"Después de 54 años de hacer política me siento del otro lado del mostrador, con las necesidades, los reclamos y las inquietudes que tiene la gente: seguridad, salud, educación y que no nos metan la mano en el bolsillo ni nos mientan", dijo el reconocido dirigente radical a Sin Mordaza.
Sobre éste y otros temas, Luis "Changui" Cáceres se explayó luego en los estudios de Sin Mordaza Televisión.
La entrevista
SM: Usted realizó declaraciones fuertes en el acto de hoy en la Legislatura...
CC: Dije lo que pensaba, por un lado, que la historia vence al relato y que no podíamos olvidar que Alfonsín hizo campaña con el tema del juicio a la Junta y que cumplió a rajatabla lo que había planteado, teniendo en cuenta los niveles de responsabilidad. Por eso, cuando Alfonsín se fue, había más de doscientos militares de alta graduación condenados. La historia vence al relato porque no se puede olvidar que existía una CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), porque no se puede olvidar que existió ese juicio a la Junta que fue algo inédito en la vida de los pueblos. Esto se había hecho en contraposición a una campaña que había levantado el peronismo para esas elecciones del '83, con Ítalo Lúder que planteaba la pacificación del país a partir de dar por válida la auto amnistía que se habían dado los militares. Esto está en la historia, no lo puede ocultar el relato, como tampoco puede ocultar que posteriormente, esos más de doscientos militares condenados por delitos de lesa humanidad tuvieron el indulto cuando Menem llego al gobierno. Lo que yo hice fue una exhortación a todos los presentes. Yo soy un convencido en esta época de que para que las cosas sean posibles de realizar, el esfuerzo del conjunto tiene muchísimas más posibilidades que el esfuerzo individual. Por eso en el año 1968, cuando uno desde la juventud trataba de reconstruir al radicalismo joven, creamos la Junta Coordinadora Nacional de la Juventud Radical y se llamaba así porque veníamos de distintos movimientos internos, teníamos distintas historias, matices diferentes, lo que se hizo fue una mesa de coordinación, no hubo un presidente ni secretario general; recién en la segunda reunión de coordinadora por unanimidad salí secretario general yo. De la misma manera en que en la época de la resistencia uno buscó denominadores comunes, con gente que provenían de distintas fuerzas políticas. Por eso los jóvenes radicales de ese entonces integramos la CGT de los argentinos, que tenía como referencia a un sector del peronismo que combatía la dictadura cuya cabeza era Raimundo Ongaro. La izquierda con una cabeza que era Agustín Tosco y los radicales una cabeza que era el tradicional líder de los ferroviarios, Antonio Scipione. El poder de fuego mayor estaba en la juventud del movimiento universitario, que teníamos un objetivo común. Cuando llegamos a la campaña del '82, para las elecciones del '83, no es casual que desde la UCR se convoque a la unidad por una Argentina democrática. No es casual que Alfonsín terminara todos sus actos con el preámbulo de la Constitución Nacional. Tampoco fue casual que después del triunfo de Alfonsín y de la derrota de Luder, Alfonsín convocara al candidato perdedor y ofrecerle la cabeza de uno de los tres poderes del Estado: la presidencia de la Corte Suprema de Justicia. Y Lúder no aceptó. Siempre me pregunto qué hubiera pasado en caso contrario...A esta altura de los acontecimientos, mirto más los hechos que pasan desde un lado diferente del mostrador de donde estuve durante 54 años, es decir, haciendo política.
¿Qué anécdotas puede contarnos sobre aquellos momentos y el alzamiento carapintada, por ejemplo?
Cuando se dio al alzamiento fui a la Casa de Gobierno para hablar con el "Tati" (Vernet) y ver qué demonios hacíamos. Primero quería saber cuál era su posición, porque en Argentina cuando se da un alzamiento militar siempre algún grupo político aparecía por atrás...en esa época para hablar con el gobernador no se necesitaba una audiencia. Nos fuimos a Buenos Aires y nos pusimos al servicio de Alfonsín. Bajamos del helicóptero en una plazoleta frente a Casa de Gobierno, había militares acostados, aviones que pasaban, nosotros entramos y nos pusimos a disposición del presidente, quien dijo que la situación era muy complicada. Él sentía que debía preservar la vida de los argentinos y que iba a asumir los riesgos personales. Me pidió que me quedara, me dijo que no quería ninguna movilización porque eso podía terminar en una masacre. Yo lo escuché, luego me fui al Comité Nacional, hice una conferencia de prensa y convoqué a todo el mundo a la plaza, es decir, me desacaté una vez más, desde los riesgos que se corren a partir de la convicción de que había sido mucho el esfuerzo del pueblo argentino para lograr el retorno a la democracia y que todos nos teníamos que jugar si queríamos defender esa democracia. A la media hora se llenó la plaza, eran familias, no solo militantes. Creo que esa movilización jugó un papel muy importante en la actitud que después terminaron tomando los militares en el tema de la rendición, es lo que pienso.
¿Qué puede decirnos sobre la negociación?
No hubo negociación...me contaron exactamente lo mismo, Alfonsín cuando volvió, y Aldo Rico un tiempo después...no hubo acuerdo, hubo entrega de armas. Se habló mucho de que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final salieron de ahí, pero Rico me dijo que eso era mentira, falso, que nunca se conversó sobre ese tema. Fue parte del imaginario popular del momento y cómo instalaron la cuestión, pero no hubo nada de eso. El tema había sido que el planteamiento no era un alzamiento, sino que había reivindicaciones que tenían que ver con el Ejército. Estas leyes no solo estaban pensadas, estaban escritas antes del alzamiento, y salieron después para poner un corte. Todo estaba dentro de lo que Raúl había planteado en la campaña electoral y que había tomado como compromiso. El Ejército no es un club de fútbol, las Fuerzas Armadas tienen un nivel de escalonamiento y disciplina que es diferente, por eso habían terminado con condena, hasta ese momento, más de doscientos militares, el grupo que fue amnistiado por Menem después. Estas cosas tienen que ver con la realidad de la historia, y no hay relato que las pueda vencer.
En cierto modo creo que corrieron el riesgo al darme la palabra (en la Legislatura), porque después de 54 años de hacer política me siento del otro lado del mostrador, es decir, me siento con las necesidades, los reclamos y las inquietudes que tiene la gente. Lo que no iba a hacer es perder la posibilidad de tener a toda la dirigencia política ahí sentada, gobernador incluido, y no decirle lo que creo que es el sentir de 40 millones de argentinos. A esta altura pretendo seguridad para mi familia y no la veo, y es responsabilidad de todos lo que estaban ahí sentados, y de lo que no estaban, vengan del partido político que vengan. A ellos les reclamo, en nombre del conjunto de la sociedad, que nos garanticen la seguridad que no tenemos, y una lucha enserio contra el narcotráfico, que está haciendo destrozos en la juventud y en la sociedad argentina. Reclamo una educación de primer nivel para mis nietos, reclamo salud, reclamo que no nos metan la mano en el bolsillo con el impuesto a las ganancias, reclamo que nos paguen el 82% móvil, que pagan en la provincia pero no en el orden nacional. No queremos que nos metan la mano en el bolsillo y encima que se nos rían en la cara, uno no puede soportar que desde la racionalidad misma se plantee un crecimiento a tasa cero durante una década, un modelo teóricamente exportable y que simultáneamente mantengamos las leyes de emergencia económica. Si estamos como la mona, que lo digan. No puede ser que haya 1.700 millones de pesos para Fútbol para Todos, que nos metan la mano en la Caja del Anses, que nos digan que no hay para pagar el 82% móvil, pero sí hay para pagar los agujeros del Estado nacional porque, en definitiva, cuando te pagan una deuda lo hacen generándote otra. Pero te meten la mano en el banco Central o en el Anses, porque desde el momento en que sacan la plata saben que no la van a devolver. Dicen que no pueden pagar juicios, pero sí pueden pasar sumas fabulosas en materia de trenes o aerolíneas, cuando hoy antes de subirte a un tren tenés que rezar porque no sabés si volvés. Estas cosas son las que revientan. Que no me sigan diciendo que se puede comer con 6 mangos porque es agarrarnos de idiotas y a la gente no le gusta eso. Debe haber diálogo por encima de las banderas políticas, empujen la carretilla simultáneamente. A los argentinos nos interesa tener seguridad, trabajo, contención de la inflación, educación y salud, y este tipo de cosas hay que hacerlas juntos. Asuman el tema de la unidad nacional y llévense un pedacito de gloria por habernos dado tranquilidad.

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