Hubo largas colas desde el amanecer; imprimirán otros dos millones de copias
"Deberían haber previsto más cantidad, no damos abasto", dijo ayer un quiosquero parisino que no salía de su asombro cuando vio su negocio casi tomado por asalto desde la madrugada por clientes que le reclamaban la edición histórica de Charlie Hebdo, hecha por los sobrevivientes del atentado.
En toda Francia se repitió la misma escena: vendedores de diarios desbordados por la demanda, ante clientes decepcionados por no haber podido comprar el semanario, a pesar de que se imprimieron tres millones de ejemplares.
En algunos casos, algunos llegaron a las manos para obtener el número excepcional, con Mahoma llorando en la tapa.
"No había visto algo así en mi vida. Unas 60 personas que hacían cola antes ya de que abriéramos, a las 6. Y no eran clientes habituales", contó Marie-Claire, gerente de un quiosco de la estación ferroviaria parisina de Saint-Lazare.
"Tenía un centenar de ejemplares; se vendieron todos en un cuarto de hora", dijo Majida Danadi, propietario de un quiosco situado cerca de la sede de Charlie Hebdo, donde se produjo el ataque que dejó 12 muertos la semana pasada. "La gente lo compra para apoyar a la revista. Muchos piensan también que será un número de colección", señaló Danadi.
Para responder a esa demanda masiva, la distribuidora decidió aumentar el tiraje, ya excepcional, de tres a cinco millones de ejemplares. La venta, prevista también en varios países extranjeros traducida en hasta 16 idiomas, se mantendrá en Francia durante ocho semanas.
Pese al anuncio de la distribuidora, en Internet el precio del último número del semanario (de tres euros) se disparó. Algunos usuarios llegaron a pedir por él hasta 2800 euros.
El interés de los usuarios se extendió también a números anteriores, como el que sacó la semana pasada en portada al polémico escritor Michel Houellebecq, con una caricatura firmada por el director de la publicación, Stéphane Charbonnier, que resultó premonitoria. Convertido en símbolo de la libertad de expresión, el último número de Charlie Hebdo fue reclamado en todas partes, incluso en los barrios en los que antes no encontraba compradores.
Empleados del Georges V, un lujoso hotel próximo a los Campos Elíseos, manifestaban a las 8 su preocupación porque no habían recibido el pedido de 50 ejemplares.
"Habitualmente no lo vendo, así que no me lo entregan más", se quejaba un comerciante del elegante distrito XVI. Como muchos de sus colegas franceses, debió poner en la puerta un cartel: "No hay más Charlie".
Ante la situación, algunos que lograron comprar el número mostraron su foto en las redes sociales con el semanario en las manos. "¡Lo tengo! Después de recorrer siete locales", exclamó un usuario. "Lo compré porque hay que apoyar a la libertad de expresión", dijo otro.
Otros compraron el semanario pese a que desaprobaron su portada. "Soy musulmán practicante y creo que tiene que haber límites" a la libertad de expresión, dijo Farez, mientras cubría con la mano la caricatura de Mahoma. "Pero igual lo compré", agregó..
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