Desde la comuna dicen que realizaron controles e intimaron a la empresa. Nuevas emanaciones de barros tóxicos alarman a vecinos. Más de 70 años de producción contaminante. Hay denuncias y pruebas en la justicia.
Parece que las emanaciones más fuertes de los últimos tiempos (siempre las hay) se dieron este lunes. Entonces los vecinos comenzaron a hacer oír sus quejas. Llamaron a las radios de FM locales, cansados. Luego el tema fue reflejado por los diarios de la ciudad de Mercedes, La Hora y El Oeste.
Un dato que llama la atención con el crecimiento de la empresa –sindicada como una de las responsables de la contaminación del río Luján por desvíos de efluentes químicos por el canal a cielo abierto de calle 16– es que no para de comprar terrenos linderos con el objetivo de avanzar con la construcción de galpones. Se agranda. Empero, no se resuelve la situación judicial más allá de que se realizaron sucesivas pericias con intervención de la Justicia Federal y de que estaría determinada la responsabilidad en la contaminación del medio ambiente.
En tanto, las penurias siguen para los empleados que trabajan con elementos contaminantes y poca protección, algunos en un sector de piletones con olores irrespirables, y que incluso deben llevarse la ropa de trabajo a lavar a sus casas. Sus esposas recibirían de esta manera una parte de la contaminación.
Dentro de la planta los gases provocarían en algunos trabajadores alergias y hasta quemazones en la piel. En la empresa trabajan bajo las normas ISO 14001 Gestión Ambiental e ISO 9001 Gestión de Calidad, y tienen atención en la Higiene del Personal, con un departamento a su cuidado, sin embargo en este caso –de idéntica manera a lo que sucede con la planta de tratamiento de efluentes– parece que no serviría de mucho. Además se cuenta que en Magromer le escatimarían a los obreros elementos de seguridad como guantes y la provisión de delantales o botas (en constante desgaste) sería inadecuada.
La firma de la familia Grozovsky por más de 70 años ha estado exportando su producción de pieles y cueros, desde la Argentina al mundo, y en diferentes formas la contaminación que genera el proceso del curtido ha sido cuestionada, denunciada, discutida y comprobada.
Este lunes las emanaciones de gases no determinados y que se cree tóxicos en todo el barrio suman un capítulo más en una historia circular que gira sobre un eje basado en el materialismo del dinero, motor de un mundo enfermo y que necesita un cambio de hábitos para volver a su equilibrio.
En cuanto al consumo de recursos naturales, Magromer extrae, por ejemplo, más de un millón de litros de agua por día de una napa de por sí deprimida y que es depredada por un conjunto de empresas en la ciudad (Lamar, Guilford, Karavell, Effem, Aceros Borroni, entre otras), que generalmente devuelven ese vital elemento al medio ambiente degradado en su calidad biológica.
Magromer junto a Curtarsa (otra mega curtiembre de la zona, ubicada en la localidad de Jáuregui, y que también vuelca líquidos al río Luján) han sido denunciadas por la ONG Justicia Ambiental por su impacto ambiental conforme las previsiones del Artículo 41 de la Constitución Nacional y de la ley 25.675 que lo reglamenta.
http://www.noticiasmercedinas.com/100120magromer.htm
Comentá la nota