Fuerte caída de las exportaciones y de las importaciones de China

Fuerte caída de las exportaciones y de las importaciones de China

El gigante asiático. Una economía en problemas: la venta de productos se desplomó en febrero 25,6% en comparación con 2015. Y compró un 13,8% menos.

China continúa su complicado camino a “la nueva normalidad”, como dice el eslogan preferido del presidente Xi Jinping, quien apunta a un crecimiento más bajo y cambios estructurales para un desarrollo más sustentable. Otro dato contribuyó ayer a confirmar la tendencia de esta evolución de la economía del gigante asiático: China sufrió el pasado febrero el mayor desplome de sus exportaciones desde el pasado mes de septiembre de 2009. Asimismo, las importaciones bajaron un 13,8%, un dato que es importante porque significa que China compra menos de países que exportan mucho hacía el gigante asiático, como Argentina. 

En cuanto al valor de las exportaciones de la primera potencia comercial del planeta, se desplomó un 25,6% interanual y marcó su séptimo mes consecutivo de declive, mientras que la disminución de las importaciones fue su decimoquinto mes.

La cifra, si bien está distorsionada por los festejos del Año Nuevo Lunar -que se celebró el mes pasado y supuso el cierre temporal de miles de fábricas por vacaciones-, muestra que la demanda de productos chinos en el resto del mundo no logra repuntar. El descenso sorprendió a los analistas, que esperaban una caída menor, y que interpretaron los datos a la luz de la debilidad de la demanda mundial y la profundización de la ralentización económica de China.

Pero el “aterrizaje forzoso” al que se dirige la economía China -según la definición del gurú de la finanza George Soros- no se termina con una baja de las exportaciones.

También el superávit comercial chino se redujo un 43,3% interanual en febrero, marcando el excedente más bajo en la balanza comercial de la segunda economía mundial desde marzo de 2015.

Todos estos datos, reforzaron en los analistas la idea de que el país asiático no cumplirá con el objetivo de lograr un crecimiento económico de entre un 6,5 y un 7 % este año (los datos sobre el crecimiento chino están cuestionados desde hace tiempo, al punto que en enero fue corrido de su puesto el jefe de la Oficina Nacional de estadísticas).

Pero a los malos números en el comercio, se suman además otros problemas. 

El primero es la baja de la industria, con el sector manufacturero en recesión durante los últimos siete meses y con el anunciado despido, el mes pasado, de casi 2 millones de trabajadores de la industria del acero y el carbón.

El otro, es el aumento del endeudamiento, que para China podría ser un arma de doble filo porque si por un lado debería ayudar al crecimiento en los próximos meses, por otro dispara el riesgo de impagos (solo de diciembre de 2014 a diciembre de 2015 la morosidad aumentó más de 50%).

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Sin embargo, para los analistas las malas noticias podrían tener un importante efecto positivo: reforzar el compromiso de Beijing para sostener el crecimiento y a la vez acelerar la reconversión del sistema productivo, como confirmado en el recién presentado plan quinquenal para el periodo 2016-2020.

El plan tiene entre los objetivos hacer que el sector de los servicios represente en 2020 el 56% del PBI, desde el 50,5% de 2015. Esta reconversión apunta a transformar una economía dependiente de las inversiones a otra de servicios. En otras palabras, China dejará de ser la “fábrica del mundo”, yendo hacía un modelo más equilibrado, basado en el consumo interno y menos dependiente de la coyuntura internacional.

Para lograrlo, los dirigentes chinos buscan aumentar la clase media desde los actuales 100 millones a más de 700 millones en la próxima década.

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