Mientras se informó que podrían demorar hasta dos meses para la recuperación del barco, en un centro de información surcoreano varias personas increparon a un socorrista y uno intentó ahorcar a un oficial de la guardia.
Menos de una hora después, la reunión se salió de control. Unas cuantas decenas de familiares que estaban sentados en el piso del gimnasio se levantaron y se acercaron a la tarima, preguntando desesperadamente a los funcionarios, que guardaban silencio, con la cabeza gacha. Un hombre trató de ahorcar a un teniente de la guardia costera y golpear a un policía marino.
Sus reacciones muestran que los familiares de unos 270 desaparecidos están cada vez más exasperados y desconfiados de las autoridades surcoreanas, en parte por la confusión, pasos en falso y la percepción de que actúan con lentitud. Durante días han sufrido el estado de shock, miedo e incertidumbre. Por momentos se vieron alentados por el surgimiento de ideas sobre maneras de encontrar posibles supervivientes, cambios en la cifra de muertes y el número de desaparecidos –incluso rumores de contactos con sus familiares atrapados– sólo para terminar decepcionados.
El estado de ánimo en el gimnasio, situado en la isla de Jindo, donde cientos de familiares esperan información sobre sus seres queridos, es de una calma sombría. Las personas murmuran entre sí o se sientan en silencio. Miran pantallas con imágenes pixeladas de los buques y balsas de rescate, así como boyas amarillas meneándose en el mar. Algunos familiares se mantienen ocupados doblando mantas u ordenando los espacios donde están viviendo. Otros caminan con la mirada aturdida o llorando en los brazos de un amigo.
Están recibiendo todo tipo de ayuda. Hay voluntarios que establecieron estaciones de carga para celulares o distribuyen alimentos y bebidas. Personas entrenadas en primeros auxilios cuidan de quienes colapsaron por el cansancio y el dolor, colocándoles bolsas de glucosa para goteo intravenoso. La policía levantó una carpa donde algunos familiares dieron muestras de ADN, por si se hace necesario identificar a los cadáveres.
Las semillas de la desconfianza quedaron sembradas desde el miércoles, cuando el transbordador se hundió con 476 personas a bordo, 323 de ellos de una sola escuela secundaria de Ansan. Un total de 32 cadáveres fueron recuperados y 174 personas sobrevivieron al desastre.
Inicialmente, la escuela envió mensajes de texto a los padres para informarles que todos los estudiantes habían sido rescatados. Lee Byung-soo, cuyo hijo viajaba en el ferry, recibió el texto con alivio. Llamó a la policía marítima y preguntó si había suficientes chalecos salvavidas para todos los alumnos y si el agua estaba muy fría. La respuesta, cuenta, lo confundió.
"Me dijeron que todos los estudiantes llevaban chalecos salvavidas. Cuando pregunté más, dijeron que me enteraría durante una sesión informativa posterior", aseguró Lee, un conductor de camiones. Sólo cuando llegó al gimnasio se dio cuenta de que su hijo, de 15 años, Lee Seok-joon, no se había salvado. "Tuve que comprobar cada retrato de los estudiantes rescatados antes de darme cuenta de que él no estaba allí", recordó. "Los estudiantes fueron asesinados, porque los tripulantes, los maestros y otros adultos les dijeron que se agacharan y que se quedaran en las cabinas", dijo Lee, con lágrimas en los ojos.
El capitán del barco, arrestado con otros miembros de la tripulación, fue fustigado por haber esperado unos 30 minutos antes de ordenar la evacuación. Para entonces, el barco se había inclinado tanto que muchos no pudieron escapar. Los familiares también están enojados por con el gobierno. "Sé que esta ha sido una situación muy difícil", dijo Lee Jong-eui, un hombre de negocios cuyo sobrino de 17 años está desaparecido. "¿Pero no se supone que la gente debe confiar en el gobierno? El gobierno debería haberse apresurado y hecho algo, pero acabó desperdiciando cuatro días, que nos han llevado a este punto. Creo que esto es más bien un desastre por fallas humanas."
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