Salem el Ejla está grande y cansado. Hace ocho meses, vivía en este barrio gazatí de Shujaiya en una casa de cuatro pisos junto a 40 familiares. Hoy duerme entre las ruinas de la casa, solo y en un ranchito de chapa, esperando que la ONU o el gobierno de Gaza vengan a devolverle la vida que tenía, que perdió en un solo día.
El desesperado presente de el Ejla es el de otras 100.000 personas, como mínimo, a lo largo y ancho de la Franja de Gaza, este estrecho territorio palestino que a mediados de 2014 fue largamente devastado por una ofensiva militar israelí que dejó unos 2.100 muertos y dos millones de toneladas de escombros.
Pese a la evidente urgencia, seis meses después de que la comunidad internacional se comprometiera a reparar los daños, la reconstrucción de Gaza ni siquiera ha comenzado, jaqueada por intereses políticos y trabas burocráticas que están caldeando los ánimos y arrastrando a la región al borde de un nuevo estallido.
Majed el-Bayed, Jefe de Oficina del Área de Gaza del organismo de la ONU para los refugiados palestinos.
Majed el-Bayed, Jefe de Oficina del Área de Gaza del organismo de la ONU para los refugiados palestinos.
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"Todavía estamos en crisis. Y las cosas podrían empeorar de un momento a otro; uno no puede controlar a las masas, y 100.000 personas pueden arrastrar a otras 100.000", advirtió el jefe para Gaza del organismo de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), Majed el Bayed, al recibir a Télam en su oficina.
Con apenas 385 kilómetros cuadrados, Gaza es una región con la que se han ensañado la violencia y la pobreza.
Gobernada por el movimiento islamista Hamas, estuvo bajo ocupación militar y colonización israelí durante 38 años, de 1967 a 2005, y sufrió tres ofensivas del Ejército de Israel, uno de los más poderosos del mundo, en los últimos seis años.
Tiene 1,8 millones de habitantes, y el 80% de las familias vive bajo el umbral la pobreza, según estadísticas oficiales palestinas que datan de 2008. En 2010, la ONU estimó el desempleo en 40%.
Está bajo bloqueo terrestre y naval de Israel y terrestre de Egipto desde que Hamas tomó el poder, en 2007. Literalmente, nadie entra ni nadie sale; nadie puede escapar.
Su único aeropuerto fue destruido en 2001 en un ataque de Israel, que hoy controla además el espacio aéreo gazatí.
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