero para ello hubo un movimiento cultural previo. Yo fui coordinador de la CREAR. Pero fue posible porque antes Illia había hecho una. Se puede caer en un discurso épico que es hueco. La generación del ‘70 fracasó, nosotros fracasamos. Yo fui militante del peronismo de base y tengo que asumir que fracasamos. Tenemos desaparecidos, torturados, un país donde el terrorismo se filtra por algunos insterticios y el miedo se instaló en la sociedad. Nosotros peleamos por un mundo que no íbamos a ver, alguien que hace uso de la lucha armada pone en riesgo su vida. Hoy nadie hace nada si no saca un rédito inmediato, es una gran diferencia.
Cuando se habla del ‘70 se lo asocia con la lucha armada y queda en la nebulosa. Eso fue una herramienta, como es la huelga. Nadie discute las ideas de los pibes para agarrar un arma y poner en riesgo su vida. Hay como una especie de teoría de los dos demonios en contrario. Esa generación quería un hombre nuevo, parafraseando al Che Guevara. Venía con una mezcla cultural, con todo un movimiento, desde el mayo francés hasta la derrota de los yanquis en Vietnam, el triunfo de la Revolución Cubana, más la Teoría de la Liberación, el Concilio Vaticano II... a veces no se sabía si queríamos ser socialistas, queríamos ser primero un hombre nuevo, comprender que el hombre es un hermano. Esta reivindicación un poco rápida del setentismo no comprende el fracaso. Del fracaso puedo volver si aprendo. De la derrota no vuelvo más.
- ¿Cree que esa idea que tiene, de que ha fracasado la generación, está extendida entre los protagonistas de esa época?
-Sé que soy minoría, a nadie le gusta asumir el fracaso, es doloroso. Hoy en los medios aparece esto como una continuidad de aquello, y no es cierto. Podríamos ver infinitos datos, el PBI, la distribución de la riqueza, el número de trabajadores organizados en una sola central, podría ver los niveles de manifestaciones culturales que hoy fallan... si hablamos de literatura recurrimos a (Rodolfo) Walsh, Paco Urondo, (Juan) Gelman... Y sobre todo, se transforma la discusión política, como pasa con el extractivismo económico (el petróleo, la concepción que daña la tierra)... al debate político se le extraen los argumentos y los fundamentos y todo queda en un discurso futbolero, como si fuera discutir Boca o River. Y sólo nos ponemos de acuerdo en putear al referí. No hay blancos o negros, no hay cristinistas o anti-cristinistas... el negro y el blanco son la suma o la ausencia de infinidades de grises. La única unidad posible es la unidad de lo diverso y la única forma de hacer política es con el que no piensa como yo. Porque si pensáramos exactamente igual será aburrido e improductivo...
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