La Fundación GENAP celebra hoy 9 años de trabajo

GENAP tiene sede física, la de Gutiérrez 170 con sus días y horarios de atención establecidos , y una inmensa sede intangible que se esconde en el teléfono celular que los del equipo de profesionales se pasan de mano en mano para tenerlo abierto a toda hora, todos los días del año.
Porque además de las entrevistas pautadas, el agravamiento de un síntoma, “la cabeza que me da vueltas”,el miedo, la incertidumbre, la real gravedad por las que atraviesa un enfermo no reconoce francos, ni feriados, ni horarios. Entonces el celular es el puente entre la angustia del que sufre en la carne y en el alma y la palabra serena, el oído atento de los del equipo. Tal vez el momento termine ahí o se prolongue en una visita a la casa del paciente.

Hay pacientes que hace años que van a GENAP, concurren a los talleres, trasmiten su experiencia. Experiencia que se puede resumir en frases muy claras, poco científicas. De cáncer se puede morir como se puede morir de neumonía o del corazón. También se puede vivir con él. Y después de él, porque ha sido derrotado.

Todo eso se maneja en el mundo GENAP, ese mundo que hoy pone primera rumbo a la primera década de vida.

La realidad

Al lado de estas epopeyas domésticas en las que lidian el dolor y el amor, está la otra parte. Contundentemente práctica: el sostenimiento.

GENAP no recibe ningún aporte estatal. La Fundación es la encargada de conseguir –por los mil caminos que trazan el ingenio y el empeño- los fondos necesarios para los gastos fijos, los imprevistos, la monacal remuneración de los profesionales.

GENAP no cobra un centavo a nadie. Se mantiene con socios, rifas, espectáculos, donaciones que no tienen ninguna prensa.

Porque se ha de recordar

para hacer bien el trabajo,

que el fuego, pa calentar,

debe ir siempre por abajo.

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